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Santiago Sánchez Murugarren - Viernes, 28 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Las noticias antes eran casos notorios, un accidente, una muerte repentina, entre las malas;el nacimiento de un hijo, un nieto, la lotería... Cuando una cosa se repite con asiduidad pasa a ser normal. Lo noticiable ha pasado a ser normal, lo que da una medida de la situación. Hemos pasado de lo sorprendente a lo cotidiano y nuestra capacidad de sorpresa ha quedado totalmente anulada.

Cuando uno lee la prensa o escucha los noticiarios se sorprende de que haya casos, por cierto tan corrientes, como socorrer a un herido, ver personas que trabajan para otros, poniendo incluso su honestidad en entredicho -por aquello de que por algo lo harán-, observar fotos o vídeos de circunstancias que, no sé por qué, se denominan sucesos trágicos, advenidos por el azar, pues porque sí, cuando, creámoslo o no, son cotidianos: las muertes de los inmigrantes, la pobreza de los pueblos, el maltrato por ley de mujeres y un etcétera muy amplio y por ello de un alcance ridículo.

Con referencia a otros aconteceres que todos sabemos su origen, al que disfrazamos de humanidad, las guerras mismo, nos piden pan y mandamos balas, y muchos países humanitarios se forran con su ayuda filántropa, descargando trigo, leche en polvo, víveres, ayuda humanitaria sobre cadáveres.

Descargamos nuestra conciencia con el día de la mujer, con el día de la infancia, con emisarios de la Unicef, y mañana más de lo mismo. Pedir perdón para al día siguiente cometer idénticos pecados es una hipocresía que de tan manida a llegado a ser una virtud.

El que roba poco es considerado tonto por no haberlo hecho mejor teniendo posibilidades para llevarse más. Es más, se envalentonan manifestando que lo han hecho en beneficio de la sociedad. El peligro está que nos estamos acostumbrando a que esto sea la norma.

¡Cuidado con el que da consejos! Seguro que lo hace por experiencia y amedrentan a quienes pueden entrar en un terreno en el que les pueden hacer competencia.

Esto es un suma y sigue.