Ikusi makusi

Ladrones de optimismo

Por Alicia Ezker - Viernes, 28 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Cada vez que nos enfrentamos a la noticia de la muerte repentina de algún familiar, amigo o conocido, esas pérdidas brutales que te dejan sin rumbo, nos repetimos una y otra vez, entre quienes seguimos la ruta, que tenemos que aprovechar la vida, tratar de vivir intensamente cada día, disfrutar de las pequeñas cosas, alegrarnos por las satisfacciones y buenos momentos y no enzarzarnos en lo negativo. Reír más y discutir menos, compartir en lugar de acumular, transitar por el lado positivo de la vida en vez de quedarnos enganchados al pesimismo, incluso cuando las cosas vienen mal dadas. Pero no siempre es fácil. Porque es verdad que a veces las cosas vienen realmente mal dadas y entonces es difícil sortear ese destino que como un ladrón te roba el optimismo. Igual que un día estamos felices en nuestra realidad y al día siguiente podemos no estar por un accidente o una enfermedad, en la sociedad actual cada día cientos de personas ven truncadas sus expectativas y se enfrentan a cambios bruscos que les convierten en lo que no eran, que les hacen pasar de ser ciudadanos a indigentes. Una persona puede llevar una vida normal, entendiendo por normal tener un trabajo y un buen entorno social y familiar, y de pronto verse perdido. Conocemos a diario el caso de gente que en la edad adulta ha acabado viviendo en la calle por un círculo que se cierra siempre en falso. La perdida de trabajo, la desestructuración familiar, los problemas con las deudas, el alcohol como refugio a la soledad no deseada, la perdida de la vivienda, el rechazo social, ... Situaciones que llevan a cualquier persona a una situación de vulnerabilidad de la que es casi imposible salir solo, sin el apoyo de las políticas sociales y los recursos públicos para ayudarles a reconstruir su espacio vital. Por eso es importante programas como el Housing first, la vivienda primero, al que se ha sumado Navarra, porque empiezan por el final, por ofrecer un techo a quien no lo tiene para que desde el calor de su hogar puedan desandar el círculo de la pobreza. Si realmente entendemos el acceso a la vivienda como un derecho humano fundamental hay que apostar por ello. Porque aunque las estadísticas sitúen a Navarra como una de las regiones con menor indice de pobreza, la hay, y la vemos en nuestro entorno cada día, cuando pasamos por delante de una persona que vive en la calle, en un banco, en un cajero, debajo de un puente... una situación no deseada por nadie y que por desgracia va en aumento.