Editorial de diario de noticias

El fondo antes que la forma

La sucesión de casos de corrupción que afectan al PP, al Gobierno de Rajoy y a altas instancias del Estado muestran un estado excepcional en democracia que exige, más allá de partidismos o intereses personales, priorizar la ética política

Viernes, 28 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

es innegable que los cientos de casos de corrupción que afectan directamente al PP, con casi un millar de cargos públicos implicados y su extensión a todos los niveles administrativos e institucionales, provocan una situación de grave crisis e incluso un estado excepcional en democracia, como señalaba ayer Pablo Iglesias al anunciar una moción de censura contra el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy. Si la actitud indolente de Rajoy al afrontar la sucesión de tramas corruptas en el seno de su partido que eran investigadas por la justicia se antojaba ya motivo suficiente para cuestionar su continuidad al frente del Ejecutivo -más aún sin una mayoría propia en el Congreso-, los ya nada soterrados intentos de control por el Gobierno de la actividad judicial en torno a los mismos convierten en urgente una desinfección del sistema que no puede dirigir quien, como Rajoy, ha fomentado por omisión y por acción la extensión de la podredumbre. Efectivamente, hay motivos, más que suficientes, para una moción de censura que acabe con el estado de herrumbre del Estado. O para que el propio Rajoy ponga su cargo a disposición del Congreso en una moción de confianza. Es cuestión de priorizar la ética política a los intereses partidistas. Y es cierto que las formas usadas por Iglesias pueden ser criticables precisamente por anteponer los intereses políticos de Unidos Podemos -situar de nuevo a la Gestora del PSOE ante su propia contradicción de ser el sostén político básico de Rajoy-, al objetivo final de impedir que un PP cercado por la corrupción siga controlando áreas claves de las estructuras del Estado, desde el Gobierno a la Justicia. Pero, al mismo tiempo, el debate político de las formas sobre la moción de censura tampoco puede anular el fondo de sus objetivos: dar un respiro democrático a un Estado que muestra cada semana señales de una decadencia imparable. La moción de censura, más allá de las pugnas políticas entre los partidos o del afán de protagonismo de unos u otros, es el instrumento básico para cambiar el Gobierno o para convocar a los ciudadanos a las urnas ante la tempestad de corrupción que se reproduce cada semana y que alcanza a cada vez más altas instancias del Gobierno y del Estado. La situación actual, con los Presupuestos de este 2017 en el aire, es la peor de las formas en que se puede continuar. El problema fue precisamente permitir la continuidad de un Gobierno en minoría con un presidente Rajoy y un partido, el PP, que ya estaban cercados, y se sabía, por la corrupción.

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