Derrota, descenso y agravio

Manuel Fernández López - Sábado, 29 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Ya está Osasuna a punto de terminar la temporada más nefasta que se recuerda en Primera división en su larga historia. Ya es, matemáticamente, equipo de Segunda. Los aficionados, a pesar de los resultados continuamente adversos que hemos soportado a lo largo de toda la temporada, nos aferrábamos a la utopía de la salvación como en otras ocasiones se ha conseguido con partidos épicos, pero el miércoles pasado nos ha devuelto a la realidad tras el partido disputado ante el Fútbol Club Barcelona con el resultado favorable a los locales de 7 a 1. Nada que objetar al resultado, pero quisiera hacer unas consideraciones.

Seguramente que el desencanto, abatimiento y tristeza que sufrimos los aficionados es compartido por todos y cada uno de los componentes de la plantilla, pero los que no estuvimos en el Camp Nou no tuvimos que soportar in situ el comportamiento de Goliat ante David, como sí lo aguantaron con estoicismo los jugadores y escasos seguidores osasunistas presentes en el campo.

Era, como digo, David frente a Goliat y en casa de éste, y no hacía falta ensañarse de esa manera, hubiera valido con dos o tres goles ya que durante todo el partido Osasuna era ya equipo de Segunda. Sin embargo, no metieron más goles porque no pudieron, poniendo la guinda con el lanzamiento del penalti, que de modo burlón, grotesco, jaleado por jugadores y técnicos locales, vieron cómo un futbolista que lleva en la plantilla siete años sin marcar un solo gol, lo hacía de penalti, tal vez sin darse cuenta que quien lo lanzaba también era objeto de burla implícita entre sus mismos compañeros.

Los valores de los que tanto se presume hay que mostrarlos en ocasiones como ésta.

Para más inri, no se puede dejar de destacar la actuación de un navarro, a la sazón técnico del club, que, oprimido por la tristeza de ver a su equipo, al equipo de su tierra, el equipo que le abrió las puertas a su vida deportiva de élite, no tuvo otra cosa que hacer que festejar y jalear la actuación de sus pupilos ante un equipo mermado moralmente y en unas condiciones infinitamente inferiores a las de su adversario.

Claro que volveremos, y tal vez antes de lo que pensamos, y como somos así de especiales, volveremos a enfrentarnos con los culés y les daremos toda clase de parabienes en detrimento de clubes que se han portado con Osasuna de manera exquisita, cediendo jugadores y manteniendo una relación envidiable. Aúpa Osasuna.