A la contra

Diferencias

Por Jorge Nagore - Sábado, 29 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

El jueves estaba un joven bilbaíno leyendo la prensa en un terraza de Bilbao, se acercó un tipo con acento andaluz llamándole ¡Gabilondo!, le tiró una cerveza encima, le dio una hostia con la mano izquierda, le dijo ¡proetarra!, le dio una patada y el joven se escabulló como pudo, mientras la escena era grabada por un amigo del agresor y otro la contemplaba. El vídeo, que fue pasado vía Whatsapp a grupos de seguidores del Betis -el Betis jugaba en Bilbao esa noche-, rápidamente llegó a las redes sociales y, tras la indignación y la petición de miles de personas, agresor y acompañantes fueron localizados por la Ertzaintza y, según se cuenta, protegidos de ser ellos igualmente agredidos. El agredido no puso denuncia y ha tenido que ser la Ertzaintza la que ha actuado de oficio por “presunto delito de trato degradante a un particular”, ante lo cual al agresor -al parecer un peligroso ultraderechista- y compañía les pueden caer entre 6 meses y dos años de cárcel por una acción asquerosa, lamentable y por la que parece ser que al menos tendrán que hacer frente a la justicia. Si esta agresión se produce en Sevilla, el agresor es un impresentable bilbaíno que ahostia a un sevillano llamándole Povedilla y preguntándole a ver si es “txakurra” o cualquier gilipollez, el vídeo abre los telediarios nacionales, es colocado en las cabeceras de las webs de los principales medios digitales, encabeza tertulias de radio y televisión y para las 24 horas sabemos la vida y milagros del agresor, de sus sobrinos, amigos y de la familia entera, amén de que el caso igual se encuentra ya traspasado a la Audiencia Nacional calificado de terrorismo o a saber si de genocidio contra la humanidad. La diferenciación mediática y judicial entre idénticas actuaciones impresentables y punibles es algo que conocemos todos, incluido el que el jueves iba por Bilbao gritando Gabilondo.