Mesa de Redacción

Osasuna no se ha acabado, que nadie lo acabe

Por Joseba Santamaria - Sábado, 29 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Consumado el descenso de Osasuna a falta de cuatro jornadas para acabar la Liga, es tiempo de reflexión. Es cierto que no hay una sola causa ni solo un responsable en el relato de lo sucedido, pero sí hay una responsabilidad máxima en todo lo ocurrido desde el ascenso a Primera y tiene nombres y apellidos: la de la junta directiva de Sabalza. Aunque a nadie se le escapa que no ha sido igual el compromiso y el discurso de unos directivos y el de otros, la responsabilidad de las desastrosas decisiones es colegiada. No solo por el errático baile de entrenadores como alega ahora Sabalza para desviar la atención a una única parte de lo sucedido estos meses en el club, sino sobre todo porque esa sucesión de cambios tiene su origen en el giro total que la directiva da al proyecto original de Osasuna con la llegada de Fran Canal y más aún tras el ascenso. Ahí empieza todo a rodar en una frenética cuesta abajo que se acelera una y otra vez conforme a una decisión fallida le sucedía otra peor. La burda salida de Martín es, en ese sentido, el paradigma. Martín, como cualquier entrenador deportivo de elite, está sujeto al éxito o el fracaso de los resultados. Pero no fue ése el motivo de su despido. A Martín le echan de Osasuna Sabalza y Canal cuando todas las espadas están aún en alto -y el devenir posterior de la Liga confirma que fue un error-, porque su proyecto y, sobre todo su discurso, no casaban en absoluto con los intereses de ambos dirigentes. Y ése sigue siendo el problema actual de Osasuna: que planificar el proyecto para Segunda exige un análisis previo de la filosofía de club con la que se quiere acometer el futuro. Y por mucho que se empeñe Sabalza en ganar el tiempo que le dio la asamblea de socios al aplazar las elecciones hasta octubre en una decisión incomprensible, la realidad de los hechos y sus pésimas consecuencias deportivas le inhabilitan para asumir la responsabilidad de esa planificación. Osasuna necesita reflexionar y reencontrar su propio espacio como sociedad deportiva con los valores que le hacen ser lo que son en este complejo y cada vez más asilvestrado fútbol español. Porque que nadie se engañe: sigue planeando en todo lo ocurrido este año en Osasuna la sombra de la ambición de Tebas y sus secuaces de su conversión en sociedad anónima. Es ya la última pieza de caza a la que pueden aspirar para vender a cualquier inversor multimillonario -a Vasi se le escapó hablar de un chino con 50 millones-, porque ni Madrid, ni Barcelona ni Athletic están a su alcance. Osasuna necesita planificar su futuro deportivo y económico en función de esa reflexión, pero difícilmente pueden liderar ese proceso quienes han sido los máximos responsables del fiasco -directivos, empleados y muñidores en la sombra-, de esta temporada. Osasuna necesita nuevas referencias deportivas y de gestión, pero también exige salidas al máximo nivel. Aplazar todo ello hasta octubre y llegar a las elecciones con las decisiones ya tomadas por quienes han anunciado su renuncia a seguir -y que ya no pueden seguir aunque lo pretendan disimuladamente por la puerta de atrás-, es un nuevo error. E insistir en el error no tiene sentido. Osasuna no se ha acabado y se trata de que nadie lo acabe. Seguirá ahí, como siempre. Y volverá, claro, como siempre. Itzuliko gara!