Danza

Parche, hojalata y madera

Por Teobaldos - Domingo, 30 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Compañía Aukeran

Director: Edu Muruamendiaraz. Programa: Maurizia, con coreografía de Edu M. Ane Anza y Aukeran Dk., dirección escénica de Ainhoa Aierbe, iluminación de Carlos Solano, vestuario de Oscar Armendáriz. Programación: Fundación Gayarre. Lugar: Teatro Gayarre. Fecha: 28 de abril de 2017. Público: media entrada (14 y 8 euros).

No deja de ser asombroso que, partiendo de un elemento tan simple como el pandero (o pandereta), estos excelentes dantzaris -reconvertidos en bailarines-, logren un espectáculo ambicioso y ecléctico, disciplinado y vitalista, entretenido y con pasajes francamente brillantes. A mi juicio, el gran valor de la compañía Aukeran es la ampliación de los horizontes folklóricos;el desbordamiento hacia otras formas de expresión corporal de los bailes tradicionales;la valentía de profanar, con coherencia, lo que siempre se ha bailado de una determinada manera;de fusionar, con naturalidad, lo ancestral y lo contemporáneo. Todo esto se puede hacer solo si se demuestra un conocimiento impecable, una disciplina meridiana, y un dominio de la simetría que el grupo tiene de las danzas vascas, desde el aurresku a la jota. Con una estética general que equipara hombres y mujeres -todos visten falda-, y con el hilo conductor de la historia de Maurizia, o lo que es lo mismo, el progresivo acceso de la mujer a disfrutar de todo, la compañía comienza apoderándose del espíritu de esa mujer emprendedora vistiéndose con su ropa. A partir de ahí comienza la exhibición de un colectivo aurresku de impecable factura: hieratismo en brazos y extraordinarios trenzados y alzados en pies, con giros espectaculares y las primeras y leves deconstrucciones de la propia danza con pasos contemporáneos. Es siempre curioso y revelador, el ir y venir de la tradición a la innovación, y viceversa;reconociendo, siempre, lo esencial del baile. Es magnífico en trabajo que se hace con la jota, llena de virtuosismo y pulcritud en el baile canónico, y de novedosa versión cuando queda sola la percusión, obviando la melodía, que pasa a ser expresada, rotundamente, por los cuerpos de los bailarines. Avanzado el espectáculo, se cruza el Atlántico, y la compañía aborda un tango excelentemente bailado por dos mujeres -(mejor que el bailado por hombre y mujer)-;y se salta, también, a la danza estrictamente contemporánea: en este sentido hay un paso a dos muy amatorio y correctamente hecho, que es interrumpido por los momentos trágicos de la vida -la guerra-, con el Dies Irae del Réquiem de Verdi de fondo;y el posterior renacer de la vida -el In Trutina de los Cármina Burana de Orff-. Ciertamente son músicas que ilustran bien esos momentos, pero coreografiar a Verdi y Orff, son ya palabras mayores. Está muy logrado el muro de luz que separa las dos soledades individuales -perdón por el oxímoron-, y que enmarca un bellísimo dúo de bailarinas. Así como la estética visual, elegante y austera, del pasaje litúrgico.

El final es espectacular: vuelta al dibujo exacto y emocionante de toda la compañía en la jota, con los pies que apenas tocan suelo. Y demostración de disciplina y buen humor en el número final, donde todos tocan la pandereta hasta con los pies;elogio de la percusión, al estilo -digamos- de los popularísimos Mayumaná. Entusiasta acogida del público.