1.750.000 vacas lecheras

Por Julen Mendiguren - Domingo, 30 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:09h

son las que se están criando ahora mismo en California en condiciones de ganadería intensiva o estabulada, en la que el hacinamiento y estrés con que viven las vacas es total.

Según FAO-STAT, la base estadística de la FAO, generan una cantidad de estiércol y orina equivalente a la de 90 millones de personas. Esta enorme masa de residuo supera la capacidad de ser tratado para usarse como abono, acabando en gran parte abandonada en ríos y lagos, o vertida sin control sobre suelos agrícolas, lo que provoca serios perjuicios contaminantes sobre el medio ambiente.

A otra escala, pero del mismo estilo, es lo que se quiere montar en Noviercas (Soria) por parte de la empresa Valle de Odieta con una explotación de 20.000 vacas lecheras, según se ha publicado en la prensa. Valle de Odieta tiene ahora en el término de Caparroso (Navarra) unas 7.000 cabezas de vacuno de leche en régimen intensivo, que según la FAO producen tantos purines (estiércol y orina) como una ciudad de 360.000 personas. Si finalmente sale adelante el proyecto de Noviercas los purines producidos en él superarían las 730.000 toneladas al año (unos 200 camiones cisterna diarios) y corresponderían a los excrementos de una ciudad de más de un millón de habitantes.

Por otro lado, la Agencia Europea del Medicamento informa de que el 50% de todos los antibióticos que se consumen en el mundo se destinan al tratamiento de los animales de granja para prevenir enfermedades típicas de la ganadería industrial, con el consiguiente riesgo de proliferación de superbacterias: “En las granjas industriales se dan condiciones favorables para la selección, propagación y persistencia de bacterias resistentes a los antimicrobianos”. En el caso de ganadería vacuna industrial a esos tratamientos se añade una alimentación predominante de cereal en grano en vez de la de hierba, tradicional de la ganadería extensiva y de las granjas de pequeño y mediano tamaño, en las que apenas existe el grave problema de qué hacer con sus excrementos.

A la vista de estas cifras de producción de purines y pensando en la salud de las personas, o lo que viene a ser lo mismo, en la salud de nuestros suelos cultivables, nuestros ríos y acuíferos, el aire que respiramos, etcétera, no queda otra solución que exigir a las instituciones públicas, gobiernos y ayuntamientos que midan con la máxima cautela, y tras un análisis minucioso de datos y consecuencias, la posibilidad de conceder o no licencias de instalación y explotación, así como de aprobar o no las correspondientes autorizaciones ambientales, a grandes empresas ganaderas como las citadas. El gobierno francés no permite granjas de vacuno de leche de más de 1.000 cabezas. Si los costes ambientales que generan las macro granjas fueran asumidos por ellas no se instalaría ninguna. Nuestras instituciones públicas deben apoyar las explotaciones pequeñas de ganadería extensiva y no dar subvenciones ni apoyo a las del modelo californiano reflejado por el título de este escrito.

Incluso en el caso de que esas instituciones públicas emitieran licencias y autorizaciones positivas para las grandes explotaciones, sería obligatorio un seguimiento y control de los productos y residuos de las mismas, de sus vertidos y emisiones, de manera que en todo momento se cumplan las condiciones sanitarias y ambientales adecuadas. Nuestra salud y calidad de vida depende de ello.

Finalmente, deben estar a disposición de cuantas personas, colectivos e instituciones interesadas cuando los soliciten, todos los datos del control y seguimiento ambiental, higiénico y sanitario de las emisiones, residuos, vertidos, etcétera, de las explotaciones ganaderas industriales, así como de los tratamientos exigidos a los mismos para que nunca superen los índices de peligrosidad tolerados.

El autor es miembro de la Compañía de las 3 Rs