A repoblar

Ilia Galán - Lunes, 1 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Ya empiezan a saltar las alarmas porque estamos arruinando nuestro patrimonio cultural: más de setecientos edificios históricos quedan abandonados en lugares despoblados. Antes los sostenían las cajas de ahorro;el dinero en mantenimiento ha caído más de un 70% y el Gobierno español solo actúa en casos especiales, pues es competencia de las autonomías.

La creciente despoblación rural amenaza con empeorar la situación. Nuestros ineptos políticos no actúan y hace años que se ve venir el problema. Peridis plantea recuperar el modelo de repoblación de la Península en la Edad Media. “Entonces los reyes otorgaron ciertos privilegios rurales. Hoy debería hacerse algo parecido, llevando buenos servicios e Internet con velocidad, reduciendo impuestos en el campo (...)”. Desgravar para rehabilitar patrimonio también es importante, dice, pero podríamos añadir que podrían donarse edificios, expropiados, si se van cayendo, a quienes los vayan a usar, aunque sea en verano, como instalaciones hoteleras o turismo rural. Alguien ganaría;si no, pierden todos. Así aumentan los restaurantes y comercios, con las gentes que van llegando. Crear empleos es importante, pero menos fácil de lograr. Teniendo tanta población en paro, no sería insensato diseñar trabajos rurales por parte de las administraciones públicas para plantar árboles, restaurar edificios, etcétera.

Si nada se hace, los habitantes que habitan aldeas casi en ruinas se irán yendo a ciudades cada vez más congestionadas y convulsas: desastre. El tiempo cuando cae inexorable sobre las casas puede ser casi peor que las guerras, dejando eriales donde hubo paraísos. También hará falta traer poetas que canten las maravillas de la vida retirada en el campo, como hicieron Fray Luis de León o, antes, Virgilio, al escribir sus Bucólicas, animado por las autoridades para que volvieran las gentes a la campiña, a cultivar y a criar ganado en esa Roma que se deshacía en lujos vanos. No estará mal que surjan premios literarios para ensalzar la vida rural en la actualidad, ambientada en nuestras tierras. Los poetas suelen amar la belleza suave de la campiña, las flores, el otoño... Novelas, como la de Julio Llamazares, La lluvia amarilla, demuestran la fascinación que tiene la vida en la naturaleza... Con las nuevas tecnologías de la información y las carreteras es posible un vivir de otra manera, fascinante, la maravillosa vida campestre, a la que, cuando puedo, escapo.