la carta del día

A vueltas con el Monumento de los Caídos

Por Juan Mari Feliu Dord - Lunes, 1 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

quisiera dirigirme a Javier Zubiaur Carreño, doctor en Historia del Arte, en referencia a su propuesta sobre qué hacer con el llamado Monumento de los Caídos. Sobre el tema que plantea Javier Zubiaur, el controvertido “marmotreto” que he visto siempre desde mi más tierna infancia, a donde nos llevaban a los escolares, algunos exaltados profesores del colegio. Pude ver con cierta impresión el exultante simbolismo de la cúpula central de los vencedores de la guerra civil, la cripta de los generales Mola y Sanjurjo y la consiguiente parafernalia, como si fuera aquello un acto de fe.

Dice Javier Zubiaur que “la ciudad ya ha asimilado ese edificio” que como doctor en Historia del Arte, plantea “una visión artística y patrimonial fuera del plano político”. Flaco servicio a los más de 3.000 asesinados sin causa judicial, efectuados por las hordas fascistas, en coalición de carlistas y falangistas. Toda una masacre con el apoyo de la Iglesia católica, en unas tierras que nunca fueron un frente de guerra, ¿en qué quedaría al considerar sea fuera del plano político?

Comenta Javier Zubiaur transformar el futuro museo salvaguardando la obra artística, se supone los frescos de la cúpula que pintara Ramón Stolz en 1950. Esa visión que he visto sobre mi cabeza sesenta años más tarde, una vez que fueran inhumados los restos de los generales golpistas Mola y Sanjurjo, se deberían conservar para mayor comprensión de las futuras generaciones. Derribar el edificio y laminar el terreno para otro uso no es lo que he visto en los campos de concentración de Alemania o Polonia. Si no hay nada que ver, ¿qué quedaría como testimonio de lo que nunca debe volver a ocurrir? Lo mismo pasó cuando Barcina con nocturnidad derribó la histórica prisión provincial donde muchos antifranquistas estuvimos hospedados, sin que se admitieran las sugerencias de la ciudadanía para dotar el edificio para un nuevo uso.

Decir que Ujué, San Francisco Javier evangelizando Asia o Espoz y Mina en guerra contra los liberales que figuran en la citada cúpula es nuestra historia no cuela. ¿Por qué esas reticencias sobre la invasión y conquista del Reino de Navarra entre 1512-1522 por la coalición aragonesa-castellana? Las graves consecuencias que trajo a la población, la destrucción de sus castillos por parte del Duque de Alba, el exilio de los reyes legítimos a sus tierras de la Navarra de Ultrapuertos y Bearne son también historia, nada menos que ochocientos años de reino independiente.

Como ocurre con el tristemente Valle de Los Caídos, “nuestro” monumento franquista debe ser testimonio de una época oscura, vergonzante, que no debe ocultarse a las futuras generaciones. Como rezan en los lugares por donde dejó su trágica huella el nazismo, el cartel es válido también aquí: “Nunca vuelva a pasar”. Navarra tiene un excepcional plantel de historiadores que podrán dar una solución a este legado del franquismo, entre los que se encuentra nuestro alcalde Joseba Asiron. A ellos me dirijo.