A pie de obra

Paso cambiado

Por Paco Roda - Lunes, 1 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Hoy es fiesta. Y quizás usted, obrero de la Volkswagen, se haya ido de puente a La Rioja. Nada que objetar. Pero para muchos este es un lunes más al sol. Unos cuatro millones de personas que sobreviven con poco más de cuatrocientos euros al mes. Gente que vive con el tiempo prestado en medio de una polvareda de impotencias.

En tiempos, hoy era uno de los días grandes del obrerismo de clase. Y sí, sigue habiendo obreros. Como Nora, una peruana que cobra dos euros por cada habitación que limpia en un hotel de aquí al lado. Como Ranjit, que con trece años trabaja en un taller textil de Gujarat (India) y cobra 20 euros al mes por trabajar doce horas diarias. Como Luisa, que cobra 2 euros por la limpieza de cada portal. Ellas son otra clase. Pero este obrerío que hoy recorre dividido las calles de Iruña juega en una liga muy diferente a las obreras de Sri Lanka o Marruecos. Además, las luchas ya no se dan entre patronos y currelas, sino entre gente con buen trabajo y obreros con contrato de una semana. Entre desempleados que cobran paro y quienes han agotado todas las prestaciones. O entre quienes cobran ayudas sociales y quienes no. Esas son las clases fragilizadas y enfrentadas entre sí. Nuevas clases ultraprecarizadas e invisibilizadas. Gentes que no están en las manifestaciones de hoy. ¿Que por qué no están? Unos dirán que porque no quieren. O porque no tienen “conciencia de clase” dirán otros. No. No están porque, pese al griterío, nadie les representa. Porque no tienen ningún sentimiento de pertenencia comunitaria. Porque no encuentran solidaridades de clase. Porque sus necesidades descuadran las agendas sindicales. Son la infraclase individualizada y condenada a la gestión de su propia miseria. Hoy es Primero de mayo pero uno siente que a esta fiesta le sobran banderas y le faltan abanderados. Y también un hilo rojo que volver a enhebrar.