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Un punto de dignidad

empate en el sadar osasuna se esfuerza con abnegación para lograr una victoria ante su hinchada, pero sólo le alcanza para hacer tablas con el deportivo, que se conformó al final con el resultado

Javier Saldise Javier Bergasa/Mikel Saiz - Lunes, 1 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Steven hace un gesto a la grada en la celebración de su gol, junto a Sergio León.

Steven hace un gesto a la grada en la celebración de su gol, junto a Sergio León. (JAVIER BERGASA)

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Steven hace un gesto a la grada en la celebración de su gol, junto a Sergio León.

PAMPLONA.Osasuna se esforzó y puso sobre el terreno de juego todo lo que pudo y supo pero, otro encuentro más, no le alcanzó para sumaruna victoria, ahora ya inservible para la permanencia, sólo computable a efectos de premios económicos. A los rojillos les queda únicamente un partido en su estadio para mejorar este expediente raquítico como local que se reduce a un triunfo liguero -en la Copa hubo otro-. Frente al Deportivo, el conjunto navarro ofreció una imagen muy digna pese a haber dado el carpetazo verdadero en el torneo, pero repitió algunos de los errores perpetuos de la campaña: concedió demasiado en defensa, ofreció profundas lagunas en la continuidad de su juego y tan sólo se mantuvo en pie por arreones de coraje, por el espíritu que empuja a este grupo cuando parece que no hay nada donde agarrarse. Probablemente sea porque la grada ha decidido hace tiempo apoyar sin fin y eso se nota y obliga.

A Osasuna tampoco le bastó haberse quitado de encima el peso de la responsabilidad, la presión de la angustia clasificatoria cuando se peleaba por la permanencia, y el Deportivo, que se jugaba más, tiene una plantilla con más calidad y venía con un objetivo claro -sumar, no perder-, se hizo con un punto, como también pudo haber perdido los tres cuando en los minutos finales los rojillos estuvieron mejor, más inquietos y preocupados por ofrecer una victoria a sus incombustibles aficionados. Es lo único que queda, escenificar un final digno en esta despedida dolorosa de la Primera División que sirva para solidificar los vínculos entre jugadores e hinchada. Aprovechar el descenso para fomentar más ese osasunismo que emerge también de los malos momentos, de la gloria del que resiste. Así son las cosas por aquí, para tipos fuertes, esculpidos tras la dulzura de los malos ratos.

Los rojillos afrontan partidos difíciles porque no cabe duda de que, descendidos, estos días son proclives para la desconexión, la huida. Hasta que el Deportivo despertó, Osasuna vivió los momentos más desinhibidos de la temporada, con juego veloz y sin complejos, sin ninguna mochila a cuestas. Con un Kenan excelente y un Aitor Buñuel desatado por el carril derecho -ahí está el lateral derecho del futuro-, los rojillos circulaban a tal velocidad que para los cuatro minutos ya iban ganando. Steven marcó en un córner y el joven de la cantera capturaba así un premio para los chicos que vienen de abajo, para este grupo de futbolistas hechos aquí por el que suspiran en otros clubes y que en Osasuna se extravían a veces entre buenas palabras y pocas oportunidades.

Los rojillos, imponentes, estaban tan bien que incluso Kenan rozó el segundo gol de la mañana tras una filigrana, sorteando defensas en un palmo de terreno, adornándose con un regate preciso que le colocó delante del portero y donde solo le faltó el último toque.

Por unos momentos, todo fue felicidad y lujo hasta que el Deportivo se desperezó, mediado el primer tiempo, y primero marcó aprovechando un desajuste defensivo -tres rematadores había en el segundo palo- y, después, mandó con autoridad sobre el encuentro hasta fabricarse un par de ocasiones, lanzamiento al travesaño incluido, como para haber reconducido su inicio remolón. A Osasuna, como casi siempre combativo hasta que le llega el bajón por el esfuerzo loco, se le había atragantado el conjunto gallego por su facilidad para plantarse en el borde del área, y con esa sensación ingrata se marcharon los rojillos al descanso. Además, se esperaba que el Deportivo, con más cosas en juego -cerrar la permanencia con unas jornadas de antelación y quitarse el miedo del cuerpo-, retomara el encuentro con más ansias, y así fue en los minutos iniciales de la reanudación. Osasuna no le perdió la cara al partido y, sin crear grandes apuros a su rival, fue manteniendo el envite más o menos equilibrado. La fragilidad defensiva volvió a hacer mella en varias acciones previas al gol de Guilherme, que fue el segundo rematador en un córner en medio de multitud de osasunistas.

Acostumbrados a caminar con una losa encima, lastrados por la clasificación, la necesidad o el maltrato de las lesiones, Osasuna se sintió menos estrangulado que en otros encuentros y se desató en la recta final del partido. Juanfran, autogoleando al Deportivo, le birló el gol a Sergio León cuando estaba para empujar la pelota enviada por Torres. Osasuna rozó la remontada con ocasiones consecutivas de Sergio León y Kodro, en dos oportunidades del bosnio, una de ellas clarísima.

Osasuna se marchó otro día sin ganar, tras haber dado todo lo que tiene, agradando a esa hinchada que vio que hicieron todo lo posible, con total honradez.