Javier Marín, ovacionado en Las Ventas en la novillada de Aguirre

El de Cintruénigo, que repetía en Madrid tras su triunfo de 2016, estuvo muy asentado ante el primero de su lote

Martes, 2 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Javier Marín, durante su buena corrida en Pamplona en 2016.

Javier Marín, durante su buena corrida en Pamplona en 2016. (Foto: Efe)

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Javier Marín, durante su buena corrida en Pamplona en 2016.

PAMPLONA- Javier Marín estuvo cerca de volver a cortar una oreja en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid. Ya lo hizo el 24 de abril de 2016, por lo que se había ganado su repetición en las primeras novilladas picadas del coso madrileño. En esta ocasión el festejo era el segundo de la Feria de la Comunidad de Madrid, serial previo al abono de San Isidro que empezará la próxima semana.

La plaza registró un cuarto de entrada en los tendidos (unas 6.000 personas) y se lidiaron utreros bien presentados y que dieron distinto juego de Dolores Aguirre. El hierro de la recordada ganadera vizcaína regresaba a Madrid después de siete temporadas de ausencia.

Participaron, por este orden, los novilleros: Miguel Maestro (silencio y silencio), Javier Marín (ovación y silencio) y Fernando Flores (ovación tras aviso y silencio).

El segundo utrero de la tarde, primero de Javier Marín, tuvo buenas hechuras y, aunque algo tardo, tomó bien los engaños del novillero navarro, quien se mostró en todo momento muy asentado. Cuajó varias tandas templadas por ambos pitones, aunque preferentemente por el lado diestro. El del campo de Constantina se quedaba más corto por el pitón izquierdo. Con el capote también había lanceado Marín con soltura y buen pulso. Su labor finalizó con unas valientes y ajustadas manoletinas citando al de Dolores Aguirre de largo. A la hora de matar se tiró muy derecho y dejó una estocada arriba. El público, algo frío, no sacó pañuelos, pero sí tributó al cirbonero una cerrada ovación, que recogió desde el tercio.

Javier Marín pensó y dijo que en su segundo toro sí se podría llevar algún trofeo, mas las feas hechuras del novillo y sobre todo, la mala suerte, estropearon todas las voluntades del joven navarro. Ese quinto utrero, aunque cariavacado, se movió bien de salida, pero se lastimó una mano tras el segundo puyazo. Marín lo cuidó e intentó el acople con paciencia, pero ya la insistencia terminó por aburrir al público al carecer el trasteo de emoción por la ya inválida condición de la res.

La fuerte y algo gris novillada de Dolores Aguirre se saldó sin trofeos. Al retirarse de la plaza, Marín y Fernando Flores fueron despedidos con aplausos. - M. Sagüés