Hipocresía religiosa

Gorka Nikuesa - Martes, 2 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Hace unos días estuvimos visitando la Sagrada Familia de Barcelona. Llovía y hacía frío. Estaba escuchando lo que contaba la audioguía y fascinado por lo que veía, cuando se me acercó una guardiana de la verdadera religión a pedirme que me quitara la gorra. Le pregunté que por qué y me contestó que porque estábamos en un templo sagrado y por respeto a Dios. Miré a mi alrededor y lo que vi era puro respeto: unos adolescentes de algún colegio con las capuchas puestas y haciéndose selfis gritando;grupos recibiendo explicaciones de un guía a voz en grito;un grupo con ropa de correr con cámaras en la frente;dos japoneses con gorra de beisbol haciendo fotos con mil máquinas;críos corriendo;madres llamando a los críos a voces;cien mil manos levantadas haciendo fotos, muchos de ellos haciéndose selfis;una pareja haciendo selfis;varias familias haciéndose fotos entre ellos y selfis y riendo.

Le dije que, como podía ver, aquello no era un templo, era un destino turístico y eso era lo que era yo un turista y no un creyente. Mucho quítese la gorra que estamos en lugar sagrado y luego cobrar 22 euros o más por entrar a los turistas. Finalmente me quité la gorra y le dije que estoy calvo y que hacía frío y me la volví a poner. Vinieron más guardianes pero no les hice ni contestar.

Si el amigo Gaudí levantase la cabeza, me pediría la gorra y se liaría a gorrazos con los turistas y los guardianes de no sé qué.