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Jorge Lemus lingÜista salvadoreño y premio nacional de cultura por su trabajo sobre el náhuat

“Viendo el proceso de las ikastolas, a largo plazo podríamos conseguir en El Salvador un éxito similar”

El lingüista Jorge Lemus hablará este jueves a las 18.00 horas en la UPNA sobre el proyecto de revitalización de la lengua náhuat en El Salvador

Una entrevista de Patricia Carballo Fotografía Oskar Montero - Martes, 2 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Jorge Lemus posa en la UPNA con su libro ‘El pueblo pipil y su lengua. De vuelta a la vida’, que presentará este jueves a las 18.00 horas en la Sala Ada Byron.

Jorge Lemus posa en la UPNA con su libro ‘El pueblo pipil y su lengua. De vuelta a la vida’, que presentará este jueves a las 18.00 horas en la Sala Ada Byron. (Foto: Oskar Montero)

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Jorge Lemus posa en la UPNA con su libro ‘El pueblo pipil y su lengua. De vuelta a la vida’, que presentará este jueves a las 18.00 horas en la Sala Ada Byron.

PAMPLONA- En 2010 Jorge E. Lemus fue distinguido con el Premio Nacional de Cultura, en reconocimiento a su extensa labor académica, y en particular por su proyecto de revitalización de la lengua pipil o náhuat, en el que trabaja con el propósito de rescatar y promocionar esta lengua autóctona, la única hablada aún en El Salvador y que se halla en peligro extremo de desaparición. Este jueves explicará en la UPNA el proceso que ha llevado a cabo para reavivar el náhuat en las escuelas y, a su vez, presentará el libro El pueblo Pipil y su lengua. De vuelta a la vida.

¿Qué es la lengua náhuat?

-La lengua náhuat o pipil es la última lengua que sobrevive en el país de las ocho originarias que se hablaban a la llegada de los españoles. Es de origen yutoazteca, totalmente diferente al español. Sin embargo, hay palabras que se han universalizado como tomate, chocolate o aguacate de las que desconocemos que su origen es náhuat. Además, es una lengua aglutinante en el sentido de que tiene facilidad para juntar morfemas y crear nuevas palabras, por lo que se puede adaptar a los tiempos modernos.

Esta lengua minoritaria está en peligro de extinción. ¿Cómo ha llegado a esta situación?

-Por razones históricas y persecuciones, las lenguas y los pueblos indígenas fueron desapareciendo, pero los pipiles se han mantenido hasta hoy en día porque eran un pueblo fuerte y dominante. Dentro de ellos, encontramos un grupo reducido de personas mayores de 60 años que hablan el náhuat. No pasa de 75 hablantes fluidos, 150 si añadimos los semihablantes. Es una lengua que no ha sido transmitida, lo cual la pone en severo peligro de extinción. La población pipil es una sociedad rural en extrema pobreza, tiene poco acceso a la salud y es muy vulnerable.

Ante esta situación de amenaza de la lengua, desde la Universidad Don Bosco decidieron actuar y no dar la espalda a esta problemática. ¿Cómo fue el proceso?

-Comenzamos en 2003 con un proyecto escolar enseñando la lengua náhuat una o dos horas a la semana para que aprendieran lo básico: colores, números, animales… Queríamos provocar conciencia nacional de que existe el idioma. Al principio, lo hicimos en 3 escuelas, pero actualmente tenemos 38 centros escolares. Es decir, más de 5.000 niños y jóvenes han sido atendidos en esta modalidad. Y los profesores, que ya tienen sus salarios, añaden estas horas a su carga académica de forma voluntaria.

Sin embargo, imagino que, así como ocurre aquí en Navarra con las lenguas extranjeras, un idioma no se afianza del todo con dos horas semanales de clase….

-En efecto, ahí es donde nace la Cuna Náhuat. Veíamos que los ancianos se iban muriendo y que no estábamos deteniendo el deterioro de la lengua. Los abuelos son los que saben el náhuat, sus hijos no aprendieron, pero los nietos están en una edad idónea. Así que pensamos en crear un centro preescolar y explotar esa relación abuelo-nieto. El problema era que los ancianos nunca han ido a una escuela, no saben leer ni escribir, ni saben hablar en público. Por eso, nuestro reto más complicado y a la vez interesante, fue transformar a los mayores en maestros para garantizar la inmersión. Desde la Universidad Don Bosco, les capacitamos a las señoras que se interesaron y pasaron de ser amas de casa y alfareras, a ser maestras con un salario.

Esta Cuna Náhuat, que nació en 2010, se localiza en Santo Domingo de Guzmán, uno de los 32 municipios de El Salvador que se encuentran en situación de extrema pobreza. ¿Cómo es un día a día en la comunidad?

-Desde las 7 hasta las 12 del mediodía, los niños de 3 a 5 años interactúan únicamente en náhuat. Son unos 40, divididos en dos grupos, que cantan, juegan, hacen manualidades y se pelean en náhuat. Hasta ahora hemos formado a 250 niños y cuando pasan a la escuela pública a los 6 años, van mejor preparados que el resto de niños, por lo que las posibilidades de abandonar la escuela son menores. Sin embargo, se encuentran con profesores que les regañan por hablar náhuat o con niños que les hacen bullying y se burlan de ellos, por lo que los niños de la cuna ya no quieren hablar más náhuat.

Por tanto, todo el esfuerzo y el trabajo realizado en la Cuna, se va al traste en cuestión de meses. Resultará realmente frustrante.

-Así es. Estamos perdiendo muchos niños hablantes y para recuperarlos, la única alternativa que podemos ofrecer es un programa sabatino, en el que damos clases formales para leer y aprender la lengua. Pero sólo podemos atender a unos 30 porque no tenemos un espacio adecuado. La única esperanza que tenemos es que los niños, después de su estancia en la Cuna, lleguen a casa e interactúen con sus abuelos. Nos consta que algunos lo hacen, pero no suponen una generación de relevo.

“El reto más complicado ha sido transformar en maestros a abuelos que no sabían leer ni escribir”

“Cuando pasan a la escuela formal, los profesores les regañan por hablar náhuat y los niños se burlan de ellos”

“El camino que nos queda e

En un proyecto así es importante contar con financiación. ¿Cuál es la actitud que ha tenido el Estado para salvar esta lengua?

-Cada año es una lucha. La actitud inicial del Estado fue dar la espalda. Hasta hace pocos años, se negaba a reconocer que existían pueblos indígenas, pero en 2014 lo reconocieron. Gracias a un convenio entre la Universidad y el Ministerio de Educación, logramos financiamiento, pero no de forma constante, por lo que nos vemos obligados a buscar ayuda en otros organismos. Aunque resulta algo vergonzoso, me satisface haber llamado la atención sobre este tema. Cuando empecé a trabajar, había una ignorancia total de la problemática, y ahora es un tema de discusión nacional.

En lo que respecta a Navarra, también ha habido un apoyo importante a través del programa de prácticas de formación solidaria de la UPNA.

-La relación con el Departamento de Filología y Didáctica es muy satisfactoria, ya que tenemos puntos de interés sobre el patrimonio inmaterial. Gracias a un convenio de colaboración, estudiantes de Pamplona van a El Salvador por un período de 3 meses a trabajar en la Cuna Náhuat. Ya han pasado 8 estudiantes y este año irán otros dos. Allí trabajan en la formación de las maestras, les enseñan cómo hacer materiales didácticos y cómo trabajar con niños. Ganamos todos.

Todo este proceso de la lengua me recuerda a las vicisitudes que ha vivido el euskera hasta llegar a lo que es hoy en día. Podríamos decir que hay cierto paralelismo.

-De hecho, en su día estudiamos el modelo de inmersión lingüística aplicado con las ikastolas. Era muy interesante, pero allí no teníamos profesores capacitados o una escuela formal, ni siquiera apoyo generalizado. Pero al final, la historia de una cultura dominante se repite. Vemos que los inicios fueron duros y que hubo mucha resistencia porque fue prohibida en tiempos de Franco. El caso es el mismo, por eso, viendo el proceso de las ikastolas, a largo plazo podríamos conseguir en el Salvador un éxito similar. Pero necesitamos financiación para poder tener continuidad en la Cuna.

Confiemos en que así sea. Está siendo un camino largo, pero han obtenido muchos logros.

-Han sido muchas ganancias, como llamar la atención sobre un problema que antes nadie miraba, la reivindicación de las mujeres indígenas, excluidas históricamente de la educación formal, o el involucramiento de la comunidad, con una fuerte implicación de padres y niños que ya lo toman como algo propio. Sin embargo, el camino que nos queda es difícil. Estoy proponiendo al Ministerio un programa de continuidad insertado en el sistema escolar para ampliar la Cuna hasta los 6 ó 7 años. Si lográsemos llegar hasta los 10 años en bilingüe, estoy seguro de que tendríamos una generación completa de hablantes que interactuarán en náhuat. Pero hace falta financiación del Estado o de cualquier organismo internacional.

IDIOMA EN PELIGRO

Lengua yutoazteca. La lengua náhuat tiene origen yutoazteca, muy diferente del castellano, de la que proceden palabras como tomate, aguacate o cacahuete.

Pueblo pipil. No es fácil identificarlos. Son un pueblo de campesinos en extrema pobreza. Antes, las mujeres llevaban trajes típicos, pero son muy costosos.

75 hablantes. Con sólo 75 hablantes fluidos y sin una generación de relevo, se considera una lengua en peligro de extinción.

Cuna Náhuat. Proyecto de inmersión lingüística en náhuat para niños de 3 a 5 años, en Santo Domingo de Guzmán, donde 250 niños han aprendido náhuat a través de las abuelas hablantes.

Conciencia nacional. Desde el Ministerio de Educación de El Salvador han cambiado su visión y algún año financian el programa, pero no de forma constante.

Prácticas UPNA. A través de un convenio entre la Universidad Don Bosco y la UPNA, estudiantes de aquí acuden 3 meses a la Cuna para formar a las maestras.