Editorial de diario de noticias

Más allá de nuevas leyes

El consumo de alcohol, y también de otras drogas, entre los jóvenes no exige necesariamente más regulaciones, sino la aplicación veraz y práctica de la existente y el fomento de la responsabilidad en el consumo y la educación sobre sus efectos

Miércoles, 3 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:06h

la constatación por los servicios médicos de que las intoxicaciones etílicas en los jóvenes se han duplicado en los últimos veinte años, tal y como se ha expuesto en la comisión mixta Congreso-Senado que pretende elaborar un informe para orientar una ley sobre el consumo de alcohol por menores, no hace sino reiterar el progresivo aumento de ese consumo en las últimas décadas y la necesidad de que sociedad e instituciones se esfuercen en el desarrollo de iniciativas de prevención y control. Porque pese a la comisión y a la intención anunciada en su día por la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Dolors Montserrat, de aprobar una nueva ley, no se trata -o no al menos únicamente- de un problema de regulación. En Navarra, desde que en las décadas de los 80 y 90 del pasado siglo se multiplicó el número de casos de menores con altos índices de consumo de alcohol, se han venido aprobando normativas específicas que reglamentan la apertura de expedientes o la imposición de sanciones por la venta de alcohol a menores o por la simple intermediación en la misma, normativas que se han ido respaldando con leyes que han tratado, con desigual fortuna, es cierto, de acentuar la prevención de consumo de bebidas alcohólicas en menores de edad y la necesidad de reducir el acceso de los jóvenes al alcohol. Y también está en marcha, de hecho, un Plan de Acción Europeo (2012-2020) para reducir el Uso Perjudicial del Alcohol, lo que denota que el problema no es específico de uno u otro país ni puede abordarse simplemente desde iniciativas legisladoras. Por un lado, no es discutible que el consumo de alcohol y el ocio están tan ligados como extendidos no solo en la juventud;tampoco que esa socialización general del alcohol tiene un índice de penetración si cabe más elevado entre los 16 y 19 años (hasta el 87% de los jóvenes de esa franja de edad);ni que el inicio en el consumo de bebidas alcohólicas es cada vez más temprano y se refleja en intoxicaciones graves. Pero, por otro, la existencia de regulación que prohíbe pero no logra evitar el consumo precoz y excesivo indica que su aplicación en cuanto a la imposición de sanciones tanto a la venta como al consumo no es suficiente, también que la intervención institucional debe encaminarse al mismo tiempo por la sensibilización en la responsabilidad en el consumo y la educación sobre sus efectos, además de en la proposición de alternativas de ocio, casi nunca sencillas de ofrecer, pero siempre necesarias.

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