David Trueba escritor, guionista y director de cine

“Buscar la felicidad está sobrevalorado;es más interesante sobrevivir en la infelicidad”

El autor habló ayer en el Foro Auzolan de ‘Tierra de campos’, una novela sobre las heridas que deja el paso del tiempo, sobre la amistad y sobre los sueños como motor de la vida

Ana Oliveira Lizarribar - Viernes, 5 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:10h

David Trueba, ayer junto a la librería Auzolan de la calle San Gregorio.

David Trueba, ayer junto a la librería Auzolan de la calle San Gregorio. (MIKEL SAIZ)

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David Trueba, ayer junto a la librería Auzolan de la calle San Gregorio.

“Si a uno le pidieran hacer su biografía emocional, casi seguro que escogería más canciones que películas o novelas” “Las novelas y las películas siguen siendo los lugares donde se puede producir un encuentro íntimo con el otro”

pamplona- Dani Campos, alias Dani Mosca es el protagonista de la nueva incursión literaria de David Trueba (Madrid, 1969). Cantante y compositor, nos cuenta su historia mientras viaja en un coche fúnebre para enterrar a su padre en su pueblo natal. Melancolía y humor, amor, desamor, muerte, pasado y futuro son las coordenadas del trayecto.

Dani Mosca es un soñador. Un tipo de personaje recurrente en su trabajo. ¿Es David Trueba un idealista incurable?

-No sé si incurable, pero sí le doy mucho valor a seguir soñando y a seguir teniendo ideales. Sin ellos, seguramente se cae todo el edificio. Necesitas tenerlos, incluso aunque de alguna manera hayas perdido la convicción de que se pueden alcanzar. En ese caso, la duda es qué hacer: convertirte en un cínico, escéptico, derrotado que, además, trata de desactivar los ideales de los demás, o simplemente tratar de entender que eso forma parte del camino y que hay que mantenerlos. Quedarse por debajo de ellos no significa que no haya estado bien haberlo intentado.

Pero en esta sociedad no está bien visto soñar, más bien se tiende al conformismo. Lo dice el padre de Dani: “En este mundo hay que conformarse si quieres ser feliz”.

-Es que cuando se le dice a alguien que ser feliz es la finalidad de la vida, se le está diciendo que tiene que ser conformista. Conservador. El valor de la felicidad está sobredimensionado. Lo digo con todas las comillas del mundo, pero para mí la supervivencia en la infelicidad es más interesante que la búsqueda de la felicidad. Estamos en un mar, ¿y de qué se trata, de buscar una isla para quedarse o reposar un rato y luego salir en busca de otra isla? Yo creo que está claro.

Hay que estar en la lucha siempre.

Da un poco de pena que a los niños ya se les inculque desde la escuela que hay que estudiar para buscar tal o cual salida profesional. Y que se eliminen la Filosofía, la Música, la Literatura...

-Se les profesionaliza desde pequeños. Se hace eso increíblemente horrible de decirles que lo más importante es que estudien algo que tenga salidas laborales. Efectivamente, sobrevivir económicamente es importante, pero quizá también sea denigrante empujar a alguien a que se dedique a algo que no le gusta. A las personas hay que dejarlas crecer. Todos los avances de la humanidad se han llevado a cabo porque alguien disfrutaba investigando, en su estudio... Primero el horizonte es el cielo, luego ya se irá acotando, pero no lo hagamos de salida.

Y eso que el protagonista por momentos también duda y se pregunta si hacer canciones es una forma de ganarse la vida.

-Seguramente yo también me hago esa pregunta: hasta cuándo vas a poder vivir de escribir novelas o de hacer películas. Cuando nos dedicamos a trabajos tan etéreos que dependen tanto de la respuesta de los demás, te planteas estas cuestiones muy seriamente. Pero supongo que yo, por mi carácter, si llevara veinte años en la misma oficina, de camino al trabajo también me preguntaría si me van a echar de un día a otro.

¿La duda como forma de vida?

-Sí. Nunca doy nada por hecho. Creo que cuando das algo por permanente es el primer paso para perderlo.

En sus historias, también en esta, es habitual que aparezca reflejado el conflicto entre generaciones. ¿Es un modo de plasmar y asumir el paso y el peso del tiempo?

-La gente es distinta en función de sus condicionantes. Una persona que se ha criado con los valores de un agricultor es normal que se enfrente a la vida con unas armas distintas a las que usa un chico que ha crecido en la ciudad y que tiene otra manera de entender su vocación y su vida. Y está bien que esas personas se encuentren y pongan en común sus puntos de vista. Debemos mezclarnos más, así seríamos capaces de ver las diferentes maneras de encarar la vida. Cuanta más experiencia vital tenemos, sobre todo en la infancia y en la adolescencia, más recursos tenemos en la madurez. Hay personas que viven muy aisladas y poco expuestas a las opiniones de los demás, y se frustran, porque no son capaces de discutir y de difundir sus ideas más que cerrándose, porque no han convivido con gente que tiene otra manera de mirar. En cambio, si desde pequeño has tenido eso, es fácil que seas capaz de llegar a acuerdos y que no te irrite tanto que alguien no sea idéntico a ti.

Por supuesto, la música está muy presente en la novela. Para quienes hemos nacido en los 60 y 70 del siglo pasado, forma parte determinante de nuestra educación sentimental.

-En parte por la eclosión del negocio y del consumo, la canción ha sido la forma artística más común en nuestras generaciones. Si a uno le pidieran hacer su biografía emocional, casi seguro que elegiría más canciones que películas o novelas. Esa expresión tan breve tenía mucha fuerza y seguramente nos iba dando pistas de lo que necesitaba el mundo, explosiones de tres minutos. Aun no acabamos de saber por qué las canciones despiertan tantas emociones, sensaciones y recuerdos de manera tan potente.

¿Tenía claro que el protagonista iba a ser un músico?

-Cuando el libro se fue encontrando a sí mismo desde las ideas iniciales, sí. Me interesaba que fuera una persona que, en el encuentro con su padre, se diera cuenta de que no les separan tantas diferencias pese a dedicarse a cosas contrarias. De alguna manera, he tratado de aproximar los opuestos. Cuando hablamos de seres humanos en general, parece que todo nos lleva a la oposición, a la rivalidad, a la frontera, porque nos olvidamos de hacer el viaje contrario. Hacia el punto de encuentro. La ficción y el arte tiene mucho que decir en esto. ¿Por qué una canción compuesta por un tipo hace muchos años le dice lo mismo a dos personas nacidas en puntos opuestos del planeta, con educaciones y entornos sociales distintos? Eso nos debería hacer pensar en que todavía tenemos muchos puntos en común;sin embargo, están totalmente difuminados a favor de las separaciones.

En la novela exhibe los entresijos del sector musical, con personajes de todo pelaje, y a través de eso nos muestra un país que cambiaba.

-En España, a finales de los 70 y primeros de los 80 se estaba produciendo un cambio brutal de estructuras mentales, y era más difícil que ese cambio se ejecutara sobre industrias más consolidadas y menos accesibles para la gente joven. En los colegios e institutos empezó a usarse la música como medio de expresión. Eso ha cambiado con el tiempo, porque lo que acaban haciendo las industrias culturales es una dominación de las expresiones particulares, poniéndolas al servicio de unos intereses, perdiendo esa espontaneidad, que puede encontrarse en otros lugares menos industrializados y consolidados, como Internet, por ejemplo.

También en Internet están esas listas inmensas de canciones que muchos chavales se bajan sin saber muy bien si les interesan o no.

-Ha cambiado totalmente la manera de disfrutar de la música. Existe la tentación del absoluto, de tenerlo todo a un tiro de clic, que es una sensación irreal, porque poseerlo todo es no poseer nada. Al final, ese cariño, esa manera de desgastar un disco hasta el final generaba un grado de comunicación muy profundo entre el artista y el oyente. Por eso yo me aferro todavía a las novelas y a las películas, porque creo que siguen siendo los lugares donde puedes producir un encuentro más íntimo con quien te lee o te ve. Siempre me han irritado mucho la asociación de las estrategias del consumo con las estrategias del arte. Hay que participar de ambas, pero intentando poner tus propias reglas, que básicamente consisten en intentar comunicarte desde un sentimiento íntimo, desde una reflexión, para ser escuchado desde el mismo lugar.

Dani no quiere que le posea el público.

-Él, y seguramente yo a través de él, lo expresa muy bien cuando dice que una cosa es hacer música para el público y otra que este me ordene lo que tengo que hacer. Tú tienes que ser libre e independiente para expresarte. La rebelión es hacer algo personal y encontrar a alguien que buscaba eso.

Dani Mosca comenta que repasando sus canciones puede escribir su biografía, ¿también está la vida de David Trueba en sus historias?

-Sí, son fotos de tu paso, y por eso nunca puedes volver a repetirlas. Son únicas. Las cosas que he hecho siempre me han representado, a veces mejor que yo mismo. Me reconozco en ellas, no me he puesto muchos disfraces en esta vida. No creo haber tenido que avergonzarme de muchas cosas que haya pensado o de haberle dado valor a elementos pasajeros como la juventud o la moda. He preferido centrarme en elementos más permanentes.

Uno de esos temas es la amistad, en este caso entre Dani, Animal y Gus. También es una historia de amor en ese sentido.

-Sí, porque son muy distintos y se les hace difícil convivir. Es una familia montada sobre el aprecio, la admiración, la necesidad y no sobre el accidente de nacer. Animal califica la amistad como una de las pocas instituciones no reaccionarias que ha creado el ser humano, porque no es para conservar. Los amigos se encuentran en el azar del camino. Es bonita esa relación, y también dolorosa cuando hay pérdidas y ausencias. El personaje usa en un momento una frase muy bonita, que es un verso de Jorge Guillén: “Amigos nada más, el resto es selva”.

Dani también es un tipo melancólico, y llega a decir que la desdicha es lo único que poseemos.

-La tristeza nadie te la puede quitar. Es como la orfandad, si tu madre muere, nadie puede sustituirla. La desdicha se queda contigo, incluso cuando llega el buen tiempo, sigue ahí, solo haberla conocido te deja esa huella.

¿Inspira más que la alegría?

-Tenía un amigo americano muy gracioso que cada vez que se enteraba de que Leonard Cohen había tenido una ruptura sentimental se alegraba porque iba a componer otro disco buenísimo (ríe). Eso está bien en la distancia, pero uno no desea uno mismo ese estado, aunque siempre me ha dado la sensación de que la satisfacción es una fábrica de cosas sin mucho interés.

El humor es una venganza contra todo lo malo en este libro. ¿También en la vida?

-La risa es un desafío del hombre a su destino. Te hace capaz de mirarle a la cara al horror. El humor también sirve para decir ciertas cosas que de otra forma la gente no aceptaría. Creo que ha contribuido mucho a hacer avanzar al ser humano, le despoja de lo sagrado, de lo intocable y le dice que, en el fondo, todo puede ser ridículo.

La novela está dedicada a su hermano Fernando, ¿es un especie de desagravio por lo que tuvo que vivir tras la concesión del Premio Nacional de Cine y el boicot a su película?

-No, quiero creer que es mucho más que eso. Lo que ha vivido en los últimos meses es una anécdota para la cantidad de cosas que ha hecho, que ha sido y que ha representado para mí. Quería dedicarle un libro a alguien que ha sido tan importante en mi vida y era la oportunidad perfecta. También era una forma de decir a los demás que es un poco ridículo todo lo que pasado.

Este país...

-A veces es un poco ridículo, sí. Y lo peor que puedes hacer es amedrentarte. Hay que volver a levantarse, sacar la cara y decir ‘¿y?’.

la novela

Título. Tierra de campos.

Autor. David Trueba.

Editorial. Anagrama.

Extensión. 408 páginas.

Sinopsis. Con el objetivo de enterrar a su padre en el pueblo donde nació, Dani Mosca emprende un viaje en un vehículo muy particular, un coche fúnebre, conducido por un chófer ecuatoriano, pintoresco y charlatán.

el autor

Literatura y cine. Ha publicado las novelas Abierto toda la noche, Cuatro amigos, Saber Perder y Blitz. Y ha escrito y dirigido La buena vida, Obra maestra, Soldados de Salamina o Vivir es fácil con los ojos cerrados, entre otras.