Música

Inmejorables segundas partes

Por Javier Escorzo - Viernes, 5 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:10h

CONCIERTO DE quique gonzález

Fecha: 29/04/2017. Lugar: Zentral. Incidencias: Segunda para de Quique González en Pamplona dentro de su gira Me mata si me necesitas.Buena entrada, aunque sin llegar a llenar la sala, como sí ocurrió en el primer concierto, celebrado en abril de 2016.

Como una vieja película de cine negro, de esas a las que uno puede regresar en multitud de ocasiones para siempre descubrir cosas nuevas, así sucede con los conciertos de Quique González. Si hace poco más de un año iniciaba su gira Me mata si me necesitas en Pamplona, ahora volvía a la sala Zentral para concluirla. Los trece meses de rodaje se notan, y mucho, en el grado de compenetración alcanzado entre el madrileño y su banda, Los Detectives. Y a diferencia de lo sucedido en la primera visita a nuestra ciudad, en esta ocasión vinieron con Nina, la sensacional voz que aparece en el último disco (concretamente en la canción Charo), y que les acompaña en los conciertos. Quique está viviendo un gran momento, y para demostrarlo abrió la actuación con tres temas de su último álbum (Sangre en el marcador, Se estrechan en el corazón y Charo, en un muy aplaudido dúo con Nina), seguidos por otros tres del anterior (La fábrica, Dónde está el dinero, que incluyó improvisadas frases como “solo son hechos aislados” o “estamos hasta los huevos”, y Tenía que decírtelo, cuya parte final sonó absolutamente enfurecida).

Primera mirada al pasado con la dylaniana Te lo dije, con soberbio violín de Diego Galaz (que sustituía al habitual Edu Ortega) y Avería y redención. Después, parada y fonda en el mítico disco Salitre 48, del que interpretaron tres temas: La ciudad del viento, una muy cambiada versión de Salitrey De haberlo sabido. Esta última fue uno de los momentos más emocionantes de la velada, con la voz rota de Nina, que la cantó íntegramente con el único acompañamiento de guitarra acústica y violín. Siguieron con La luna debajo del brazo, en la que la guitarra eléctrica desprendió reminiscencias de reggae, antes de volver de nuevo al disco que estaban presentando, el brillante Me mata si me necesitas que les ha tenido más de un año en la carretera. En la recta final interpretaron las cuatro últimas canciones del elepé en el mismo orden que aparecen en el plástico: Orquídeas, esa bocanada de juventud llamada Relámpago, No es lo lo que habíamos hablado y La casa de mis padres, en la que Quique narra las sensaciones que le embargaron tras la muerte de su padre. Esta canción es, sin duda, una de las cimas de su carrera, y también de sus conciertos, haciendo enmudecer a la audiencia y convirtiéndose en una auténtica catarsis. Ya en los bises, repaso a algunos clásicos de su ya extensa trayectoria, que el año que viene cumplirá veinte años: Aunque tú no lo sepas, desgarradora (dedicada a Enrique Urquijo, para quien la compuso), Su día libre, Y los conserjes de noche, Pequeño rock’n’roll, la electrizada y electrizante Kamikazes enamorados, los aires de ranchera de Dallas Memphis y, por último, Vidas cruzadas, que marcó el punto y final a la exhibición de Quique y sus Detectives en su regreso a Pamplona. ¿Quién dijo que segundas partes nunca fueron buenas?