Isla Busura

Día de la Madre y del Hijo

Por Maite Esparza - Viernes, 5 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Circula por ahí una historia sobre Thomas Alva Edison que te parte el alma. Aunque no fuera cierta, cosa que desconozco. Un buen día, allá por mediados del siglo XIX, el pequeño Thomas llegó a casa y entregó diligente a su madre una nota que le había dado su maestro para ella. Entre lágrimas, su madre se la leyó. “Su hijo es un genio, esta escuela es muy pequeña para él y no tenemos buenos maestros para enseñarle. Por favor, enséñele usted”. Pasaron los años, el señor Alva Edison encendió la primera bombilla del mundo e iluminó con ella el olimpo de los grandes inventores en el que se ganaría una chaise longue de terciopelo, vino sin fin y fruta fresca para la eternidad. Y llegó otro buen día. Ordenando la casa familiar tras la muerte de su madre, encontró en un escritorio una vieja nota bien doblada. “Su hijo está mentalmente enfermo y no podemos permitirle que venga más a la escuela”. En su lugar yo habría llorado mares. Hasta ahogarme. Seguro que él lo hizo. Amor maternal puro, 24 quilates. Ahora que además de ser hija estoy en el otro lado del hilo, sé que haría lo mismo que aquella señora. Tratar de proteger a mi cachorro de esa tonelada de dolor gratuito.

Como lo que se da, retorna, sobre todo lo bueno, esta semana la Gran Bretaña nos ha regalado una historia que nunca leeremos en un libro de Irvine Welsh pero cabría en una película de Mike Leigh. Un niño de seis años vio cómo su madre se desplomaba sobre la mesa del desayuno. Llamó a emergencias, envió un mensaje a su padre y se encargó de cuidar a su hermano de un año y mantener la calma ante un bajón de glucosa que podía haberse llevado a esa mujer diabética al otro barrio. Amores de ida y vuelta. Grandes.

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