Danza

Robótica

Por Teobaldos - Sábado, 6 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Actuación de bluprint

Intérpretes: Bluprint, nombre artístico de Héctor Dorian. Programa: Demostración de Animation Dance. Programación: Museo Universidad de Navarra (MUN). Fecha: 4 de mayo de 2017. Lugar: auditorio del MUN. Público: más de media entrada (6 euros).

Tienen la robótica metida en el cuerpo. Parece que se han tragado las imágenes de la animación de videojuegos, de la manipulación de la moviola, o de cualquier alteración rítmica de las imágenes que nos sirve la pantalla. Ya el año pasado (DN 15-2-16) deslumbró Marquesse Scott, en este mismo escenario;y, este año, lo ha hecho Bluprint, nombre artístico de Héctor Dorian (Atlanta, 1994). Estamos en el mundo de la danza contemporánea -de ahora mismo- que abarca muchos estilos, casi un estilo por individuo;algo así como el flamenco, donde, dentro de esa riquísima generalidad, existen individuos o familias que imprimen carácter e inventan rasgos muy personales. Aquí, se habla de hip-hop, dubstep, funky, 2-step garage, breakstep, etc. Es todo ese enorme movimiento de danza callejera. Pero, donde Héctor Dorian se encuentra especialmente en su salsa, es en el estilo Animation, según él mimo explica, donde predominan los movimientos ondulatorios, ticks compulsivos, y estética robótica. Pero, además de esta aportación individual al estilo, Bluprint ha formado cierta escuela con su proyectoDragon House, donde varios artistas desarrollan nuevas tendencias de expresión corporal, y que considera como su propia familia. A juzgar por uno de los vídeos proyectados, el propio Marquesse Scott está dentro de la familia Dragon House. Yo creo que toda esta investigación del movimiento corporal, que desarrolla una técnica portentosa de dominio del cuerpo, de extrema exposición física -se baila sobre el canto de un pie-, con un virtuosismo nada desdeñable, y que requiere un trabajo feroz, puede dar estéticas e invenciones de nuevos pasos en el conjunto de la danza (o ballet) contemporáneos. Ciertamente -y el mismo Dorian lo confirma en el coloquio entre actuaciones- predomina la improvisación, pero sí que van quedando unos movimientos estándar, sin duda aprovechables para posteriores coreografías narrativas. El sutil ejercicio de pies que el bailarín hace sentado, es un ejemplo.

Bluprint, dentro del dominio total del cuerpo, destaca, a mi juicio, por el soberbio movimiento de manos, con una variedad de registros admirable: contornos, figuras, vuelo…, que hace extensivos a los brazos. Me llama la atención, también, el desplazamiento muscular -a su antojo- del pecho, por ejemplo. Es un espectáculo visual pormenorizado de las posibilidades de toda la musculatura.

El público -media de veinticinco años- queda fascinado. Y, después de las actuaciones en directo -o las vistas en vídeo-, Dorian da una clase magistral a las siete personas que suben al escenario, comenzando, claro, por el movimiento de manos. Aquí vemos que, aunque hay mucha improvisación en este estilo, en realidad -como bien nos dijo el año pasado el director de la Bienal de Venecia-, la improvisación no existe. Existen el trabajo y los ensayos. Y, un detalle: a diferencia del clásico, de los siete voluntarios, seis eran chicos.