Los insustanciales y los otros

José Luis Latasa Loizaga - Domingo, 7 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Los insustanciales son los que se emocionan con las peticiones, bodas, separaciones, infidelidades, sean de artistas, de deportistas, de sangre azul o los que nos parece una parte de la vida alterada, para unos pocos y que no merece nuestra atención.

Al vulgo se le estimula con vulgaridades. No hay que razonar, ni siquiera intentar educar hay que fomentar lo que el pueblo quiere, vidas privadas, héroes de barro. Se utiliza el morbo y el cotilleo, quizás sean una forma de alineación y de consuelo. Ver a esa persona que es más infeliz que yo y a esa otra que es mucho más cretina.

El cotilleo rastrero es una condena, una especie de pequeño infierno humano, y una gran pobreza aunque nos entretenga. Estamos enriqueciendo el mundo de los insustanciales, de la simpleza, llevada al gran pedestal.

Fr. Alejandro Barrajón dice: “El drama de nuestro tiempo tal vez sea éste: mirar sin ver, pasar sin quedarse, caminar sin avanzar, oír sin escuchar, quedarnos atrapados en la telaraña de lo superficial, en la cáscara de las cosas, sin llegar al centro donde está lo más fructífero de la semilla”.

Pienso que la insustancialidad es lo más usual de la nuestra cotidiana vida, quizá por eso se le puede considerar lo más normal. Aunque a otros no nos importa estar en la cotidiana anormalidad.

Pero la gran diferencia que hay entre los insustanciales y los demás está en que los primeros son más y apabullan a la minoría que, estoicamente, tiene que soportar las desinformaciones que salen en la televisión y que aparecen en otros medios de comunicación.