Mesa de Redacción

El valor de los escaños en el Congreso de Madrid

Por Joseba Santamaria - Domingo, 7 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:07h

el acuerdo presupuestario entre el PNV y el Gobierno de Rajoy puede gustar mucho o poco o nada desde el punto de vista político. Personalmente, avalar la continuidad de Rajoy y del PP en el Gobierno no me gusta nada. La necesidad de higiene democrática en el actual modelo de Estado exige una regeneración política profunda, que el PP es imposible que pueda afrontar. Y al mismo tiempo la realidad de la batalla partidista entre PSOE y Podemos muestra que un cambio de Gobierno es hoy algo lejano. Por ello, casi nadie niega que ese acuerdo ha sido positivo económica y financieramente para la CAV y refuerza el margen de maniobra de su autogobierno con la renovación del Cupo y la readecuación de su aportación del Estado a la realidad presente tras siete años de bloqueo. Es la foto con un PP acorralado por la corrupción, adalid de políticas reaccionarias en lo democrático, recentralizadoras en lo institucional y regresivas en lo social y laboral lo que puede situar al PNV en un flanco de debilidad política ante la sociedad. Pero puestas ambas cosas en la balanza, el PNV ha optado por priorizar el valor de los logros al riesgo de los posibles costes. El tiempo dirá si han pesado en la opinión pública más los logros o los costes, pero de momento ha sabido negociar para ganar. Por ello creo que UPN se equivoca al devaluar como mercadeo el alcance de ese acuerdo para la CAV. Se equivoca porque la comparación entre lo conseguido por los cinco diputados del PNV para la CAV y lo logrado por los dos de UPN -igualmente claves para Rajoy en el Congreso-, para Navarra en los Presupuestos del Estado de 2017, cero euros nuevos y un nuevo recorte de la inversión estatal en Navarra del 25%, no les deja en buen lugar. Se equivoca porque el coste de la foto con el PP de la corrupción ya lo lleva encima UPN por su pacto político y electoral con este partido desde hace años. Y se equivoca porque el resultado global de esa comparación cuestiona la capacidad e influencia política de los negociadores de UPN, sean quienes hayan sido. Quizá debiera reflexionar en positivo por una vez UPN y utilizar el valor de sus dos escaños para impulsar el acuerdo entre Navarra y el Estado que está negociando el Gobierno de Barkos para renovar el Convenio Económico. Sin olvidar que Navarra también tiene como la CAV cuestiones pendientes de cerrar con Madrid en infraestructuras, autogobierno o energía para las que deben buscarse soluciones pactadas. No es mercadeo político, simplemente es la obligación políticade aprovechar los momentos de oportunidad -la situación de minoría del Gobierno de Rajoy y la falta de una alternativa posible ahora mismo en Madrid-, para lograr los mejores resultados para los intereses generales en una negociación política. Es saber anteponer el pragmatismo político -por mal que suene esa expresión-, a las obsesiones ideológicas, los intereses colectivos a las urgencias partidistas. Es no saber asumir esto último lo que lastra cada vez más la capacidad política de UPN, tanto en Madrid como en Navarra. En esta negociación presupuestaria, posiblemente Navarra hubiera ganado más si UPN hubiera arrimado el hombro en lugar de dedicarse a su obsesión de poner palos en la rueda con la intención de intentar perjudicar -encima inútilmente-, al Gobierno de Barkos. Más aún cuando esa estrategia obstruccionista sólo perjudica al conjunto de la sociedad navarra.