Repensar el pensar

Por Gabriel Mª Otalora - Domingo, 7 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

vivimos en tiempos revueltos y confusos en donde convivimos con la tensión entre el desplazamiento de la filosofía de las aulas y la necesidad de recuperar la educación filosófica como una acción capaz de plantear problemas nuevos;y a la vez, ser un referente educativo que enseña la buena vida, llamada ética, en un lenguaje para todos. Estamos bajo los efectos de la educación tecnológica ajenos a los interrogantes acerca de sus consecuencias más allá del corto plazo, donde la filosofía se vuelve irrelevante.

Esta reflexión viene a cuento gracias a la revisión de mis libros y papeles que realizo con periodicidad para mantener las constantes del espacio y de la armonía familiar que disfruto. Y en esto que aparecen unos textos de la filósofa Marina Garcés que se caracteriza precisamente por hacer de la filosofía práctica un recurso intelectual accesible presentando sus inquietudes intelectuales de manera que nos hace pensar con espíritu crítico. Lo ha conseguido conmigo leyéndole ideas como ésta: “Hay una creciente brecha abierta entre lo que hay que hacer y lo que puede hacerse, lo que importa de verdad y lo que cuenta para quienes hacen y deshacen;entre lo que ocurre y lo deseable”.

Si estuviesen de moda las tertulias de antes, con tiempo por delante y espacio para la comunicación entre quien habla y quienes escuchan, surgirían abundantes reflexiones lúcidas en torno a estas ideas de Garcés. A mí me sugiere que toda brecha es susceptible de ampliarse o corregirse;depende de la dirección de los esfuerzos. Si lo que pretendemos es blindar solo nuestra posición individual, la conclusión puede describirse con la rotundidad de Hugh Downs: afirmar que mi destino no está ligado al tuyo es como decir que tu lado del bote se está hundiendo.

Actuamos demasiadas veces de manera insensata porque creemos que lo contrario no va a servir de nada. Y nos movemos desde el temor a que la solidaridad se interprete como una debilidad cuando no una trampa traicionera: por eso ya no pretendemos lograr una sociedad mejor, pues mejorarla es una esperanza vana, y nos conformamos con no perder lo que ya tenemos. De esta manera, arriesgamos cada vez menos y si lo hacemos, es sobre todo para no perder. Pero el miedo a perder nos hace perder hasta empobrecernos por dentro y por fuera.

Garcés nos recuerda que vivimos en un país de rebajas: rebajas salariales, rebajas en derechos sociales y políticos, rebajas en ambiciones culturales, rebajas en los imaginarios colectivos… Al contrario de la filosofía, que no acepta rebajas, ni siquiera es neutral: es crítica porque, si no, sería un refugio, o una zona de confort intelectual y ética que traicionaría su objetivo fundamental;ella demanda actuar con “humildad ambiciosa” porque ni lo sabemos todo y siempre podremos ir más allá si respetemos los límites de la existencia para no acabar estrellados.

Ya no existen soluciones parciales a los problemas de nuestro tiempo. Por eso me parece oportuno que se destaque en el Día Mundial de la Libertad de Prensa (3 de mayo) la idea de “mentes críticas para tiempos críticos”. Repensar lo que somos y hacia dónde queremos ir;porque todos, en definitiva, buscamos lo mismo: que nos quieran, poder amar, sentirnos realizados y libres. Pero estamos desconcertados por las consecuencias de la inmoralidad, tan atractiva a corto plazo como todo lo malo.

Creo necesaria la reflexión “entre lo que ocurre y lo deseable” para encontrar resultados diferentes;interrogarnos críticamente sobre lo esencial para los humanos, que no es la emulación del poseer permanentemente insatisfecha sino amar a las personas. Recuperar lo que significa amar en el sentido transformador de nuestra insatisfacción que ya forma parte de nuestra cultura. Confieso una sana envidia del Papa Francisco, que “todo lo abraza con la mirada”, como ha señalado el padre Ángel. Un ejemplo de la filosofía práctica de la que nos habla Marina Garcés, llevada hasta las mejores experiencias.