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La derecha aprovecha la campaña de la renta para criminalizar los impuestos

UPN y PP utilizan la última reforma fiscal para trasladar la doctrina neoliberal

La mejora que prometían en campaña beneficiaba diez veces más a las rentas altas

Ibai Fernandez - Domingo, 7 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Varias personas haciendo la declaración de la renta.

Varias personas haciendo la declaración de la renta. (PATXI CASCANTE)

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Varias personas haciendo la declaración de la renta.

Pamplona- Nunca antes en Navarra se había hablado de la campaña de renta en términos tan negativos. Por tierra mar y aire, la derecha política y social, que por primera vez en los últimos 20 años encara una campaña del IRPF en la oposición, alerta a los ciudadanos de las graves consecuencia que se va a encontrar al hacer la declaración por culpa del Gobierno, como si nunca antes se hubieran recaudado impuestos ni se hubieran subido los tipos de tributación. De hecho, en términos generales la reforma aprobada el pasado año devuelve la situación a 2014, modificada a última hora en víspera electoral, y que el nuevo Gobierno corrigió al llegar al poder por entender que suponía una merma en la recaudación de 100 millones solo en 2016.

El debate sin embargo ha adquirido términos insólitos. “Palo”, “reforma sanguinaria”, “crujir a impuestos”, “ataque a las familias”. Todo vale en la búsqueda de un titular que ayude a crear alarma social. Un mensaje que tiene calado en la población, que mira como nunca si la renta le sale peor o mejor que el año pasado para acabar culpando al Gobierno de la posible subida. Hasta el punto de que aumentos tributarios de 200 ó 300 euros, 20 euros al mes, se acaban interpretando prácticamente como un robo, aunque en la comparación con 2014 apenas haya diferencias.

Evidentemente, la aportación de una parte de los ciudadanos, aquellos con trabajo y sueldo de más de 30.000 euros, es superior a la de 2015. Ese era precisamente el objetivo, recaudar más para poder aumentar la inversión social. “El impacto positivo de la reforma fiscal ha permitido mejorar prestaciones como la gratuidad de la vacunas de neumococo, rebajar las tarifas de las escuelas infantiles o mejorar la renta garantizada”, defendía esta semana la presidenta Uxue Barkos.

Es la receta económica tradicional de la izquierda, recaudar más para repartir mejor, y que los últimos 50 años ha sido eje central de la socialdemocracia europea. Una corriente política sumida hoy en una grave crisis de identidad desde que en los años 90 quiso buscar un punto de encuentro entre la doctrina económica liberal y el sistema de protección social.

Fue, en realidad, la victoria ideológica del neoliberalismo, en la medida en que consiguió que una parte de la izquierda, la que asumía responsabilidades institucionales, interiorizara como discurso propio la teoría de que, a menos impuestos más inversión y más economía. “Bajar impuestos es de izquierdas”, llegó a presumir José Luis Rodríguez Zapatero en 2003.

La economía especulativaLa doctrina neoliberal basada en una menor regulación y control de la economía funcionó durante los años de bonanza al abrigo de la burbuja inmobiliaria y la especulación. La bajada de la tributación de las rentas altas y grandes empresas se veía compensada por un auge económico basado en la construcción y el endeudamiento privado, dando paso a una carrera de rebajas en el IRPF y supresión de impuestos como el Patrimonio o Sucesiones.

Una subasta fiscal a la que entraron también los gobiernos autonómicos como reclamo de empresas. Deriva consolidada hasta el punto de que todavía hoy se recurre a los tipos altos del IRPF, que afectan a una minoría, como si fueran referencia válida para comparar los sistemas de tributación autonómicos. Y que Madrid, ayudada por el atractivo de la capitalidad que ofrece un Estado centrípeto, ha aprovechado para ofrecer grandes ventajas fiscales. Todo un exponente del modelo económico neoliberal que se ha traducido también en privatizaciones de los servicios públicos y sanitarios, con un uso de los fondos públicos que ha quedado en evidencia las ultimas semanas. Si alguien ha pegado un “palo” a los ciudadanos, no ha sido precisamente la Hacienda foral.

Justicia socialEl resultado ha sido una pérdida paulatina de la progresividad fiscal. Las diferencias entre quienes más y menos ganan iban creciendo en España desde el momento en el que se bajaba el tipo del IRPF y se subía el IVA. Los impuestos indirectos están hoy más altos que nunca, lo que perjudica a las rentas bajas. Quien poco tiene, todo gasta, mientras que quien tiene capacidad para ahorrar lo puede hacer con los tipos impositivos bajos que ofrecen los fondos de inversión, algunos especialmente opacos como las SICAV.

Algo parecido ha ocurrido con el Impuesto de Sociedades, reducido al mínimo por la caída de los beneficios fiscales. Pérdidas que permiten compensar las ganancias que empiezan a mostrar ahora algunas compañías, que siguen lejos de aportar a la caja común lo que aportaban en tiempos de bonanza. Todo un golpe a la clase trabajadora, que ha visto como se recortaban los servicios públicos básicos mientras se le responsabilizaba de la crisis con el argumento de que había vivido por encima de sus posibilidades. Y a quien ahora se le intenta convencer de que pagar impuestos va contra sus intereses. “Van a implantar una sociedad de subsidio y subvenciones”;“La renta básica universal es un regalo imposible que desincentiva la búsqueda de empleo”, han defendido los últimos días dirigentes de UPN.

La trampa del lenguajeNo hay nada que refleje mejor la doctrina neoliberal que el llamado Día de la liberación fiscal, que cuenta los días de salario que el contribuyente proporcionalmente destina a pagar Hacienda, como si hasta entonces no pudieran ir al médico o llevar a sus hijos al colegio. Pero que en Navarra los lobbys más ultraliberales han aprovechado para probar su teoría del “infierno fiscal”. “Esta comunidad es la que soporta la carga tributaria más alta de toda España”, denunciaba hace escasas fechas uno de estos grupos de opinión contrario a los impuestos, haciendo referencia a la situación en la que se encuentran las rentas entre 55.000 y 150.000 euros anuales, cuando el salario medio es de 24.700 euros.

Son mensajes que esconden un objetivo final, la defensa de Navarra como paraíso de las rentas altas. De hecho, el programa electoral con el que UPN y PP concurrieron en coalición a las últimas elecciones generales proponía una rebaja tributaria de dos puntos para todos los tramos del IRPF. Algo que puede aparentar equidad, pero que esconde una gran merma de la progresividad del impuestos de la renta. La medida no fue aprobada, entre otras cosas porque la situación financiera del Estado no lo permite, pero hubiera supuesto un beneficio económico diez veces superior para los tramos altos del impuestos que para los más bajos.

Un cebo fiscal para muchas familias, cautivadas por la alarma social creada con la última declaración de la renta al tiempo que se mantiene la subida del IVA del 18% al 21% aprobada en 2012. Y que con un gasto semanal de 100 euros supone 150 euros más al año. Cantidad que paga igual quien cobra 1.000 euros al mes que quien cuenta con una nómina de más 3.000 euros, sin que ello suponga un atraco ni infierno fiscal para estos grupos de presión.

Son matices técnicos que lógicamente se escapan a muchos ciudadanos, preocupados por sus propios ingresos, y a quienes nunca les resulta agradable que la declaración de la renta salga a pagar. Aunque ello no signifique necesariamente que esté pagando más que el año anterior. Un caldo de cultivo abonado durante meses con un discurso alarmista de partidos de derechas y organizaciones afines. Y que en Navarra se completa con el miedo al euskera o la ikurriña, como si fueran el único gasto del Gobierno.

Es, en el fondo, una estrategia electoral, pero tras la que se esconde también una lucha ideológica huérfana por la izquierda, que no ha sabido defender un pilar básico del Estado del bienestar como es la recaudación tributaria. Es la tradicional confrontación entre el capitalismo norteamericano y la socialdemocracia europea. El individualismo contra la colectividad.

Llama por ello especialmente la atención la posición de PSN, subido al carro de alarmismo fiscal mientras sus dirigentes cierran filas con Pedro Sánchez, cuyo eje principal de su discurso es precisamente la lucha contra el neoliberalismo. Más gasto e inversión pública y más protección social, lo que implica también más recaudación y más impuestos. Porque el viejo dogma de la derecha, de que bajando impuestos aumenta la recaudación se ha demostrado falso si no viene acompañado de un importante aumento del consumo, del empleo y de los beneficios empresariales. Lo que no ocurre en épocas de crisis como la actual, tal y como ha quedado demostrado en el Estado, que a finales de 2016 tuvo que subir las retenciones a las empresas para compensar la rebaja aprobada a principios de año.

Combatir el miedo a Hacienda, a pagar impuestos como garantía de una sociedad justa y solidaria, se ha convertido así en un reto clave para la izquierda. Un debate que la socialdemocracia ha evitado plantear durante mucho tiempo, y que le ha llevado, junto a la renuncia de otros postulados ideológicos, a una pérdida de identidad que amenaza su futuro en Europa. Pero que debe empezar a batallar si no quiere acabar engullido por quienes no tienen miedo a plantear sus propios debates.

gasto social vs inversión pública

La perversión del lenguaje

Presupuestos. El debate económico pervierte hasta el lenguaje presupuestario, en el que se denomina “gasto social” al sistema de protección pública, y se llama “inversión” a las grandes obras públicas. Una manera subliminal de hacer ver qué es prioritario y qué accesorio, motivando una pérdida de identidad de la clases menos pudientes, que son quienes más necesitan los servicios públicos. Convencerles de que no les interesa pagar impuestos es la victoria del poder económico, que ha promovido una pérdida del poder adquisitivo con la reforma laboral mientras distrae la atención con polémicas anecdóticas mucho más fáciles de entender. - I.F.