Casco rojo

Kill Bill

Por Sergio Garbisu - Lunes, 8 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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Venganza y katana. Dani lleva en su casco un pequeño samurai, chupete en boca, con una larga katana esperando su momento. Ese es su símbolo. Lo del chupete imagino que por la cara -y cuerpecillo- de niño que tiene, o mejor, tenía. Lo del samurai nunca lo entendí demasiado, pues no es un piloto que precisamente destaque por su furia, o por su forma de pelear. Mejor si hubiera llevado como logo una pareja etérea bailando un vals en la ópera de Viena. Porque para que Pedrosa gane todo debe fluir. Alinearse los planetas como Dios manda, que la temperatura sea la adecuada, que él esté inspirado, que haya dormido bien, que el Cola Cao no le haya hecho grumos… en fin circunstancias que se dan muy pocas veces juntas en una temporada. Pero cuando se dan, no falla. Por eso ha ganado siempre por lo menos una carrera en cada una de sus 12 sus temporadas ya en MotoGP. Todas a lomos de una Honda oficial. Y he ahí la cuestión. Hace ya unos cuantos años que la mayoría, incluidos sus jefes nipones, pensamos que Dani no va a ganar un mundial. Nunca. Y la razón es que simplemente cada año hay por lo menos un piloto que es mejor que él. Ya no es cuestión de si se lesiona mucho o no, o de mala fortuna. Es que es un buen piloto, muy fino y con grandes cualidades, pero no es un superpiloto. No es Marc, ni Vale, ni Jorge, ni Maverick, ni Stoner… siempre ha habido uno con la misma moto que él, o distinta, que ha sido mejor. Y le ha costado pero ya asumió en su momento que si quería seguir en HRC con una oficial debería aceptar ser el segundo piloto. Y sin ir más lejos, en la presentación del equipo este año, estaban los dos pilotos, él y Marc, pero solo una moto, con el número 93. Esto es muy inusual en las presentaciones de los equipos, donde siempre aparecen los dos pilotos y sus dos motos. Pero era un modo de hacer público, por parte de los japoneses, que quedara claro quién era su piloto jefe y quien él consorte. Pues ayer bajo la solana jerezana, el bebé samurai consumó su venganza.