Germán Ereña INVESTIGADOR DE LA OBRA DE ISIDORO FAGOAGA Y EXPERTO EN WAGNER

“Los gobiernos vasco y navarro no han sabido sacar partido a la figura de Fagoaga”

Durante más de quince años Germán Ereña se ha dedicado a recuperar la figura del tenor beratarra Isidoro Fagoaga, una figura que ha permanecido en el olvido

Juanma Molinero Javi Colmenero - Lunes, 8 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Galería Noticia

Bera- Ereña, que en su tiempo libre disfruta como atabal de la banda de txistularis de Eibar, es un consumado experto en Richard Wagner. La música del compositor alemán le llevó a conocer la vida y obra de Fagoaga (Bera, 1893-Donostia, 1976), uno de los tenores que mejor cantó las piezas del genio alemán. La localidad navarra homenajea estos días a su ilustre vecino gracias al colectivo Isidororen Lagunak con una exposición y varios actos, entre ellos la colocación el pasado sábado de una placa en la casa Agramontea del barrio de Illekueta, donde nació y vivió el cantante. Al exhaustivo estudio de Ereña sobre Fagoaga solo le falta un editor que publique la extensa biografía de un tenor que triunfó en la Scala de Milán con las obras más representativas de Wagner y que apagó su voz tras los bombardeos de Gernika, en un grito de protesta contra el fascismo.

¿Por qué ha estado Isidoro Fagoaga olvidado durante tantos años?

-Dejó de cantar hace ya 80 años y cantaba un repertorio que principalmente era de Wagner, que no es el preferido del aficionado a la ópera. Wagner es la minoría de las minorías. Fagoaga fue un personaje apolítico, no estuvo afiliado a ningún partido. Antes con Franco y ahora con la España de las autonomías, el Gobierno Vasco y el de Navarra no le han reconocido o no han sabido sacar partido al personaje. Estoy seguro de que si se hubiera afiliado, por ejemplo al PNV, donde tenía amistad con Irujo y Aguirre, igual hoy sería más conocido y estaría en fotos de muchos batzokis como un personaje valorado por su actitud y la posición que tuvo ante el bombardeo de Gernika. Hizo lo que creyó que tenía que hacer y se fue de Italia porque no quería saber nada con los que apoyaban a Franco y con aquella sociedad italiana que apoyaba a Franco. Se autoexilió. Fue un compromiso que adquirió tras el bombardeo y se autoexcluyó de vivir en un país bajo la dictadura de Franco. Fagoaga ha sido un personaje olvidado casi en su pueblo, en muchas partes de Navarra e incluso por la afición wagneriana.

Dice que era apolítico pero él solía confesar que era un patriota vasco...

-Es que son conceptos diferentes. Mucha gente sentimos muy fuerte nuestras costumbres, lenguas, etc. pero no pertenecemos a ningún partido político. Fagoaga jugó honestamente. Se identificaba con la identidad vasca pero no quería saber nada con el régimen franquista.

¿Nunca se arrepintió de dejar de cantar?

-Cuando lo dejó tenía 44 años y estaba en plenas facultades artísticas y vocales. Podía haber seguido otros 15 años cantando pero, a pesar de que recibió propuestas de otros teatros, decidió no cantar más. Él decía que cuando cantaba no era feliz, pero cuando escribía sí.

Fagoaga tuvo una vida intelectual muy intensa...

-En los baúles de sus familiares en Irurita ha aparecido mucha documentación. Entre la correspondencia están las cartas que se cruzó con Barandiaran, con Aguirre, con Guridi, Pablo Sorozabal, el escritor cubano Zamacois… Cartas con Toscanini, con Sigfrid Wagner, el hijo de Wagner…

Comentaba antes que era más feliz escribiendo que cantando...

-Sí. De hecho, decía que en una representación ganaba más que emborronando cartillas. Era lo que más le gustaba.

En una entrevista con Martin Ugalde, Fagoaga asegura que en un mes podía ganar 160.000 pesetas. Sería una fortuna en la época...

-En los baúles están todos los contratos teatrales que firmó en Italia y el máximo que ganó por representación fue de 7.500 liras, que hoy serían unos 6.000 euros, aunque seguramente era más. Era el segundo mejor pagado de Italia. Tuvo que ganar mucho dinero porque dejó de cantar a los 44 años y vivió otros 40 de los beneficios del canto. Fagoaga fue uno de los mejores exponentes en el canto de Wagner en italiano.

Tenía vocación de vasco universal.

“Era el segundo tenor mejor pagado de Italia y el mejor representante de la música de Wagner en italiano”

“Encontrar en Irurita los baúles con todos sus recuerdos fue una de las experiencias más bonitas de mi vida”

“Jugó honestamente: c

-Después de la Guerra Civil y ocho años después del bombardeo de Gernika, Rafael Pikabea, de Oiartzun, fundó un instituto sobre Gernika y la revista “Gernika”, una de las experiencias más importantes del exilio vasco. Tenía carácter humanista, era abierta y apolítica. Salió en 1945 y al morir Pikabea la retomaron Fagoaga y Juan Thalamas Labandibar. La impulsaron hasta 1953 y estaba escrita en francés, euskera y castellano. Participó la intelectualidad vasca del momento. Fue una revista criticada por el sector más tradicionalista del PNV, que no veía con buenos ojos que un grupo de diferentes formas de pensar proclamara y hablara del tema vasco sin el odio hacia lo que había pasado en la Guerra Civil. La revista fue la aportación más importante de Fagoaga al exilio.

¿Era un hombre sin resquemor?

-Sí, y siempre me ha sorprendido. No sé si porque había miedo, porque quería olvidar o porque después de tanta guerra solo quería paz. Es el mensaje de Gernika. En el Museo de la Paz de Gernika también se habla sobre todo de la paz.

Resulta paradójico que Fagoaga cantara a Wagner, el compositor preferido de Hitler, y acabara en el campo de concentración de Gurs.

-Hitler es el wagneriano más famoso del mundo. Fagoaga fue un admirador de Wagner y ya conocía la situación desde mediados de los años 20, cuando participó en el Festival de Bayreuth, donde había espectadores que cuando sonaba Wagner ponían el brazo en alto. Fagoaga ya sabía el clima que se estaba creando. Sigfrido, el hijo de Wagner, y su mujer eran admiradores de Hitler y Hitler aprovechó la extraordinaria música de Wagner con fines propagandísticos. Desgraciadamente todavía está ese sambenito pero hay que saber diferenciar arte y política. Fagoaga sí lo hizo. Cantó hasta 1937 en un régimen fascista como el de Mussolini y luego escribió artículos sobre Wagner. No causaba contradicción.

Encontrar en Irurita un baúl con cientos de recuerdos de Fagoaga supongo que fue como para un arqueólogo hallar un yacimiento.

-Fue muy emocionante porque lo que yo conocía previamente sobre Fagoaga era lo que había conseguido con investigadores extranjeros y españoles. Conocía casi toda su vida y al abrir los baúles vi en la práctica todo lo que sabía en la teoría. Estaban todas sus críticas en los periódicos, programas de mano, carteles, trajes con los que salía a escena. Fue una de las experiencias más bonitas de mi vida. Gracias a ese material pude ir clasificando toda su vida por representaciones, años... y escribir su biografía, que espero que se publique.

Le falta un editor.

-Sí. Lo que ocurre es que es una biografía muy detallada, con muchas notas y con muchas fotos. Solo con las fotos se puede seguir toda su vida. Las editoriales dicen que no es vendible y editable. Otras dicen que parece una tesis doctoral.

¿Qué necesita para publicarla, apoyo institucional, además del económico?

-Me dicen que con una ayuda se podría editar un bonito tomo. Pero hablamos de dinero. Estoy esperando la respuesta de una editorial. Ahora, con la exposición sobre Fagoaga en Bera, hubiera sido un buen momento.

¿Cuántos años lleva estudiando a Fagoaga?

-Empecé en 2001, cuando volví del primer viaje al Festival de Bayreuth. Me pareció que era un personaje que estaba olvidado y que no se conocía su trayectoria. No fue un escritor de la talla del cantante, pero ahí está su trabajo. Me sorprendió tanto su actitud ante el bombardeo de Gernika, que me parecía que era una personalidad especial. Desde entonces empecé poco a poco contactando con investigadores y gente que estudia las carreras de los cantantes, pero sin los baúles no sabría tan detalladamente todo lo que he podido volcar en este libro.

Y lo ha hecho todo sin ninguna ayuda...

-Pues sí. Al principio, cuando no conocía la existencia de los baúles, contactaba con los teatros en los que cantó y con las bibliotecas de esas ciudades para obtener las críticas porque Internet estaba en mantillas. Mandé un montón de cartas y a algunas me respondían, a otras no, con otras me pedían un giro postal… Hasta que me acerqué a Irurita y encontré ese tesoro.