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La piña revoluciona el tratamiento de quemados

la bromelaína, sustancia derivada del tallo de esta fruta, permite retirar la piel afectada y favorece su regeneración

Un reportaje de Inés Escario - Lunes, 8 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Enrique Monclús explica la utilización de la sustancia denominada bromelaína, derivada del tallo de la piña.

Enrique Monclús explica la utilización de la sustancia denominada bromelaína, derivada del tallo de la piña. (Foto: Efe)

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Enrique Monclús explica la utilización de la sustancia denominada bromelaína, derivada del tallo de la piña.

La bromelaína, sustancia derivada del tallo de la piña, permite retirar la piel quemada de los pacientes de forma selectiva, lo que favorece la posterior regeneración y marca “un antes y un después” en el tratamiento de pacientes quemados.

Así lo asegura el coordinador médico de la Unidad de Grandes Quemados del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza, Enrique Monclús, que desde mayo de 2015 utiliza este tratamiento basado en la bromelaína para el desbridamiento de las quemaduras, proceso que consiste en retirar la piel afectada y que no podrá regenerarse.

“Es una mejoría y beneficio espectacular para el paciente quemado, tanto a nivel estético, como de tiempo de hospitalización, calidad cutánea, menor pérdida de sangre y descenso de cirugías para las secuelas”, detalla este cirujano plástico, precursor de este tratamiento junto a sus colegas del resto de Unidades de Grandes Quemados españolas, que se han ido sumando a la nueva técnica desde su aprobación en el país en 2015.

En el proceso de aplicación las enfermeras son las verdaderas protagonistas, que se encargan de administrar la sustancia en forma de crema sobre las quemaduras y que la retiran cuatro horas después para someter al paciente a una cura húmeda y retirar los restos de piel afectada.

Pero la bromelaína no es un tratamiento curativo por sí mismo, incide el cirujano, sino que prepara un lecho para curarlo de otra manera: bien favoreciendo la regeneración de la propia piel, o bien mediante injertos en las zonas más afectadas donde ya no queda dermis.

En cualquier caso, el doctor destaca el descenso de injertos para las quemaduras de tercer grado desbridadas con bromelaína, ya que antes el paciente se tenía que someter a cirugía siempre y ahora sólo en un 20% de los casos, según la experiencia en la unidad del Miguel Servet.

La de Zaragoza fue la tercera en España en utilizar esta sustancia y desde entonces han tratado a 30 pacientes con este procedimiento que ya se ha convertido en el habitual en quemaduras térmicas graves, frente al tradicional desbridamiento en quemados que se realizaba con el dermatomo, un instrumento quirúrgico provisto de una cuchilla para retirar la piel quemada.

Para Monclús, este procedimiento clásico que lleva utilizándose desde los años 70, tiene una clara desventaja: para llevarte la piel quemada tienes que llevarte la sana, se hace una especie de tabla rasa.

Sin embargo, la bromelaína es selectiva, “lo que está muerto se lo come y todo lo demás lo deja”, algo que fomenta la regeneración de los propios tejidos cutáneos.

pionero en uso facialAnte los resultados obtenidos con la nueva sustancia derivada de la piña en la piel del cuerpo, el doctor Monclús se preguntó por qué no utilizarla en la cara de los quemados.

Así, el equipo del Hospital Miguel Servet se ha convertido en pionero en establecer un protocolo en el uso facial de la bromelaína, que se complementa mediante la aplicación de un gel a base de miel de manuka, un cicatrizante con propiedades antiinflamatorias y analgésicas.

De momento, ya han tratado a quince pacientes y “no es solo que no vaya mal en la cara, es que es la mejor indicación que tiene el producto”, opina el cirujano ante los “maravillosos” resultados obtenidos en los pacientes, en los que no ha sido necesario realizar injertos.

El uso de este producto derivado del tallo de la piña y desarrollado en un laboratorio israelí, comienza a abrirse camino en países de América Latina, que ya están en proceso de unirse a los que lo han aprobado, como Israel y la mayoría de países de Europa, donde España ha sido pionera en su uso junto a Alemania e Italia.

“En menos de diez años será el tratamiento habitual de los quemados”, augura Monclús, quien espera que el desbridamiento quirúrgico clásico “pase a la historia” y quede reservado para los casos en los que, como las quemaduras de varios días de antigüedad, no se puede aplicar la bromelaína.