Recursos humanos

Nombres y números

Por Maite Pérez Larumbe - Martes, 9 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Está muy bien que las calles que en otro tiempo se adornaban con estatuas de señoras turgentes con clámides, liras y pergaminos alegóricos tomen el nombre de mujeres concretas. Es un paso, echar el anzuelo al pasado y repescar para traer al presente nombres que fueron propios y que ahora, sobre todo, nos sitúan en procesos.

Respecto a esta cuestión, Ana de Miguel, profesora de Filosofía Moral y Política, comparte una útil advertencia. Si bien es necesario recuperar estos nombres y biografías, construir una genealogía femenina, un listado de referentes, también es verdad que aunque llenáramos los libros de historia con los nombres de las mujeres que faltan y a Marie Curie, Isabel la Católica y Juana de Arco (las tres que a duras penas lograban citar el otro día un grupo de estudiantes de la ESO) se les añadieran el resto de compañeras significativas en la ciencia, la política, la creación y otros campos, el monto numérico sería sensiblemente inferior al de los hombres. ¿Fuimos las mujeres más torpes, más lelas, más desinteresadas o más frívolas? Claro que no va por ahí.

Por eso, la constatación del desequilibrio cuantitativo plantea que la tarea de recuperación no puede quedarse en una reivindicación individual ajena al análisis del contexto histórico y social, de las condiciones que permitieron que solo un reducido número de mujeres superara los requisitos que la historia arbitra para ser recordadas.

Sin embargo, en algunos registros, aunque, eso sí, de forma colectiva, las mujeres alcanzamos un protagonismo sin parangón. Por ejemplo, en los que precisan el número de excedencias por cuidados a hijas e hijos, hoy, en Navarra, superamos el 95%. Ahí es nada. Pues eso, que salir de la estadística para entrar en la historia es un proceso muy largo. ¿Por ahí la respuesta?