La regularidad de Oinatz

Pelota El leitzarra, rival de Urrutikoetxea en la semifinal del mano a mano del sábado en el Labrit, acumula esta curso dos finales seguidas

Igor G. Vico - Miércoles, 10 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Oinatz Bengoetxea, con la vista fija en la pelota durante un entrenamiento.

Oinatz Bengoetxea, con la vista fija en la pelota durante un entrenamiento. (Foto: Patxi Cascante)

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Oinatz Bengoetxea, con la vista fija en la pelota durante un entrenamiento.

Pamplona- Mikel Urrutikoetxea tiene el sábado una prueba muy complicada en el Labrit de Pamplona. El premio es jugoso: su tercera final consecutiva del Manomanista de la LEP.M. Sin embargo, su adversario es una piedra dura, volcánica y se encuentra en vena. Oinatz Bengoetxea está rayando a un nivel excepcional a la vista de los resultados conseguidos tras el verano. El navarro está viviendo una resurrección espectacular después de unos meses estivales incómodos, en los que su empresa, Asegarce, no depositó toda la confianza que merece un manista de su talla, hasta un Cuatro y Medio para quitarse el sombrero y un Parejas de diez. Para abrir boca, en la tercera prueba de la temporada se mece en las semifinales y, a pesar de encontrarse con un as, ya se erige como uno de los pelotaris más regulares de la actualidad.

Y es que su despliegue en las competiciones anteriores dan poso al lei-tzarra. La reivindicación del navarro en la jaula fue una revelación y el tránsito por la última frontera que le quedaba por vivir. Casualmente, en la semifinal se vio las caras con Urrutikoetxea -ya se han enfrentado en cuatro semifinales, dos de cada modalidad individual- y el envite se dirimió del lado de Bengoetxea VI por un solo tanto (22-21), que fue un dos paredes que se le escapó al vizcaíno. Más tarde, Oinatz supo sufrir ante un pelotari mágico como Jokin Altuna en una final de youtube, que volvió a pleitearse por un solo tanto de diferencia y en la que Oinatz no dudó en entrar en el cuerpo a cuerpo con el guipuzcoano a pesar de la mayor presencia física del leitzarra, que pudo hacer valer la largura de su juego, y del cansancio acumulado. Aun así, el delantero de Asegarce firmó su tercera txapela de Primera, una en cada modalidad, y entró en el selecto club de la Triple Corona, que solamente tienen Retegui II, Arretxe, Martínez de Irujo, Olaizola II, Barriola, Urrutikoetxea y Bengoetxea VI.

No le cambió la gasolina al navarro en el Parejas y apadrinó al joven Mikel Larunbe en su primer campeonato para hacer de faro hacia las semifinales y la final. El tándem funcionó. El galdakoztarra siempre alude a la facilidad de mezclar con el leitzarra, un pelotari sacrificado en el dueto y siempre positivo. El problema fue encontrarse en la última cita con Iker Irribarria y Beñat Rezusta, que propusieron un guion sin fisuras durante todo el campeonato y supieron hacer lo mismo en el choque que determinó a los campeones. El dominio evitó que Oinatz, quizás el mejor del partido cuando tuvo pelota, entrara en juego.

Una vez superados los vaivenes del torneo más largo del curso manista, sujetado con mano de hierro por el navarro, el Manomanista se le desperezó con una piedra de toque importante: Olaizola II en su edición número 18. El goizuetarra, que llegaba de tumbar a Aitor Mendizabal con un triunfo de autoridad, no pudo aguantar el ritmo del manista de Leitza, quien aprovechó un buen inicio para argumentar juego y solidez a partes iguales ante un pelotari que no tuvo su mejor día. De cualquier modo, Bengoetxea VI volvió a dar síntomas de una gran regularidad. Traza en cada partido un círculo. No se le acaba el gas.

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