El sitio de mi recreo

Rosas sobre el ring

Por Víctor Goñi - Miércoles, 10 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:06h

proclamados los tres candidatos a dirigir el PSOE cuando ya lucían ostentosas marcas de guerra, sólo puede quedar uno. Y ese uno no será desde luego López, cuyos 10.866 avalistas podrían sin embargo decantar la exigua distancia entre las 59.390 adhesiones iniciales de Díaz y las 53.117 de Sánchez ante la evidencia aritmética de que se ha posicionado el 70% del censo y así el margen para crecer de los dos favoritos se antoja tan limitado como el hipotético trasvase entre ambos. Gane la ortodoxia del PSOE clásico que personaliza Díaz, propulsada desde el histórico feudo andaluz, o el rupturismo paradójico del ex secretario general Sánchez, mecido por una corriente de fervor militante tras su derrocamiento, la cruenta campaña orgánica a la caza del aval primero y del voto después radiografía un partido doblemente partido. En lo ideológico para empezar, con una falla abismal entre los valedores del turnismo con el PP y los apologistas de la alianza con Podemos, lo que convierte en improbable una convivencia sin estridencias y se ha traducido ya en una dicotomía entre el sur y el norte, donde con la salvedad de Aragón se impone la visión del Estado más poliédrica que ahora preconiza Sánchez. La fractura interna no supone precisamente una novedad en el PSOE, pues por ejemplo Zapatero doblegó a Bono por nueve votos y Rubalcaba a Chacón por veintidós, pero ni en 2000 ni tampoco en 2012 existía una formación nítidamente de izquierdas a punto de sobrepasar al socialismo ni un PP pasto de los tribunales, infartado de corrupción, como estímulo de lógicas y crecientes reacciones de radicalidad regeneracionista dentro y fuera de las instituciones. La resultante es que el PSOE saldrá de este proceso de primarias con un líder nominal, sí, aunque todavía más dividido de lo que entró tras el desalojo de Sánchez a los dos años escasos de regencia. A la dificultad de atemperar las fobias personales y a la imposibilidad fáctica de alinear a toda la organización en torno a un ideario congruente y compartido sin el factor aglutinante de gestionar la Moncloa, se sumará en breve el debate asimismo desgarrador sobre si el vencedor encarna el mejor perfil para seducir al electorado progresista más allá de la afiliación. Donde antes se lanzaban rosas, hoy se largan mandobles. El PSOE habita en un ring.