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El sitio de mi recreo

Marcha mendaz, desvarío socialista

Por Víctor Goñi - Miércoles, 17 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:06h

navarra nunca fue negociable. Miguel Sanz lo sabía de fuentes directas del Gobierno de Zapatero pero qué importaba la verdad cuando se trataba de instrumentalizar a ETA para presionar al PSOE y que no permitiera un pacto del PSN con el nacionalismo vasco que pudiera desalojar a UPN de Palacio un trimestre después, como en efecto así sucedió pisoteando al socialismo navarro. Aquella manifestación del 17 de marzo de 2007 redundó en un akelarre colonizado por el PP para mayor gloria de Rajoy y vergüenza de algún insigne dirigente del extinto CDN, víctima propiciatoria de una deleznable manipulación como sigla convidada de pancarta de aquel Ejecutivo de Sanz. Otra manifestación falaz se orquesta para el 3 de junio por autoproclamados adalides del Fuero como interpuestos de UPN-PP, esta vez con el pretexto de la defensa de la bandera navarra pero para utilizarla como arma arrojadiza en contra de quienes paradójicamente también la consideran suya y en particular contra el Gobierno de Barkos. Cuestión distinta es que se sientan asimismo vinculados a la ikurriña, la enseña que los convocantes de la marcha aborrecen y cuya tolerancia en absoluto convierte a nadie en antinavarro -como perfectamente lo atestigua la ejecutoria de Javier Esparza como alcalde de Aoiz-, sino en un demócrata si la mayoría municipal donde se reside aprueba enarbolarla, siempre sin menoscabo de los símbolos oficiales. La tan repugnante como obvia intencionalidad política de procurar la fractura entre navarros con argumentos mendaces, blandiendo ahora las banderas como en 2007 a los asesinados, tiene hoy el insólito respaldo de la ejecutiva del PSN. Aval que muestra sin ambages el ocaso de un proyecto acomplejado que, en sentido contrario a los abyectos objetivos de la manifestación del 3-J, debiera cimentarse en los principios de cohesión social e integración de la pluralidad de esta tierra. Ese apoyo de la cúpula del PSN, mancillando su esencia primigenia de centralidad política, acredita el ínfimo nivel del debate interno y su insolvencia estratégica. Mejor haría María Chivite en contrastar con Juan Cruz Alli los perjuicios de tomar la calle del bracete de la derecha unida y uniformizante.

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