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la carta del día

Pendones (Honor y banderas)

Por Juan Torrens Alzu - Viernes, 19 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:09h

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Una vez más, los guardianes de las esencias patrias dan la voz de alarma para avisarnos de que la bandera del viejo reino está en peligro. Por lo visto, el vetusto pendón de recio abolengo ha sido vilipendiado, desprestigiado, denostado, vejado, humillado, escarnecido, maltratado y cuantos agravios se puedan enumerar, por los enemigos de nuestro rojo estandarte, fundamento, alma y sustancia del espíritu y la indiosincrasia navarra. Requiere acto de desagravio.

Cuesta admitir que ultraje tan desnaturalizado no haya obtenido la espontánea respuesta de sus naturales y precisa que los nobles prohombres intérpretes del cogollo foral toquen a rebato para convocar al despistado pueblo, más preocupado en entretenimientos insustanciales, ocupaciones frívolas y apetitos primarios. Porque cuando la enseña de nuestra rancia estirpe se ve amenazada por indignos forasteros y pérfidos bárbaros ¿qué importan las penurias económicas, la indigencia extrema o el desalojo del propio hogar? Para defender los garbanzos no hacen falta procesiones.

La grandeza del espíritu se rebela, no con las estrecheces materiales, sino con las afrentas que puedan sufrir la selecta hidalguía, el noble linaje y la exclusiva alcurnia navarra. A fin de cuentas, ¿no es nuestra bandera símbolo distintivo de la genuina singularidad e indígena supremacía? Como habitantes de esta comunidad uniprovincial, unidad de destino ontológico en la cosmología universal, rentablemente subvencionada gracias a la sutil estratagema del reino de España y alguna multinacional alemana, debemos comprometernos en la defensa del paño foral y acudir a la cita del 3 de junio, quienquiera la haya convocado.

¿Hay algo más grande que compartir patria con las verduras ribereñas, los pimientos del piquillo, los inmaculados y cojonudos espárragos o el rosado autóctono? En mi clarevidente opinión, ¿existe mayor orgullo que el que corra por tus venas, no roja sangre victoriosa, ni azulada savia nobiliaria (que también) sino el pacharanado néctar de la endrina foral? Exclusivo label de aldeana pasarela e ineludible destino de los excelsos hijos de esta noble tierra.

Yo, por mi parte, les ruego sepan disculpar mi ausencia a evento tan glorioso, no por falta de ganas de sumarme al edificante evento sino por no ser digno de erigirme en defensor de enseña asaz sublime y porque acostumbro a guardar los trapos en la cocina. Ese día, como Brassens, me quedaré en la cama.

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