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"el título es de una canción de los 50 o 60"

‘Rumbo a no sé dónde’, el periplo literario de Sánchez-Ostiz por el año 2015

El escritor navarro publica, de la mano de Pamiela, el esperado último ‘capítulo’ de sus certeros y suculentos dietarios

Fernando F. Garayoa / Iban Aguinaga - Lunes, 29 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Miguel Sánchez-Ostiz, un rumbo literario dingo de seguir con los ojos bien abiertos.

Miguel Sánchez-Ostiz, un rumbo literario dingo de seguir con los ojos bien abiertos. (Iban Aguinaga)

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Pamplona - Miguel Sánchez-Ostiz, aprovechando al XVI edición de la Feria del Libro de Pamplona, vuelve de nuevo a la carga, en esta ocasión con un nuevo volumen de sus ya imprescindibles dietarios. Rumbo a no sé donde es el correspondiente a 2015, que debiera haber visto la luz el pasado año pero que las dudas del autor sobre lo escrito, en cuanto al género propiamente dicho, han retardado su edición hasta este 2017. Así, de la mano de Pamiela, y con un poco más de perspectiva temporal, nos brinda la oportunidad de bucear en aquel convulso 2015 a la par que prolífico para el propio escritor. A lo largo de sus más de 360 páginas el lector podrá regocijarse, encenderse, encogerse, reír, disfrutar, recordar o simplemente deambular por acontecimientos tanto personales como sociales.

“El título de dietario, Rumbo a no sé dónde, viene de una canción de los años 50 o 60 que cantaba una especie de payaso que venía por Sanfermines con el Teatro Argentino. Se colocaba en un escenario que daba a la calle y cantaba una canción que era ‘con un bote de vela y a la mar metido con rumbo a no sé dónde quiero naufragar’, explica el escritor navarro. “Aquello transcurría en una barraca de feria entre olores a fritanga, orina, sudor, vinazo, Pamplona y Sanfermines. Una canción que no he podido olvidar, voces gangosas de charlatanes, reclamos de altavoces abollados, mucha bombilla, polvo, alpargatas, ilusiones de cuatro perras, comistrajos que no nos mataron y que hoy habría erradicado la ONU, la OMS y hasta la DEA… estamos vivos, nos palpamos las mollas y tarareamos el yenunbotedevela. Y sobre todo con rumbo a no sé dónde porque no lo sabemos, porque yo al menos no lo sé. Ignoro cuál va a ser mi futuro, si es que lo tengo, por edad, por situación personal y social, cuál la época que vamos a vivir. Además, la idea del naufragio y del no saber a dónde vas es lo que en parte anima este diario de año 2015, en el que no creo ser yo el único que no sabe pa dónde vamos después de la época tan comprometida que estamos viviendo que tiene un reflejo muy fuerte en este diario”.

Uno de los fragmentos, apunta el autor, hace referencia “con cierta retranca y autocrítica, a la escritura de diarios, que es algo que yo hago desde hace muchos años, creo que ya en 1974, aunque empezara a publicarlos en el año 1986, con Pamiela, aunque hay algunos inéditos”.

Según explica el propio Miguel Sánchez-Ostiz, “Rumbo a no sé dónde se iba a publicar a principios del año 2016, y lo dejamos en puertas de imprenta... Y si lo dejamos es porque yo tuve dudas acerca del género, de la escritura del diario... porque no es un diario íntimo, no es un diario privado, es una puesta en escena, en la medida en que quedan muchas anotaciones personales fuera, y por lo tanto no puedes decir: ‘Este soy yo’. No. Este es uno que se pone en escena. Y ponerse en escena es muy difícil sin hacerlo de la mejor manera posible, que es otro de los trucos del género del dietario, siempre salir con la mejor cara posible... Y eso es un asunto que a mí me acaba fastidiando. Además, ahora mismo me interesa más la crónica de la época que estoy viviendo que el recuento de mis dolores o jeremiadas, que también aparecen, porque a cierta edad te empieza a doler por todas partes... Pero fue, como digo, la duda sobre el género lo que me hizo no publicar hace año y medio. Pero luego he pensado que, a fin de cuentas, escribes los libros para publicarlos, así que lo corregí, retiré cosas que se habían agostao... Porque todo lo que no está pasando, lo malo que tiene es que los disparates de un día los cubre el disparate del día siguiente. Es decir, cada día aparece un mangante nuevo, el mismo o el anterior... Es el cuento de nunca acabar”.

“Como en todo dietario, además de comentarios a los sucesos y, sobre todo, a las noticias del día, también hay otras cosas más líricas, como los paseos que puedo dar en las cercanías de donde vivo, el monte, el bosque, algo que me resulta muy gratificante, o comentarios de libros y películas”. Entre estas notas literarias, Sánchez-Ostiz hace referencia también a acontecimientos luctuosos como, por ejemplo, la muerte de Gunter Grass.

Entre los apuntes más sociales y políticos, el autor hace referencia, entre otros apuntes variopintos, la respuesta que desde la sociedad se estaba dando “a los recortes practicados por el Gobierno, al anuncio de la Ley Mordaza, a la serie de atropellos que se estaban produciendo tanto en la calle como en las instituciones”. Así, apunta: “Ahora resulta que todo dios estuvo contra el oprobio, el mangoneo y los abusos. Salen de las cloacas los paladines de la democracia y la libertad. No busques en las hemerotecas las pruebas de ese combate porque no las vas a encontrar. Ahora se trata de colgarse medallas y exhibir méritos. Lo mejor es callar, pensar con Chirbes que si te miras al espejo no cabe otra que pensar que siempre pudiste hacer más de lo que has hecho. Una escritura en el fondo es bien poca cosa. Una escritura muerta por no leída, o en balde, cosa del pasado”.

la obra y el autor

Edición. Pamiela publicó en 1986 La negra provincia de Flaubert, primero de una serie de más de veinte diarios o dietarios de Miguel Sánchez-Ostiz, cuya continuación y entrega más reciente es Rumbo a no sé dónde (368 páginas, 22 euros) ,y entre los que también figuran Mundinovi. Gaceta de pasos perdidos (1987), Correo de otra parte (1993), El árbol del cuco (1994), La casa del rojo (2002), Liquidación por derribo (2004), Sin tiempo que perder (2009), Vivir de buena gana (2011), Idas y venidas (Pamiela, 2012), El asco indecible (Pamiela, 2013), Con las cartas marcadas (Pamiela, 2014) o A trancas y barrancas (Pamiela, 2015).

El escritor. Miguel Sánchez-Ostiz (Pamplona, 1950) es autor de las novelas Los papeles del ilusionista (1982), El pasaje de la luna (1984, 2013), Tánger Bar (1984), La quinta del americano (1987), La gran ilusión (1989), Las pirañas (1992), El santo al cielo (Pamiela, 1995), Un infierno en el jardín (1995), La caja china (1996), No existe tal lugar (1997), La flecha del miedo (2000), El corazón de la niebla (2001), En Bayona, bajo los porches (2002), Última estación, Pamplona (Pamiela, 2002), La nave de Baco (2004), El piloto de la muerte (2005), La calavera de Robinson (2006), Cornejas de Bucarest (Pamiela, 2010), Zarabanda (Pamiela, 2011), El Escarmiento (Pamiela, 2013), El pasaje de la luna (Pamiela, 2013), Perorata del insensato (Pamiela, 2015), El Botín (Pamiela, 2015) y Rumbo a no sé dónde (Pamiela, 2017). Pero no solo de novela vive el prolífico Sánchez-Ostiz,

entre sus muchos libros misceláneos hay que destacar las crónicas de viajes La isla de Juan Fernández (2005), Peatón de Madrid (2003) o Cuaderno Boliviano (2008). En el año 2000, la editorial Pamiela publicó toda su obra poética hasta esa fecha, con el título La marca del cuadrante (Poesía, 1979-1999).

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