Carla Simón DIRECTORA Y GUIONISTA DE ‘VERANO 1993’

“Los niños entienden la muerte, pero no tienen las herramientas para gestionar sus emociones”

La cineasta catalana inauguró ayer la Muestra de Cine y Mujeres con su ópera prima, inspirada en la nueva vida que inició tras ser adoptada por sus tíos al fallecer su madre

Ana Jiménez / Oskar Montero - Sábado, 10 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Carla Simón, directora y guionista.

Carla Simón, directora y guionista. (Oskar Montero)

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Carla Simón, directora y guionista.

pamplona- Tras triunfar y ser premiada en el Festival de Berlín y Málaga, Verano 1993, la ópera prima de la cineasta catalana Carla Simón, inauguró ayer la Muestra de Cine y Mujeres en los Golem Baiona. Una película inspirada en su infancia, cuando, al morir su madre, fue adoptada por sus tíos e inició una nueva vida.

Tras la decisión de tomar algo propio como base de la historia, ¿cómo fue enfrentarse a aquellos recuerdos y el proceso de escritura?

-Cuando eres muy pequeño y te pasa algo así, la memoria es curiosa: casi haces borrón y cuenta nueva. Me acuerdo poquito, recuerdo más emociones, sensaciones... Tengo algunas imágenes, pero fue un proceso más de hablar con mi familia. Me sirvieron mucho las fotos que había tomado mi padre durante aquel momento. La primera versión del guion era una mezcla de recuerdos, de cosas inventadas y cosas que me habían contado... Pero no tenía una estructura, era como una recopilación. Fue muy bonito, hice ese ejercicio de memorizar y me conecté mucho con todo aquello... Esa primera versión del guion la escribí en una semana, creo que nunca más voy a escribir un guion tan rápido (risas). Me salió de dentro. El darle estructura de película sí que implicó mucho más tiempo. Leí mucho sobre niños que habían perdido a sus padres, psicología infantil de ese tipo... También sobre procesos de adaptación en adopción. Me fui dando cuenta de que lo que contaban estos libros también era lo que me había pasado a mí. Entre una cosa y la otra, fui dándole forma, siempre con la idea de retratar la psicología de la niña y su punto de vista. Durante todo este proceso, sí que estuve súper conectada con lo que eran mis recuerdos e infancia.

El rodaje ya sería otro asunto, donde quizás tener que renunciar a ciertas ideas o imágenes...

-El rodaje es una aventura diaria y lo importante es no perderte en lo que quieres contar. A veces sí que tenía unas imágenes muy claras, que incluso formaban parte de recuerdos... y luego tienes una niña de 4 años y otra de 6. Fue siempre un equilibrio entre renunciar a ciertas cosas que tenía muy claras en la cabeza, pero a favor de lo que me estaban dando las niñas, la localización, los actores... Encontrar este equilibrio en el rodaje no era fácil, me generaba ciertas frustraciones. Pero la verdad es que cuando lo ves en montaje, dices: “Igual sí que tome la decisión adecuada de renunciar a estas imágenes para tener lo que te daban las niñas ahí”. Con niñas así, que están muy vivas, había escenas que las guiaba mucho y les hablaba durante la toma, y otras podían ser partiendo de cosas que habíamos trabajado antes, pero que el diálogo sí que está más formado por ellas. Para mí, estas escenas eran muy bonitas, porque luego ves cómo esa relación que se creó entre ellas era real. Finalmente, también está el montaje... Creo que no fue hasta la última versión, cuando dije: “Ahora sí que creo que he contado lo que quería contar”. Y ahí volví a conectarme otra vez.

Gran parte del peso de la película lo llevan las niñas protagonistas, Frida y su prima Anna. ¿Cómo fue el casting hasta dar con ellas?

-No era importante que se parecieran físicamente, sino que tuvieran algo de los personajes que había escrito, de personalidad también, e incluso de circunstancia familiar. Evidentemente, no encontramos a una niña que hubiera perdido a sus padres, pero sí que fuera de ciudad, para la mayor. Lo importante era que no tuvieran que crear un personaje y pudieran ser ellas mismas. Íbamos mucho a temas de personalidad, preguntando mucho, y luego, aparte de eso, está la capacidad de entrar al juego. No es tanto actuar, sino realmente jugar con ellas.

Un tema presente es la muerte desde la ausencia que deja, y visto siempre a través de los ojos de una niña de seis años. ¿Cómo fue el trabajo de retratar este duelo infantil?

-Aquí sí que me sirvieron mis recuerdos y sensaciones. Me acuerdo que me sentí muy culpable por no llorar el día que murió mi madre. O que yo pensaba que un día me iba a despertar y estar con ella... Cosas que tal vez no son iguales a lo que sale en la película, pero que encuentras sustitutos en la ficción. Y, por ejemplo, hay películas donde el padre o madre termina apareciendo, como sueño, y para mí eso era una prohibición absoluta. Había gente que me animaba al realismo mágico, pero me negué. Yo nunca volví a ver a mi madre y no puedo retratarlo así. También leí sobre el tema y es un punto en que el niño puede entender que la muerte es irreversible, que es universal... Los niños son muy inteligentes para entender esto e intentar adaptarse, pero luego no tienen las herramientas para gestionar sus emociones.

Frida, además, debe adaptarse a un entorno nuevo, dejando atrás la ciudad e instalándose en el campo, sintiéndose fuera de lugar...

-Sí, para mí era un tema súper importante. De hecho, en guion incluso había más escenas de este tipo. Por cómo decidimos rodar, nos sirvió mucho: tener siempre referencia de la localización, que está con ella siempre. Quizás juega más al principio de la película, porque al final los niños se acostumbran a todo (risas)... Pero sí, me acuerdo mucho del choque de esas cosas al principio de estar ahí. Pero también le doy muchísimo valor al haberme criado en un pueblo. Hay ciertas cosas que vives de otra manera y con otra calma. Luego, la ciudad, ya tienes tiempo para descubrirla.

El espectador hila la historia según transcurren los acontecimientos para Frida, siempre desde su perspectiva y casi como un ojo documental. ¿Hubo en mente esa forma de realización desde el principio?

-Le dimos vueltas y nos sirvieron mucho mis fotos de pequeña. Si queríamos dar la sensación de imperfección que había en los encuadres de esas fotos caseras, estaba el tema de filmarlo como si fuera casi un vídeo doméstico, que también iba relacionado con la idea del estar yo, contándolo ahora, como un recuerdo... Por un lado estaba esto, y por otro estaba el encontrar una forma que estuviésemos a gusto rodando con las niñas. Muchos me aconsejaron meter un teleobjetivo y luego cortar, pero fuimos a un 50, que es como la vista humana, y para mí era muy importante que estuviera pegado a esa sensación, para dar más naturalidad. Eso implicaba que probamos planos muy largos, donde ellas pudieran entrar de inicio a final de la escena. Cuando esto funcionaba, era maravilloso, pero a veces con una mirada a cámara, ya no lo tenías... Fue una manera de rodar muy arriesgada.

En la película también se trata la enfermedad del sida, aunque desde un segundo plano. ¿Quisiste mantenerlo como contexto, sin darle excesivo protagonismo?

-El tema del sida es tan grande que hay siempre el peligro de convertir la historia en eso, y Verano 1993 no era una historia sobre la enfermedad, sino que estaba ahí en el contexto. Yo no supe que mis padres murieron de sida hasta que tuve 12 años y, para mí, la palabra no podía salir, desde el punto de vista de la niña;por eso, no se menciona como tal. Es una historia que puede pasar en cualquier momento, pero aparte de ese lado romántico de retratar tu infancia en la época que la viviste, el tema del contexto era importante. En ese momento, mucha gente moría de sida. De hecho, a partir de la película, sí que me he encontrado con casos parecidos... Y hay muchos huérfanos del sida. Creo que no es una cosa que se haya hablado mucho en general, por el tema del estigma y el tabú que tiene, que a mí me parece muy absurdo. Pero sí que estoy en una posición, que como no lo heredé de mis padres, a lo mejor puedo hablar de ello de una manera muy abierta.

Todo el peso de la trama lo conducen las mujeres, ¿tuviste siempre esta idea durante la escritura?

-Sí, porque en su momento me planteé si la configuración familiar de mi realidad era la más adecuada para la película, y me di cuenta de que sí. Al final, yo soy una mujer y me cuesta menos representar personajes femeninos, y lo había vivido así. Frida perdió a su padre de muy pequeña y pierde ahora la madre. Lo que necesita sustituir más rápido, es la figura de la madre. El personaje del tío/padre está viviendo su propio duelo, y él tiene que aceptar la muerte de su hermana, y le cuesta. Una manera para mí de mostrar que él estaba pasando por eso, era a través de su ausencia. Y en cuántas familias pasa eso, ¿no? Que las mujeres tiran mucho... Y también, porque creo que hay algo en la muerte, a veces, donde las mujeres son más fuertes, o se ponen las pilas antes.

Al hilo de las mujeres y personajes femeninos, como curiosidad... El nombre de Frida, ¿hace un guiño a la artista mexicana Frida Kahlo?

-Sí, te relaciona a ella, pero para mí es un nombre muy fuerte y buscaba que de alguna manera pudiera hablar de la madre, qué tipo de persona era ella. Creo que en el año 93, si le ponías Frida a tu hija, significaba que eras una persona bastante moderna. De ahí surgió, y empezamos a ensayar, y Laia me dijo que le gustaba tanto este nombre que no supe decirle que no.

En los pasados premios Goya, uno de los triunfadores de la noche fue Raúl Arévalo, con su ópera prima... Viendo el recorrido de ‘Verano 1993’, quién sabe si el año que viene repetirá éxitos otra debutante...

-Uf, no sé (risas). No tiendo a pensar mucho en el futuro de las cosas. Creo que, en general, los premios nunca son garantía de nada, incluso ni de poder hacer una segunda película. Ayudan sobre todo a que la gente conozca el proyecto. Con una película que es así pequeñita y no tiene tanto dinero para distribución y promoción, funcionan súper bien. Luego, de cara a los Goya, ya veremos...

Para la distribución comercial, se ha respetado la versión original y será proyectada en catalán, ¿qué le parece esta decisión?

-Creo que Avalon tomó la decisión acertada de no doblarla. La vamos a doblar para TVE, pero en salas se mantiene en catalán. Sabemos que va a llegar a menos gente, porque es un hecho;ya hay salas que, directamente, te dicen que no la quieren.

Tras el paso de tu ópera prima por varias salas, y cerca del estreno oficial, ¿qué siente tras haber desnudado tu infancia y ver cómo consigue emocionar al público?

-Sorpresa, me sigue sorprendiendo mucho que le llegue así al público. Al final, era algo que a mí me apetecía contar a nivel personal, y lo hice desde ahí, sin pensar muy bien en la audiencia... Evidentemente, mis productores sí pensaban en el público (risas). Volví de Berlín sin entender nada, era como: “¿qué hemos hecho?”. La gente te da las gracias después de ver la película, y de alguna manera se conectan con ella, por temas de haber perdido a un ser querido, por la época, o por el tema del sida también sale mucha gente... Es muy bonito.

las claves

“Los premios nunca son garantía de nada, incluso ni de poder hacer una segunda película”

“Me sentí muy culpable por no llorar el día que murió mi madre”

“Creo que hay algo en la muerte, a veces, donde las mujeres son más fuertes o se ponen las pilas antes”

“Hay muchos huérfanos del sida, no es una cosa que se haya hablado en general por el estigma y tabú que tiene, y me parece absurdo”

“Me sorprende que llegue así al público, volví del festival de Berlín sin entender nada, pensando: “¿Pero qué hemos hecho?”

“Por no doblarla al castellano sabemos que llegará a menos gente, hay salas de cine que te dicen directamente que no la quieren”

‘VERANO 1993’

Sinopsis. Frida -Laia Artigas-, una niña de seis años, afronta el primer verano de su vida con su nueva familia adoptiva tras la muerte de su madre. Lejos de su entorno cercano, en pleno campo, la niña deberá adaptarse a su nueva vida. -97 minutos-.

Reparto. David Verdaguer, Bruna Cusí, Laia Artigas, Paula Robles, Paula Blanco, Etna Campillo, Jordi Figueras, Dolores Fortis, Titón Frauca, Cristina Matas, Berta Pipó, Quimet Pla, Fermí Reixach, Isabel Rocatti, Montse Sanz, Tere Solà, Josep Torrent.

Palmarés. Festival de Berlín: Mejor Ópera Prima, Gran Premio del Jurado Internacional (Sección Generantion KPlus).

Festival de Málaga: Biznaga de Oro, Premio Feroz de la crítica.

Fecha estreno oficial. 30 junio.

Otros trabajos. Carla Simón cuenta con un documental sobre niños nacidos con VIH, y dos cortometrajes, Lipstick y Las pequeñas cosas.