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El bombero que prende la llama de la conciencia

Manos, esfuerzo y entrega frente a guerra, hambre y sufrimiento es lo que Mikel Pagola, un bombero voluntario, ha dado a los refugiados de Idomeni y Belgrado

Ana Ibarra / Oskar Montero - Sábado, 10 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Mikel Pagola, voluntario de HELP-NA, posa con actitud optimista ante la vida en el puente viejo de la Magadalena.

Mikel Pagola, voluntario de HELP-NA, posa con actitud optimista ante la vida en el puente viejo de la Magadalena. (Oskar Montero)

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Mikel Pagola, voluntario de HELP-NA, posa con actitud optimista ante la vida en el puente viejo de la Magadalena.

pamplona- Tenía claro que quería ser bombero. Y hace 20 años hizo realidad un sueño que creía irrealizable. Desde las llamas del fuego fue consciente de que no hay nada imposible, se quitó el traje ignífugo y viajó a otros infiernos como cooperante. Aunque pequeños, algunos proyectos solidarios nos hacen soñar con un mundo mejor, otros nos acercan a una realidad donde conviven violencia y superviviencia, la guerra y la belleza del ser humano, todo en un mismo espacio, pero ninguno puede huir de aquello que es más importante para una persona comprometida como Mikel: la honestidad con la que trabaja.

Su vida son etapas ordenadas, alguna encaradas a pelo, las que pertenecen al ámbito más privado que las guarda quizá para un libro.

Precisamente ponerse el buzo profesional fue una manera de relativizar sus problemas. Desatrapar a niños pequeños de vehículos siniestrados, inundaciones, catástrofes... “Una de cada cinco salidas que hacemos es para apagar fuegos”, reconoce. Limpiar carreteras, cerrar fugas de gas, rescates de carretera. Acción y ayuda, un binomio que combina bien y con el que saltó a través de Sodepaz a los campamentos de refugiados de Tindouf. “Necesitaban un solidario pero con carnet de camión para pistas sin asfaltar”, recuerda risueño. Después se quedó “embarazado” de su primera hija, luego llegó la segunda. No se quiso perder la crianza de ambas pero cuando creció Ainhoa le volvió a picar el gusanillo de viajar. En 2008 se trasladó a Galicia para colaborar en la extinción de una cadena de fuegos, una de esas misiones en las que se buscaba voluntarios y en las que el Gobierno de Navarra colaboraba. Llegarían más incendios con necesidad de refuerzos en Loarri, Aragón. Luego los de casa... en Navarra.

La faceta pública se consolidó con la fundación de la Asociación Deportiva y de Bomberos de Navarra, que se transformaría más tarde en HELP-NA, un nuevo actor en el campo de la solidaridad. Entre otras historias se queda con la de la hija de un alto cargo militar de Sadam Husein y huida de la guerra de Irak, que se refugió en Siria hasta que allí estalló también la guerra. “Una proscrita en toda la regla”, explica este pamplonés de 53 años.

Hace apenas un año el olvido humanitario de Europa ante el drama de los refugiados enseñó una de sus peores caras cuando Macedonia cerró la frontera con Grecia. Un compañero bombero acababa de llegar de la isla griega de Lesbos, punto de llegada de miles de refugiados que trataban de llegar a Europa para huir de la guerra. “Pensábamos ir al rescate acuático pero cuando vimos en televisión las imágenes de la estación cerrada al paso de refugiados en Idomeni, y tanques y soldados cruzando de lado a lado las vías del tren para frenar el paso, no dudamos a donde ir”, recuerda. La frontera griega con la antigua república yugoslava de Macedonia se convertía en un aparcamiento de seres tras el cierre de la ruta balcánica. Unas 12.000 personas habían llegado al campamento. Era abril de 2016 y se vivían escenas dantescas. “Había entrado ACNUR y alguna ONG pero aquello era un caos. Llevamos herramientas y logramos montar escuelas, depósitos, baños para mujeres embarazadas musulmanas...”, recuerda.

De vuelta a casa, de nuevo la mirada se pierde en un canal de televisión... La vieja estación de Belgrado bajo la nieve, el punto neurálgico de la mítica capital europea regresaba a un decorado de guerra, frío y muchedumbres en medio de la penuria. “Cada vez llegaba más gente y hacía mucho frío. Fuimos al primer pueblo cercano para comprar camiones de madera y trocearla. Preguntamos a las ONG, necesitaban infraestructuras, montar tiendas, depósitos, escuelas....”. Allí permaneció un mes a 30 grados bajo cero. Lo más impactante fue el contacto con más de un millar de jóvenes afgnos que habían sido reclutados por los talibanes para militar en el ISIS pero habían logrado escapar de sus captores. “Eran los chavales que nadie quería, con enfermedades mentales, llegados de orfanatos, abandonados, tullidos... “, explica.

“Compramos un hornillo, cazuelas y comida, organizamos los ranchos para comer. Muchos refugiados querían saltar a Hungría. Recuerdo que quemaban hasta las traviesas de los raíles para calentar los barracones y salía el hollín contaminante por todas partes. Las condiciones higiénicas eran deprobables, no había baños.... Compramos estufas de madera e hicimos mucho trabajo de mano, sacamos el humo al exterior mediante tubos....”, detalla.

Los militares trasladaron a parte de los refugiados de Idomeni a Turquía y en ese tránsito conocieron el horror de la trata de órganos y la desaparición de niños. Amnistía Internacional denunció la situación pero nadie hizo nada. Las mafias siempre “llegan a tiempo” para hacer negocio. ”Los militares no nos querían, nos gasearon, nos echaron... pero al menos logramos sacar a gente. En Belgrado estamos seguros de que ahora también los reubicarán a campamentos militares. Y en ese momento no queremos estar allí porque para nosotros es una cuestión de dignidad, de independencia en nuestro trabajo”, relata. De aquella experiencia surgió la ONG HELP-NA con voluntarios del cuerpo de bomberos. Lanzaron una campaña en Facebook y lograron recaudar 10.000 euros con los que compraron leña, comida y quemadores en Idomeni. Seis voluntarios de HELP-NA continúan en Belgrado. Del que se considera el mayor desplazamiento masivo desde la II Guerra Mundial apenas hay imágenes, hay que estar allí para ver el holocausto que hemos tolerado y la “manipulación política” que lo encubre. “Tenemos un gasto ingente en fragatas en el Mediterráneo para vigilar fronteras y que no lleguen pateras mientras se cierran las fronteras. A Europa no le interesa la entrada de refugiados”, alega.

charlas¿Qué le aportan estos viajes? Personalmente a él mucho, pero quizá el mayor rédito es el que saca a través de las charlas que imparte a jóvenes en institutos. “Me importa un rábano de dónde son. Culturalmente no son tan diferentes. No me importa la raza, si son moros o cristianos. Odio los dogmatismos, las banderas y el racismo. A veces uno cree que ha hecho mucho y de pronto llega otro que lo hace mejor, por ejemplo con una infraestructura que mejora la tuya en un campo de trabajo... no somos tan importantes, se trata de ir construyendo entre todos”, expone. La impotencia produce ansiedad y te paraliza, admite: “Hay que hacer lo que en cada momento está en nuestras manos”. Siempre hay que elegir una salida. Y para los refugiados la alternativa, en este momento, es huir o morir en la guerra.