Cuestión de amor propio

Paula Santolaya del Burgo - Domingo, 11 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:03h

He sido víctima de acoso escolar durante mi infancia. Me costó mucho dar el paso y hacer pública mi experiencia, pero ahora me siento feliz de poder ayudar, desde la página de Facebook Don’t bully, be happy, a otros chicos y chicas que ahora sufren el mismo problema. Recientemente he recibido en privado el siguiente mensaje que me ha emocionado profundamente:

“Ayer tuve una pesadilla. Me encontraba en los vestuarios de mi antiguo colegio, a punto de cambiarme para el entrenamiento de baloncesto que teníamos dos tardes por semana. Las bravuconas de mis compañeras de equipo me increpaban, insultaban y obstaculizaban la puerta de salida. Yo luchaba por salir y gritaba todo el rato: “¡Dejadme en paz!”. Me empujaban entre varias chicas y mi cuerpo era como una bola de billar chocando contra las otras hasta caer en el agujero. En el momento justo en que una de las matonas echaba hacia atrás su pie derecho para coger impulso y propinarme una formidable patada, entró el entrenador y me desperté. ¡Uf, ha sido un mal sueño!

Tengo quince años y sufrí acoso escolar desde los ocho a los doce años, pero no he tenido trauma alguno ni necesidad de acudir a la consulta de un psicólogo. ¿Cuál fue mi secreto? Pensar que las raras eran ellas, no yo. Cuando alguien trataba de minar mi autoestima o mi valía pensaba que algo malo les pasaba en su cabeza para actuar así y sentía lástima por ellas. Era y es una cuestión de amor propio”.

Un maravilloso testimonio que merece toda nuestra admiración. Como dijo una vez Anna Eleanor Roosevelt: “Nadie te puede hacer sentir inferior sin tu consentimiento”.