La arcanocracia por sus fueros

Por Bixente Serrano Izko - Domingo, 11 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:03h

cada razón de estado, un secuestro de la libertad del personal, un mordisco a sus derechos, un ámbito más de opacidad para el intelecto del común, un cajón más en el baúl de los arcanos insondables: arcanocracia frente a democracia. Algo que reviste especial gravedad cuando la razón de estado se cierne sobre un territorio, sobre sus gentes: estas podrán votar lo que quieran y a quien quieran, aunque ni siquiera siempre, pero dejémoslo estar y no perdamos el hilo, en unas elecciones, lo que no podrán es evitar que el poder y los defensores de sus prerrogativas hagan caso omiso de la voluntad demostrada en las urnas, aunque algunos de esos defensores hayan seducido a veces a parte del electorado con eslóganes como En Navarra, tú decides.

Navarra, este territorio sometido a los arcanos de las razones de estado. Es vox populi lo de Navarra, razón de estado, principio machaconamente aplicado en numerosas ocasiones desde 1977. No sólo aplicado con disimulo, bajomangas y disfraces, también ardientemente defendido en públicas palestras por un tan ínclito intelectual de la democracia como Del Burgo allá por los años de la errática transición del franquismo sin constitución al franquismo constitucional. Navarra puede ser votante pero no es sometible a la voluntad de su ciudadanía, está sometida a intereses de estado, a su excelsa categoría de razón de estado. Categoría tan excelsa como la de los arcanos y misterios insondables, como la de los dogmas que nadie ni nada debe poner en duda so pena de infiernos y apocalipsis. Una maravilla.

Una maravilla que sigue seduciendo a buena parte de navarros y navarras, cada vez a menos pero seguir sigue. ¡Ahí es nada! Tan importante Navarra en su pequeñez, inversamente proporcional su importancia a su tamaño y censo, ¡qué más excelso, qué mayor orgullo que el de sentirse clave en los destinos del estado!, aunque nuestros votos sean los arroyos que van a dar en la mar y a perderse en la ciénaga de los supuestos intereses de estado y auténticos intereses de sus expoliadores. El corazoncito de esa parte de la ciudadanía a quien no le importa delegar su razón en la del estado se estremece ante tamaña responsabilidad y misión, llega al éxtasis y al orgasmo en momentos como el del pasado 3 de junio. ¡Lástima que la flagelante de la txistorra hubiese enturbiado la solemnidad del evento! Pero fue un caso de peccata minuta, un fervorín disculpable en semejante clima de exaltación.

“Hay razones del corazón que la razón no entiende” decía un tal Pascal. Cuando la razón es el estado, la ciudadanía es el corazón cuyas razones la razón se niega a entender. Que en Navarra haya aún muchos corazones que se estremecen de emoción ante la razón de estado no significa que sean mayoría, es más, porque se ven minoría se propusieron enfervorizar a la fría razón de estado. Pero esta seguirá fría, sin atender a las razones de la sociedad navarra, e inmisericorde incluso ante sus fervorosos adoradores. La arcanocracia por sus fueros.