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Performance ‘The Flag’ de Asun Requena

Por Javier Zabalza Izurriaga - Domingo, 11 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Puesto que realizaste tu performance de manera pública, las críticas a tu intervención han de ser igualmente públicas, como parte del proceso artístico. Aquí va mi análisis.

El arte no se centra en interpretar los traumas del autor. De eso se ocupa la psicología. El arte aborda la transmisión de ideas a través de formas, colores y sonidos, que también pueden ser símbolos. Sin embargo, la idea transmitida debe tener sentido en sí misma, no debe explicarse únicamente con el sufrimiento del artista. Un ejemplo es la Capilla Sixtina, donde los fantasmas que atormentaban a Miguel Ángel aparecen en pinceladas para darle un toque dramático al conjunto, pero podría darse una lectura coherente de la bóveda sin necesidad de reparar en ellos. Lo cierto es que, puesto que tu performance carece de sentido por sí misma, difícilmente podría analizarse como una obra de arte.

Es, aunque no haya sido ese tu objetivo, una perfecta alegoría de quienes organizaron la marcha que encabezabas. Interpretaste muy bien el fanatismo y la superstición propios de la derecha navarra a través de la flagelación. Además, con la txistorra, supiste captar el uso que han hecho las élites de Navarra de elementos tradicionales navarros neutros ideológicamente. Es un fiel reflejo de cómo el poder ha utilizado la tradición según le ha interesado para golpear los derechos de los navarros, representados por el escudo de las cadenas; una metáfora perfecta de la marcha del sábado, organizada para defender un escudo cuyos orígenes desmontan los argumentos históricos de quienes acudieron a la concentración, y desmienten la explotada leyenda de las Navas de Tolosa. No sé si sabías que existen sellos de Sancho VI, padre del Fuerte, con un carbunclo pomelado (que no cadenas) colocado sobre su escudo de guerra. La txistorra, como el escudo, son elementos tradicionales, ajenos a toda ideología. Sin embargo, un sector del poder navarro se ha envuelto con ellos cuando le ha convenido, siempre con el objetivo de golpear la autonomía del pueblo navarro y de esconder sus vergüenzas, como muy bien representabas con la máscara. Y eso que no me ha dado por comentar la canción en euskera que pusieron al final de la manifestación. Txoria Txori de Mikel Laboa. Nada menos. Pura poesía de la contradicción.

Si defender esta alegoría hubiera sido el objetivo de tu performance, sin duda la gente lo habría entendido. Pero el hecho de estar completamente descontextualizada en la marcha del día 3, ha provocado un rechazo inmediato por parte del público, dado que no entienden el objetivo de tu intervención. Tampoco lo tuvieron muy claro los organizadores del acto, que miraban tu espectáculo con distancia prudencial.

Por otra parte, tus reivindicaciones se basan en errores. Para empezar, porque no hay ninguna ley en curso que plantee la cooficialidad con la ikurriña. Tampoco ninguna que reprima otras sensibilidades, ni mucho menos que amenace al patrimonio histórico navarro. Y, por otro lado, porque no era el momento ni el lugar para introducir la petición por la escultura de Roberto. Nadie duda de que lo que le ocurrió fue una injusticia en su más propia definición. Pero el hecho de colocarle un homenaje permanente en nombre de todo el pueblo requiere de un consenso mayoritario. Hay que entender que todo el mundo sufre injusticias en su día a día, pero no todas ellas justifican la colocación de monumentos. La realidad es que Roberto vivirá mientras exista en vuestra memoria, pero no podéis exigir lo mismo a los demás.

Considero que tu obra ha sabido captar la atención del público, pero más por curiosidad que por admiración. La gente no entiende tu arte porque no transmite conceptos coherentes. No utilizaste tu creatividad social cuando miembros del Gobierno de Navarra desguazaron literalmente la caja de todos los navarros, pero intervienes ahora justificando tu actuación en leyes que ni siquiera están en proyecto. Al no existir coherencia en tus actuaciones, las ideas que transmites pierden su sentido.

Flaco favor le haces a tus objetivos posicionándote tan claramente con un sector de las élites navarras. Esta tierra está muy dividida de por sí. Tu creatividad no debería contribuir a fracturarla aún más. De lo contrario, todo suena ficticio, artificial. Parece un arte tan forzado que transmite la sensación de que el fin último de tus intervenciones es satisfacer tu ego, y no el compromiso social.

Para terminar, y puesto que eres artista, te recomiendo una película que trata de tu objetivo artístico. Se llama La Gran Belleza, de Paolo Sorrentino. Tiene un diálogo muy bueno, que creo viene al caso: “Tienes 53 años y una vida destrozada, como todos nosotros. En lugar de actuar con superioridad, de mirarnos con antipatía, deberías mirarnos con afecto. Todos estamos al borde de la desesperación y no tenemos más remedio que mirarnos a la cara, hacernos compañía y tomarnos un poco el pelo. ¿O no?”.

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