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Republicanismo

Al menos Corcuera dimitió

Por Santiago Cervera - Domingo, 11 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:03h

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Lo reconozco, voté la amnistía fiscal. Se llame como se quiera llamar. Ya tengo dicho que en España los grupos parlamentarios se comportan como mesnadas, y que un diputado en sí sólo puede hacer lo que el cauce colectivo le permite. No hay un solo partido que permita a los electos siquiera formular una pregunta al Gobierno sin que esté previamente autorizada por el portavoz. Pero excusas aparte, en su momento parecía que la regularización fiscal de bienes no declarados podía ser una buena idea. Lo hicieron gobiernos socialistas y hay países de gran seriedad fiscal en los que es casi un tradición cada vez que un presidente estrena mandato, reclamar a las empresas que repatríen beneficios a cambio de un esquema tributario benigno. El problema es que lo que pudo ser un planteamiento correcto -borrón y cuenta nueva- devino en una muestra de la incompetencia del Ministerio de Hacienda. Pecado original fue que se aprobara mediante Decreto Ley, modalidad constitucionalmente reservada para cuestiones urgentes. Pero lo más escandaloso resultó ser la corrección de la normativa inicial que se gestó cuando pasaban los días y no llegaban suficientes solicitudes a la Agencia Tributaria. Los mandados de Montoro empezaron a emitir desesperadas circulares de aplicación al cabo de las cuales se aceptó que era posible aflorar un cuantioso patrimonio pagando sólo lo que éste hubiera rentado en sus cinco últimos años, los estrictamente no prescritos. Y así, lo que inicialmente era un 10% de impuesto acabó siendo para muchos menos de un 1%. Para coronar la jugada, después se supo que aquellos a los que alguno llamaba “mis coleguitas” -los Rato, Bárcenas y demás allegados- fueron los primeros en acudir a la rebaja. Un pan como unas tortas.

Montoro es el responsable directo de que hoy en España se paguen más impuestos que con Zapatero. Ese PP que algún día alguien imaginó liberal, defensor de la propiedad privada, la familia y las pequeñas empresas, es hoy el partido que más ha machacado a las clases medias. Empezando por la tributación que impone, y continuando con la incapacidad para liberalizar la economía y acabar con la sempiterna plutocracia del país, para generar con ello beneficios en precios y oportunidades económicas para una mayoría. Pero lo peor de Montoro no ha sido sólo que se haya comportando como un comunista fiscal, sino su insultante actitud en el papel que le gusta representar. Ese papel que asume como Gran Recaudador, alardeando de que su función es despojar de dinero al ciudadano. Y lo que es peor, cómo está dispuesto también a despojarle a la vez del mínimo derecho de defensa. Tantos contribuyentes sometidos a abusivos criterios interpretativos -daba igual, por ejemplo, que se tuvieran que pagar plusvalías municipales en ventas a pérdidas, hasta que los tribunales acabaron con el abuso-, o tantas chulerías al hablar de colectivos presuntamente defraudadores, lo mismo futbolistas que tertulianos. Ha tenido que llegar el Tribunal Constitucional para decirle que se ha comportado como el ministro del tesoro de una república bananera, como un sátrapa fiscal. Entre eso y su manifiesta incapacidad para que España cumpla el déficit comprometido en Europa, tenemos al peor ministro de Hacienda que se podría pensar.

Hace años Corcuera dimitió por aquello de la patada en la puerta, por querer otorgar a la policía la posibilidad de entrar en domicilios si se trataba de la persecución de delitos. Corcuera, un electricista al que Felipe puso en Interior para que asumiera un papel rudo en unos momentos en los que necesitaba presentar fortaleza. Pues el tosco ministro dimitió el día que el Tribunal Constitucional le dijo que había hecho una norma que generaba inseguridad jurídica. Zoquete, pero en aquel momento decente. Montoro, que en cambio va de catedrático de Hacienda Pública por la vida, seguro que se resiste a asumir la misma consecuencia aunque haya generado un tipo de inseguridad jurídica mucho más perniciosa para la gente no tiene delitos que ocultar. No dimitirá, porque está claro que en el Gobierno de España no se está para servir lealmente al interés general, sino que se está por ser amigo de Mariano. Y como eso lo saben el que nombra y los que son nombrados, lo demás da igual.