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Eduardo Santos secretario de podemos

“No creo que el Gobierno pierda la sensatez, pero acordar el tren a espaldas de sus socios supondría una crisis de gobierno”

Eduardo Santos cree que el Gobierno no acordará el tren “a espaldas de sus socios”, pero advierte de que, en caso de hacerlo, significaría entrar en “una crisis de gobierno”

Javier Encinas | Patxi Cascante - Domingo, 11 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Eduardo Santos, secretario general de Podemos Navarra.

Eduardo Santos, secretario general de Podemos Navarra. (PATXI CASCANTE)

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  • Eduardo Santos, secretario general de Podemos Navarra.

pamplona- Tres semanas después de la ajustada victoria en las primarias que le convirtieron en secretario general de Podemos Navarra, a Eduardo Santos se le multiplica el trabajo. A su dedicación habitual como diputado por Unidos Podemos, se le ha sumado “la necesidad de mejorar la organización interna del partido” y la búsqueda de un acuerdo con el Gobierno foral en torno al corredor ferroviario del Tren de Altas Prestaciones (TAP). De hecho, este proyecto ha generado el mayor desencuentro de la legislatura entre los cuatro partidos que protagonizan el histórico cambio político en Navarra, si bien Santos confía en solventarlo a través de un proceso de diálogo y participación. La misma receta que va a aplicar este abogado pamplonés de 43 años para implicar a la militancia en la reorganización interna del partido.

“Nos presentamos a las primarias porque entendíamos que debíamos organizar el partido de otra manera”, recuerda Santos, que se dispone a “aunar voluntades desde el diálogo y la participación”. Convencido de que el debate les llevará a “estrategias comunes” y la “gente se sumará al proyecto”, asume que “siempre habrá una minoría que no esté contenta y se mantenga en la disidencia, como ocurre en todas las organizaciones”.

¿El hecho de imponerse a Laura Pérez por solo 28 votos le obliga a esforzarse todavía más por integrar a las dos listas que confrontaron en estas primarias?

-La integración es un proceso que se hace mediante el trabajo, pero me parece un error hablar de empate técnico, ya que una mayoría de la militancia ha tomado una decisión que todo el mundo debe aceptar. Dicho esto, aspiro a convencer a la gente, a unirla en el trabajo y que la gente crítica pueda actuar dentro del partido con lealtad al proyecto.

¿Hay riesgo de fractura interna?

-De ninguna de las maneras. Simplemente, partimos de un nivel de organización muy bajo, algo lógico en un partido nuevo.

Dicen que en Podemos no había un problema ideológico. ¿Era solo organizativo?

-Claro. El problema es qué queremos ser de mayores. Siempre dije que debería ser la plaza organizada, donde hay que encauzar de manera inteligente los valores de participación. Lo que no vale es tener unos órganos y estatutos para terminar difuminando las áreas de decisión. Ahora, en la medida en que haya espacios de decisión acotados sin excluir la participación de nadie, mucha gente podrá llevar su aspiración a la realidad.

Laura Pérez ha sido la cara visible de Podemos en Navarra. ¿Qué papel desempeñará a partir de ahora?

-Esto hay que construirlo poco a poco. Tenemos que constituir la ejecutiva, escuchar al grupo parlamentario y ver cómo se posiciona cada uno. Pero aquí no sobra nadie.

En la campaña ya anunciaron que este proceso interno no iba a afectar al cambio en Navarra.

-Por supuesto. Hicimos una apuesta por el Gobierno del cambio y eso se tiene que mantener con estabilidad y profundizar en las aspectos que nos parecen importantes.

El cambio cumple dos años. ¿Qué balance hace Podemos del funcionamiento de este acuerdo entre diferentes?

-El primer éxito del cambio es poner en valor el diálogo. La derecha, sobre todo UPN, basaba su poder en que no había alternativa. Partía del convencimiento de que la entonces oposición no éramos capaces de ponerse de acuerdo, pero hemos firmado un acuerdo, aprobado dos presupuestos y dado estabilidad al Gobierno. Y si nadie se vuelve loco con cuestiones puramente partidistas, tenemos una estabilidad clara con una fórmula que está funcionando.

¿Esa es la apuesta también para el futuro?

-Sí. Pero todavía nos queda la mitad de la legislatura, que es mucho tiempo en política. Ya tenemos una experiencia sobre lo que queremos hacer, pero tenemos dos años para decirle al ciudadano qué es el cambio realmente. Entonces, la gente ya valorará en las urnas si es positivo.

¿Usted no dudará de que lo es?

-Por supuesto. En Navarra hay dos bloques. Uno, que hemos conocido como el régimen, basa el poder en la exclusión del resto y utiliza el recurso del miedo al cambio. Lo hace así porque en ese status quo hay gente que tiene mucho que perder. Protege a las elites forales y mantiene conexión con las del Estado. Y en Navarra, donde no hay grandes multinacionales, el instrumento económico principal es el Gobierno. El otro sector, más allá de sus diferencias, es capaz de acordar en positivo sin excluir al resto. Nosotros no somos lo que dicen de nosotros. No estamos imponiendo nada. Eso lo utiliza la derecha, pero no se lo puede creer nadie que tenga un mínimo de visión de la realidad.

¿Quiere decir que la derecha no está a la altura de lo que debe ser el trabajo de la oposición?

-La oposición no está a la altura de Navarra. Está yendo en contra de los tiempos y en contra de lo que la sociedad está pidiendo, pero no soy quien para determinar su estrategia.

Su estrategia se expresó el sábado día 3 con una movilización que sacó 15.000 personas a la calle.

-Ya sabemos que el factor identitario es muy movilizador y utilizando el medio adecuado es muy fácil llevar gente a la calle. Y quien lo niegue no sé en qué mundo vive. Además, Navarra tiene una conciencia altísima de sí misma tanto para integrar, como para dividir. Dicho esto, ¿en qué se plasma esa manifestación? El manifiesto hablaba de defender la bandera de Navarra. Entonces, digamos que yo como responsable político, ¿qué tengo que hacer? ¿Ponerla en el balcón de mi casa? ¿Limpiar a diario el mástil del Parlamento? Con esto hay gente que se puede sentir engañada.

En realidad, reivindican que no se permita izar la ikurriña.

-Ya. Pero eso yo lo tengo que suponer. Y estamos tocando el suelo democrático. Hay una legalidad que se ha cambiado por una mayoría democrática para que haya gente que pueda expresar sus sentimientos. El mismo derecho que ellos enarbolan es el que estamos otorgando a otra gente.

Es un clásico que la derecha niegue la ampliación de derechos.

-Pero es que ni siquiera hablo de ampliación de derechos, sino de no prohibir.

Volviendo al cuatripartito, tenemos encima de la mesa un gran desacuerdo en torno al tren. ¿Tiene arreglo?

-Este es un debate público sobre qué modelo de tren quiere Navarra y cuál necesita. El tren es una competencia del Estado y si apuesta por un modelo que no nos gusta, utilizaremos todos los medios democráticos para rechazarlo. Y si el Gobierno de Navarra firma un convenio para adelantar la obra que quiere el Estado y encima pone dinero y paga los intereses, a eso Podemos decimos no. Porque entonces tendremos que explicarle a la gente que hemos subido los impuestos para pagar un tren y no para mejorar las prestaciones sociales. Y en eso legítimamente no estamos de acuerdo.

¿Cuál es la solución al desacuerdo?

-La solución siempre es un proceso. En todos las grandes obras que afectan al medioambiente, lo principal no es decir sí o no al tren, sino el camino por el cual llegas a ese tema. Primero hay que definir lo que necesita Navarra. Tenemos a mucha gente a la que preguntar. Todavía no sé qué empresas necesitan mover mercancías, cuál es la eficiencia de un tren o de otro. Y tampoco hay que perder de vista que cuando se hizo el ferrocarril en Navarra no fueron tan tontos de no tener previsto que se pudiera desdoblar la vía, meterle un ancho europeo y mejorarla.

¿Quiere decir que se puede aprovechar la infraestructura actual?

-Digo que si primero pones todas las alternativas sobre la mesa, permites que la gente participe y logras un consenso político, entonces sí puedes ir a negociar a Madrid porque vas respaldado.

Pero de momento el cuatripartito está lejos del acuerdo.

-La grieta está en el fondo y en la forma, pero se puede reconducir.

La derecha se frota las manos solo de pensar que esto termine debilitando al cambio.

-Es que la derecha tiene otro modelo de participación. Parte de que no hay alternativas y dice que el que no está de acuerdo con esto está en contra del progreso. Genial. Es el antimodelo de participación, que es justo a lo que no queremos ir. Pero si al final socialmente, con un debate público no manipulado, Navarra llega a la convicción de que hay que hacer el tren que quiere el Estado, estaré en contra, pero lo aceptaré.

Las experiencias de alta velocidad en el Estado no indican precisamente que seas rentables.

-Es que si entras al fondo del asunto no es un tren social que cohesione territorialmente, y además implica una despoblación de la mano de obra y de los cuadros profesionales hacia los grandes núcleos de población como Madrid y Barcelona. Para las empresas no es interesante, porque no ha movido un kilo de mercancías en ningún sitio, es deficitario y no nos va a conectar con Europa porque los franceses ya están poniendo en cuestión la cornisa atlántica. Es un tren que solo favorece a Alemania porque es una comunicación entre el centro y la periferia. En definitiva, hay otras alternativas.

¿Es simplista decir que si el Estado lo paga, hay que hacerlo y que Navarra, además, ya ha pagado su parte de lo que se ha hecho en otras comunidades?

-Por solidaridad, yo puedo estar pagando un tren de otras comunidades, si es el que necesitan. Lo que no quiero es que me metan un tren que no necesito. Porque si me metes un tren con el que no puedo mover mercancías, ¿qué posibilidades tengo para las empresas de Navarra? Y para acabar, es un modelo muy ligado a la corrupción.

De momento las posiciones están muy distanciadas.

-Hemos abierto un diálogo y vamos a seguir hablando. Lo que no es admisible de ninguna manera son pasos unilaterales en un gobierno a cuatro. El tren está dentro del acuerdo programático. Nadie entendería que el Gobierno acordara el tren a espaldas de sus socios.

¿Y si lo acuerda con la oposición?

-Eso supondría una crisis de gobierno y una ruptura. Sería romper el marco de confianza del acuerdo con un tema importante, ya que afecta al modelo de desarrollo económico.

¿Se plantea es escenario?

-Claro que no. No me creo que el Gobierno de Navarra pierda la sensatez hasta ese punto.

Cambiando de tema. El martes se debate la moción de censura. ¿Merece la pena plantear esta iniciativa sin votos o Podemos la ha hecho para retratar al PSOE?

-Parece que todo lo hacemos para retratar al PSOE, pero el PSOE se retrata solo. El PSOE ya no es el partido de la oposición. Hay más partidos con capacidad de hacer cosas. Si cada vez que hacemos algo, el PSOE dice que es para fastidiarles, ellos verán qué quieren hacer. Podemos parte de que el PP ha colonizado el Estado de Derecho, la corrupción es insostenible y eso exige que el PP no puede estar ni un minuto más gobernando.

Si Podemos buscaba la complicidad del PSOE en la moción de censura, ¿no hubiera sido más prudente esperar a que terminara su proceso de renovación interna?

-¿Alguien se acuerda del marzazo? De aquel o sea va (Barcina) a o la echamos. En este caso, ellos prendieron la mecha y luego no hicieron nada. El PSOE está en su encrucijada. Nosotros les ofrecimos incluso que plantearan ellos la moción de censura y nos dijeron que estaban en un proceso interno. Pero es que Pedro Sánchez ya era el secretario general cuando optó por acordar con Ciudadanos y no negociar con nosotros.

Es increíble que cuanto más anegado está el PP por la corrupción, más difícil parece articular una alternativa al Gobierno de Rajoy. ¿Ve margen para el acuerdo entre Podemos y el PSOE?

-En el trabajo cotidiano puede haber mucho margen para el entendimiento. Pero en las grandes cuestiones, el PSOE votará a favor del régimen.

Con este vaticinio, o crece mucho Podemos, o en el Estado seguirá gobernando el PP.

-Ese es el cálculo del PP: ser la mayoría minoritaria frente a una oposición imposible de articular como alternativa.

Cuando habla del PSOE, ¿hace extensible al PSN este modo de actuar?

-Claro, claro. Los socialistas han llegado a un punto en el que ni siquiera pueden suavizar las políticas neoliberales. Llevan tantos años flirteando con las políticas de la derecha, que ya han dejado de ser alternativa. Y en Navarra lo vemos en el Parlamento de forma ordinaria. Cuando Miguel Sanz desarrolló la teoría del quesito, nadie se imaginaba una alternativa a UPN-PP y PSN. Era una mayoría tan holgada, tan sólidamente asentada en lo institucional y con ramificaciones en el régimen que la izquierda lo veía con impotencia desde la barrera. Pero al final lo que ha ocurrido en Navarra también puede ocurrir en el Estado. Lógicamente aspiro a que ese cambio lo lidere Podemos.

¿Y en Navarra es optimista ante la posibilidad de revalidar el cambio?

-Claro que sí. Depende de lo que nosotros hagamos. Si el cuatripartito sigue haciendo bien las cosas, el Gobierno del cambio se revalidará.

Y si el cuatripartito no llega a 26, ¿cree que se podría intentar con el PSN un gobierno alternativo a UPN?

-Yo no lo veo. No me gusta hablar de otros partidos, pero al PSN no lo veo. Si analizas las últimas declaraciones en relación con la manifestación de la chistorra, ves que el PSN se alinea con el sector que piensa que la identidad de Navarra está en peligro y que solo se está actuando por motivos identitarios y no sociales. Y además, si ves sus propuestas en el Parlamento, en la mayoría de las ocasiones vota con UPN y PP e incluso en algunos temas, como el euskera, el PSN está siendo más radical que UPN.

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