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Absuelto un vecino de Pamplona porque la falsificación de la que era acusado era "burda"

EFE - Lunes, 12 de Junio de 2017 - Actualizado a las 17:35h

Un usuario utiliza una tarjeta de crédito.

Un usuario utiliza una tarjeta de crédito.

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  • Un usuario utiliza una tarjeta de crédito.

PAMPLONA. La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Navarra ha absuelto a un hombre de los delitos de falsificación de tarjeta de crédito y de falsedad de documento mercantil al entender que la manipulación era tan "burda" que carecía de potencialidad para perturbar el tráfico jurídico.

Así lo revela la sentencia, que puede ser recurrida, y que revela que los hechos ocurrieron en agosto de 2015 cuando el acusado, entonces de 29 años, acudió a un club de alterne ubicado en Berrioplano y decidió subir a una habitación para pasar 10 horas con una de las chicas que se encontraban en el establecimiento, por lo que el camarero le requirió el pago por adelantado de 2.163 euros.

El joven le facilitó para ello una tarjeta simulada a su nombre con el microchip pegado con cinta adhesiva y el plastificado irregular, lo que levantó sospechas sobre su autenticidad y validez en el camarero, quien sin embargo intentó realizar el pago con el microchip en dos ocasiones sin conseguirlo.

Finalmente realizó la operación con la banda magnética utilizando otro datáfono y forzando la operación, si bien no constaban en el resguardo, como habitualmente hacen, el nombre del titular de la tarjeta y los números de la operación, "pudiendo apreciarse por tanto evidentes irregularidades".

Además, el acusado firmó el resguardo que emitió el datáfono, en el que tampoco constaba el nombre del titular de la tarjeta.

Con todo ello, posteriormente el banco reclamó los 2.163 euros de la operación inicialmente efectuada, que debió reintegrar el establecimiento, que finalmente le ha sido finalmente abonado por su aseguradora.

La sentencia absolutoria señala que "no cabe mantener que el medio utilizado objetivamente valorado y conforme a la experiencia general fuera apto para ocasionar el resultado típico, siendo una falsificación burda, mediante la que se obtuvo el pago sólo por el empecinamiento del empleado, en contra de toda cautela razonable y pese a la advertencia del propio sistema, que sólo forzando la operación posibilitó el abono".

Además, se obtuvo un resguardo "que evidenciaba la irregularidad de la operación, ya que no constaba el nombre del titular de la tarjeta, ni constaban los números correspondientes a la operación, tal y como contiene el resguardo habitualmente", de forma que en su lugar aparecía simplemente los caracteres "xxxxxxxx", pese a lo cual se dio a firmar.

"Por lo expuesto no es posible dictar la sentencia condenatoria que se interesa", señala la sentencia, que entiende que el delito de falsedad de documento mercantil, atribuido a la firma de ese resguardo cuando se forzó la operación, "es parte una misma falsedad".

La firma aparece de forma borrosa en el documento y no ha sido reconocida por al supuesto autor, "motivo por el cual no puede ser atribuida con certeza a quien ha sido acusado, ya que la niega y no se ha practicado prueba al respecto", por lo que también se absuelve al joven de esta acusación.

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