Vivir en democracia

Por Pedro Pegenaute Garde - Jueves, 15 de Junio de 2017 - Actualizado a las 08:02h

yvivir en democracia tanto en España como en Navarra. Como estamos haciéndolo, gracias básicamente y como punto de arranque a aquellas primeras elecciones generales de nuestra actual democracia celebradas un 15 de junio hace ahora justo 40 años, que fueron convocadas por dos personajes sublimes, uno el rey don Juan Carlos I y el otro el presidente del Gobierno de España Adolfo Suárez, y que dieron paso, junto a la aprobación al año siguiente de la incomparable Constitución de 1978, a un periodo de estabilidad, desarrollo y paz, y, desde luego, de constante progreso y modernidad en todos los ámbitos, como jamás en los 200 años anteriores. Dando paso, al tiempo, a un reconocimiento en todos los órdenes de nuestros derechos y libertades como ciudadanos. Sin que, por mucho que se esfuercen los detractores del sistema, los de antaño y los de hoy (aquellos por querer una ultrarización o comunización y estos una popularización de nuestra vida y comportamientos, a cada cual peor) puedan dejar de reconocer que España, a día de hoy, que diría Alfonso Guerra, no la conoce ni la madre que la parió respecto a la España que era la que nos encontramos aquel 15 de junio de 1977: una España azotada por una crisis económica, un desempleo y una balanza exterior espectacularmente malas y crecientes, una política exterior mediocre y anodina y sin apenas presencia internacional donde importaba, sin reconocer derechos elementales en un Estado de Derecho respecto a sectores sociales varios y particularmente los de las mujeres, jóvenes y discapacitados, un Estado pluriprovincializado y con 52 provincias, sin apenas inversión y desarrollo en universidades e I+D+i, un sector industrial apenas naciente, y un largo etcétera;y, en el caso de Navarra, una Navarra provinciana, sin instituciones democráticas, con una economía básicamente agropecuaria y sin apenas servicios en el sector terciario y no digamos tecnológico, con solo una universidad presencial (la UN) y otra a distancia, con solo el hospital provincial y sin los hospitales de Tudela ni Estella, con unos derechos forales sin constitucionalizar y por tanto sin Lorafna, y, al fin, como en el resto de España, sin reconocimiento al elemental y esencial derecho al ejercicio del voto a partir de los 18 años.

Y fuimos unos cuantos, los diputados y senadores constituyentes, junto al rey don Juan Carlos I, su principal espada Adolfo Suárez y otros líderes como Felipe González y Santiago Carrillo, y las minorías vasca y catalana, quienes, y porque nos dieron el voto los españoles, los que lo logramos, los que conseguimos cambiar España como un calcetín, dejarla en un tiempo irreconocible;e irreconocible hasta para quien la había parido, que quería que todo siguiera igual.

Bueno pues, si un día como hoy, en aquel 15 de junio de 1977, nosotros emprendimos la tarea de hacer una España democrática y constitucional y en paz, moderna y desarrollada, en la que todos cupieran y que fuera universalmente reconocida y respetada, lográndolo, por lo que brindamos, lo menos sería que a partir de ahora hicieran lo mismo o parecido o mejor, con la actual España y su futuro, quienes hoy son o se dicen líderes políticos;olvidándose de dedicarse a solo a criticar (como habitualmente hacen) lo que otros hicimos, y que, a ojos de los más, aquí y en el resto del mundo, fue una obra inmensa, casi magistral y desde luego la Transición lo fue. ¿Cómo, que son mejores los políticos que ahora hay, que se dicen? Pues mejor, que de una vez lo demuestren. Y con hechos. Nada vendría mejor para una España que tanto sigue mereciendo y tan sedienta está de seguir viviendo al menos otros 40 años en democracia;claro es, que en una democracia actualizada donde desde luego toda persona que lo quiera y lo acredite pueda trabajar dignamente, donde los corruptos, tramposos y mentirosos lo paguen y bien y desde luego con su propia persona y sus propios bienes, y donde el respeto a la persona, creencias y hasta símbolos continúe siendo clave y vital, institucional y socialmente.

El autor es diputado constituyente

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