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Etxarri se encuentra entre robles y hayas por San Adrián

La meteorología acompañó ayer a esta fiesta después de dos años de lluvias

Nerea Mazkiaran - Sábado, 17 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

En las inmediaciones de la ermita ayer no faltaron las danzas vascas.

En las inmediaciones de la ermita ayer no faltaron las danzas vascas. (NEREA MAZKIARAN)

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etxarri aranatz - Tras dos años en los que la meteorología obligó a celebrar San Adrián a cubierto en el pueblo, los etxarriarras volvieron a reunirse ayer entre robles y hayas en las faldas de Aralar para disfrutar de la fiesta entre las fiestas de esta localidad de Sakana. Y es que es un día que comienza pronto y acaba tarde. Víspera de sábado, no había prisa.

Lo cierto es que ayer se daba la fórmula perfecta, con una mañana fresca para coger el camino a la ermita, a unos 4,5 kilómetros del núcleo urbano, y disfrutar de un agradable paseo. Algunos vecinos acompañaron al Ayuntamiento, que acudió con los txistularis. Para recuperar fuerzas, un avituallamiento de lujo, fritada. Y es que los almuerzos en Etxarri son palabras mayores y el de San Adrián siempre es el mismo, un guiso de carne además de sopas de pan con la salsa. Fueron 60 kilogramos de carne del que dieron buena cuenta los presentes.

Para acompañar la fritada no faltó vino, ojo de gallo, mezcla de tinto y rosado que en Etxarri también es tradición. Como tiene que ser, fue de barkila en barkila, nombre que se da en esta localidad a las tazas de plata, tradición que comparte con otras localidades de Sakana. Así, el camión del Ayuntamiento, cargado con dos toneles que contenían 1.200 litros, fue lugar de encuentro ayer, con etxarriarras de todas las edades, algunos que viven fuera pero que no se pierden esta fiesta. Buscando la sombra, también hubo danzas con dantzaris de Etorkizuna.

Otro de los pilares de esta fiesta son las comidas, sobre todo en familia, con largas mesas en las que se reúnen diferentes generaciones. Los de Casa Sordo eran 31, como apuntó José Manuel Resano, de Dorrao pero casado en Etxarri Aranatz, quien se encargó ayer de asar dos hermosos corderos y también costillas al arrimo de una gran fogata, al estilo zikiro. De postre tenían piperopiles, otra tradición de este día.


LA VUELTA Después de largas sobremesas y dantzaki, en torno a las siete llegó el momento de regresar al pueblo, un paseo de vuelta encabezado otra vez por la corporación y los txistularis. En este retorno también iba el camión del Ayuntamiento que hizo cuatro paradas en las que se repartió el vino. La primera fue en Urbijotzendenzubia, cerca de la regata, y la segunda en Leinube. La siguiente fue en Danbolintxulo, cerca del camping, y la cuarta y última en Arangorrieta. Como suele ser habitual, los jóvenes apuraron al máximo la llegada al pueblo. Mientras, otros muchos siguieron en una larga sobremesa que se convirtió en merienda-cena. La fiesta continuó con música en la plaza del pueblo.

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