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Dani Burgui Iguzkiza periodista y escritor

“Europa somos su gente, no es la bandera que cuelga en el Parlamento”

Fernando F. Garayoa | Unai Beroiz - Domingo, 18 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

Dani Burgui Iguzkiza posa junto a su libro.

Dani Burgui Iguzkiza posa junto a su libro. (UNAI BEROIZ)

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pamplona - Dani Burgui es un tipo de esos a los que siempre quieres llevar contigo, una especie abrazable de teddy bear que colgarías del llavero para no perderlo nunca. Ha nacido para ser ciudadano del mundo, y para hacernos ver que las personas no son fronteras ni muros, son historias, vidas, sentimientos, emociones... En esta ocasión defiende, porque ha sido su coordinador, coautor y pedaleó en carne propia, el libro Europa Biziz! Bitácora de la diversidad.

Si, como apuntas en el libro, actualmente “Rumanía no se parece nada a Rumanía”, ¿Europa no se parece nada a Europa?

-No, porque, de hecho, el juego que se produce a lo largo de todo el libro consiste en desmontar clichés y estereotipos. Dedicamos poco tiempo a conocer realmente cómo son los lugares y sus gentes... suena a tópico pero es así. Tiramos más de las imágenes preconcebidas que tenemos, hasta el punto de que incluso la hemos criminalizado... pero insisto mucho en que Europa somos su gente, no es la bandera que cuelga en el Parlamento, no son las instituciones ni las ruedas de prensa, no son los billetes de euro...

Decía Innerarity hace pocos días en estas mismas páginas que la “Europa social es la única alternativa si la queremos legitimar”, ¿has sentido que el ciudadano de a pie tiene conciencia de ser europeo?

-Lo que sí que he visto es que la gente de barrio, aquellos que están más pisados, sobre todo en tiempos de crisis, es la que más ha dado su brazo y se ha puesto al servicio de otras personas. No sé si hay conciencia de Europa o no, pero sí de que mi vecino está igual de pisado que yo y tenemos que arrimar el hombro. Por otra parte, en el libro se explica que esa conciencia confronta con el discurso del odio, de levantar muros... Pero creo que la gente que levanta verjas y muros es, cada vez más, la que integra la instituciones y no los que están a pie de calle.

¿Puede una bicicleta derribar muros, saltar vallas y cruzar fronteras en un tiempo en el que son más altos, más espinosas y más cerradas?

-Es bastante jodido y complicado... Pero la bicicleta tiene un punto muy importante para mí: es un vehículo ligero y muy frágil. Lo siguiente más frágil sería caminar. La única gente que derriba muros y pasa fronteras, no las supera ni con aviones, ni con tanques ni con camiones... Son las personas que se encaramaron a la verja, con un par de zapatillas y un pantalón por equipaje. Nosotros, las verjas que hemos pasado ha sido gracias a que nuestro vehículo era ligero. Viajar en bici, para mí, es muy especial, ya que se trata de mi transporte habitual. Te permite viajar lento, apreciar más detalles y sentirte frágil, porque cuando uno va en un vehículo más grande, digamos que mantiene la zona de confort. En la bici te sientes a merced de los demás. Yo creo que sí puede derribar fronteras...

Cuando uno pedalea, ¿se comunica de forma diferente que si camina o viaja en coche? Es decir, ¿qué características especiales le otorgar el pedalear al conversar?

-El periodismo en ruta es cruel porque... quieres quedarte en un sitio, porque has visto algo interesante, pero al día siguiente tienes que salir. Es fundamental saber llegar, y saber marcharse, porque siempre quieres quedarte más, sacar más historias y dedicar más tiempo a la gente. Pero, por otra parte, esa urgencia de saber que mañana tienes que estar en otro lugar, está bien.

La lectura de esta bitácora ilustra y encariña, pero tiene un poso demoledor, ya que presenta una Europa que ha perdido sus valores. Concretamente, tras leer vuestra ruta, denominada Comunidades, a uno le embarga la angustia de ver como el ser humano parece estar perdiendo la batalla contra sí mismo, ¿hay esperanza?

-Sí, sí que la hay. En todo el libro hay más de 200 personas de esas que inspiran, que se levantan por la mañana, luchan, pelean... Y es gente a la que le han dicho tú no puedes, tú no sirves, tú no vales... Pero ellos se han empeñado en decir: yo sí puedo, yo sí valgo, yo sí sirvo; y voy a pelear, aunque no siempre salga bien. Pero esas personas son las que dan esperanza, y es gente que tiene amor por lo que hace. Y para mí, eso sí es esperanzador.

Si tenemos, tal y como describís en los textos, la Europa más vieja de la historia, ¿cómo vamos a conseguir renacer?

-Ahí no tengo mucha solución. Como se cuenta en el libro, los jóvenes somos una minoría en Europa. Y es muy difícil, porque no solo vivimos en una Europa envejecida sino que tenemos envejecida a la juventud. Creo que las generaciones anteriores tenían más ímpetu, estaban más dispuestos a salir del área de confort, a hacer cosas que fuesen clandestinas o ilegales; es decir, estaban dispuestos a arriesgar más. El hecho de que haya mucha más población vieja en Europa, nos ha hecho viejos a los jóvenes.

Tras esta experiencia, en la que te has topado con músicos, artistas revolucionarias o poetas de lenguas perdidas, ¿es utópico pensar que solo la cultura nos puede salvar de caer en el ostracismo y la desidia del género humano o realmente, más que una quimera, la cultura es la única solución?

-Es la solución absolutamente radical. Cuando nos preguntan si un viaje en bici es cultura, hay que decir que sí, y hay que ser radical. ¿Por qué? Porque lo que nos distingue como especie, y esta es una opinión muy personal, no es la inteligencia sino la imaginación. Somos capaces de imaginar un mundo mejor o incluso crear palabras que ponen nombre a cosas que no existen. Y la cultura, por ende, es la herramienta que permite que avance la ciencia, la arquitectura, la medicina; es lo que hace que tengamos literatura, que sepamos narrar, componer una canción o inventar, como decía antes, palabras como justicia, dios o unicornio. Esa es la solución que tenemos para ir un paso más allá.

Tras un viaje de este tipo, que abultan más en la mochila, ¿las preguntas o las respuestas?

-Las preguntas, sin duda. Porque, primero, creo que soy terriblemente curioso, y salí con el afán de resolver algunas preguntas que no había resuelto el año anterior, en el que estuve muy enfocado hacia el tema de fronteras, de refugiados, de las muertes en Europa... Y quería darle una vuelta por el otro lado, y sí, me he encontrado esa Europa social, solidaria, generosa... Pero veo que sigue chocando contra el muro de la indiferencia, que es el más grande que tenemos y no sé cómo se va a solucionar

¿Quién era Dani Burgui antes de este periplo, y quién es después?

-Para mí ha sido bastante terapéutico, creo que he puesto bastantes cosas en orden en mi vida, y, por ejemplo, me he vuelto más cariñoso con mucha gente. Venía, como apuntaba antes, de dos años viendo muertes en el Mediterráneo o la marcha de las vallas... estaba saturado ya que eso frustra mucho. Ha sido balsámico ver cómo hay mucha gente haciendo cosas buenas ahí fuera, personas muy divertidas... Y traer todo eso de vuelta, creo que a mí me ha hecho mucho bien. Y creo que la apuesta porque el libro sea gratuito, y no se ponga a la venta, es que podamos, sin muchas pretensiones, devolver un poco todo eso.

Precisamente, entiendo el concepto de que sea un libro gratuito para que pueda estar al alcance de todos, y devolver así parte de lo recibido, pero, por otra parte, ¿dónde queda el valor y el trabajo de lo escrito y fotografiado si ni siquiera se le coloca un precio simbólico? ¿No es un poco contradictorio para tu propia profesión y manera de ganarte la vida?

-Hemos sido muy escrupulosos en que todo el mundo cobrara los trabajos que ha hecho. También hemos cuidado mucho la edición en euskera, con traductores que vienen del mundo de la Literatura. En este sentido, estamos un poco hartos de que, sobre todo en publicaciones bilingües de organismos oficiales, uno de los idiomas es ornamental; son ediciones para cumplir el expediente. Aquí se ha hecho una muy buena edición en euskera. Pero si se vendiese, tanto la de castellano como la de euskera, serían bastante caras. El trabajo de todos se ha valorado pero sí es cierto que entramos en conflicto con un problema: la cultura de mercado. Somos conscientes de que al editarlo de forma gratuita va a tener mucha menos difusión, y que nuestra pequeña lucha contra el capitalismo está abocada al fracaso. Lo que sucede es que cuando tú regalas una obra de este tipo, parece que es el día de la txistorra, y el libro acaba calzando alguna mesa. Y eso no puede ser. Yo espero y deseo que la gente entienda que es un acto de generosidad, como la que hemos recibido nosotros y está reflejada en el libro, y que lo valore. Pero es una apuesta arriesgada.

Ivona, Darija, Jovana y Ana son algunas de las amigas que habéis fotografiado en vuestro viaje. Esto no es Sálvame de Luxe, pero, ¿cómo va el amor y el sexo por Europa, al que le habéis dedicado una ruta y un capítulo entero, tan cerrado como en Pamplona?

-Esto es ser un poco cabrón, ¿no? (risas). Animo a todo el mundo a que lea el capítulo de sexualidad. ¿El amor en Europa? Muy bien, como en casa, como en todos los lugares. Es cuestión de actitud, cuando uno tiene ganas de enamorarse de la vida, de la gente, y de disfrutar a tope, lo encuentras en todos los lugares. Y los nombres que apuntas... Creo que ha sido la foto del viaje más comentada por todos mis amigos, parece que un chico de Pamplona no puede encontrarse con chicas guapas que posen para una foto. ¡Y esto lo quiero ver escrito en la entrevista! (risas). He sacado más de 180 retratos y todos se han fijado en esa foto...

Por cierto, ¿cómo acaba un meaplayas protagonizando y coordinando un proyecto de robasetas?

-He de decir que había dos meaplayas (el otro es Antxon Arza) en este proyecto, y ningún robasetas. ¿Cómo? Siendo muy cabezón, que es una técnica muy importante, y muy navarra, para empezar proyectos. Hicimos una apuesta muy importante.

Para un urbanita que coge el coche hasta para comprar el pan, vive pegado al móvil y a las redes sociales, ¿qué le puede enseñar este libro?

-Si se acerca al libro, quiero pensar que tiene interés. Y es una obra para curiosear, para romper clichés y esquemas de una manera muy amable. Yo creo que a ese urbanita, en lugar de gritarle que deje el coche o el móvil, con este libro puede desactivar esas cosas de un modo más amable. Y le puede enseñar a vivir más ligero.

Un viaje, ¿puede caber en una palabra?

-Sí, eskerrik asko. De hecho, el libro incluye 88 formas de decir gracias. Es lo que nos hemos encontrado, mucha gratitud.

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