Sendas alternativas

Manuel Rekalde Glaria Médico de familia - Domingo, 18 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

Pamplona está exhuberante, es difícil imaginarla más bella, y es que estamos en la mejor época para disfrutarla, con la yerba hasta la cintura, sasien artean. Éste es un tiempo perfecto para perderse por su selva, como hice el otro día cuando me animé a adentrarme entusiasta entre el follaje, que ha crecido tanto que no hace falta viajar al trópico para disfrutar del frescor de la espesura. Para gozar basta salirse de la senda habitual y permitirse improvisar, en este caso con las piernas.

Como no soy turista no me atraen los viajes protocolizados, prefiero, y eso fue lo que hice, salirme del carril. Con paso confiado me aventuré a través del césped ignorando de forma radical la vieja consigna de no pises la yerba, fúmatela, entre otras cosas porque hace ya tiempo dejé de tragar malos humos. Resultó una gozada. Troté por las murallas, por la Magdalena y por lo de Goñi, hasta llegar por fin a una encrucijada y luego a un puente que crucé para aparecer en la base de una cuesta, el Mortirolo le llaman, la que sube del río hasta el Seminario. En esta época por ahí huele que alimenta a vegetación madura, casi corrupta. Es una rampa empinada y apartada del mundanal ruido, de lo más propicia para sudar a la sombra, un recorrido alternativo que aprovecho para subir y bajar al trote, de lado, de frente o corriendo hacia atrás con la intención de ejercitar músculos diferentes, a poder ser por la cuneta, que es mejor pisar la tierra, e inhalando la embriagadora humedad tan típica tras la tormenta me costó convencerme de que estaba a dos minutos del centro, en una selva amable donde no hay peligro de que aparezcan animales salvajes, donde tan solo hay que tener cuidado de no aplastar alguna de las decenas de babosas que se animan, siguiendo su protocolo fatal, a cruzar el camino después de la lluvia. Las esquivo para no resbalar.

De vuelta vuelvo por debajo del Redín, siempre pisando yerba, con las ortigas estimulándome con sus caricias de veneno suave al que me he ido inmunizando. Y subo el portal y se me ocurre pasar por el Museo con la intención de echar otro vistazo al cuadro de Goya y aprovechar también para subir escaleras, que el cuadro está en el cuarto piso. Una obra maestra del mejor período del mejor pintor, en el que es siempre posible encontrar algo en lo que no habíamos reparado antes. Fíjense en el pañuelo por favor. El Marqués de San Adrián es otra obra de arte de quien descubriera todas las vanguardias a principios del siglo XIX saliéndose del canon de la época. Una mañana de ejercicio alternativo, variantes creativas que nos sacan del tedio, viviendo la primavera.

Solamente me falta tomarme una cerveza con pincho en un bar del centro. Me ducho y subo en la villavesa.