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Crecimiento sí, pero…

Por Mikel Casares - Martes, 20 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

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La recuperación económica en España se consolida tras conocerse los últimos datos macroeconómicos sobre los indicadores de actividad. Así, el Producto Interior Bruto (PIB) creció un 3,2% en 2016 y el Banco de España recientemente ha revisado al alza su previsión para 2017 hasta situar el ritmo de crecimiento esperado para este año en el 3,1%. Son tasas de crecimiento notablemente por encima de las observadas en los países de nuestro entorno (el dato previsto para la media de los países de la Eurozona es una tasa del 1,7%). El crecimiento económico ha venido acompañado por una fuerte creación de empleo, que ha permitido reducir la tasa de paro hasta el 18%. Como no podía ser de otra manera, el gobierno argumenta que estos resultados son la consecuencia de una buena gestión económica y de la puesta en marcha de un conjunto de reformas que han favorecido el crecimiento.

Sin embargo, creo que no hay motivos para triunfalismos. Los años de la recuperación tras la crisis financiera (2008) y la crisis de la deuda soberana de la Eurozona (2012) se han caracterizado por el empeoramiento de dos elementos muy relevantes para la prosperidad económica del país a medio y largo plazo. En primer lugar, el volumen de deuda pública ha seguido aumentando tanto en términos absolutos como en porcentaje del PIB (¡a pesar de contar con una tasa de crecimiento del PIB muy elevada!). La gestión del Gobierno ha sido pésima a la hora de corregir los desequilibrios fiscales. De acuerdo a los datos actualizados de las deudas soberanas de los países europeos (fuente: www.debtclocks.eu), la deuda pública española sigue creciendo a un ritmo de 1.238 € por segundo y ya alcanza el 100% de su PIB. Otros países que sufrieron la crisis de deuda han conseguido desacelerar notablemente el crecimiento de la deuda pública y su déficit por segundo se aproxima a cero: 54€ en Grecia y 119 € en Portugal. Resulta muy paradójico que España no consiga disminuir el déficit a pesar de disfrutar de fuerte crecimiento y una prima de riesgo baja, mientras que Portugal y Grecia casi han conseguido eliminarlo con crecimientos del PIB más reducidos y una mayor prima de riesgo. En Francia e Italia también se deberían revisar sus políticas presupuestarias, por cierto, dado que el ritmo de crecimiento de la deuda es también insostenible. Alemania ya ha hecho los deberes y está amortizando su deuda a una velocidad de 187 € por segundo a pesar de no disfrutar del crecimiento económico español.

Con estos datos se puede afirmar que el Gobierno español no ha sido capaz de alcanzar la estabilidad presupuestaria a pesar del viento de cola de la recuperación. Seguramente la economía sumergida, la evasión fiscal y la corrupción pesan todavía demasiado. En el momento en el que el Banco Central Europeo abandone su compra masiva de bonos públicos, el riesgo de quiebra aparecerá y se elevarán los tipos de interés de estos activos en los mercados hasta niveles que quizás hagan inevitable la suspensión de pagos. Esta situación generará tensiones con los acreedores o políticas fiscales restrictivas (más impuestos y menos gasto) que afectarán negativamente a los ciudadanos.

El segundo problema sin resolver es el imparable aumento de las desigualdades. Las diferencias de renta son un elemento deseable en una economía de mercado puesto que las personas tienen distintos niveles de esfuerzo y talento que justificarían una percepción de ingreso diferente. Pero en el caso de España, la persistencia del alto desempleo y la precariedad laboral han generado unas desigualdades sangrantes, caracterizadas por una creciente masa de trabajadores con sueldos que no les permiten cubrir sus necesidades básicas. En particular, los sueldos en el sector de servicios se han situado en niveles inaceptables. Un trabajador de un supermercado o un restaurante de comida rápida en España percibe en promedio siete euros por hora trabajada mientras que en Francia, con una formación similar y una tecnología también parecida, este trabajador cobraría 14 euros por hora. España es un país en el que muchos de sus trabajadores no pueden ahorrar a final del mes e incluso, una parte de ellos, acaba sufriendo situaciones de exclusión social y pobreza. La situación actual en el mercado de la vivienda refleja este aumento de las desigualdades. A pesar del ajuste en los precios tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, muchos jóvenes y familias de rentas bajas y medias no pueden adquirir su primera vivienda, mientras que el número de compras de segunda vivienda o como bien de inversión crece.

Acabo con varias propuestas para que el crecimiento sea saludable. Mejorar la lucha contra el fraude y la evasión fiscal, endurecer las penas por los casos de corrupción, racionalizar la gestión de las grandes partidas de gasto público, subir el salario mínimo y, puesto que me toca de cerca, mejorar el sistema educativo para que nuestras universidades dejen de ser mediocres en el contexto internacional (con honrosas excepciones). Por favor, hace falta tomarse en serio el papel de las universidades como fuente de progreso económico y social. Es imprescindible revisar los procesos de contratación de profesorado universitario para hacerlos competitivos, introducir incentivos a la producción científica de calidad y establecer una gobernanza que defienda los intereses del conjunto de la sociedad.

Les deseo que tengan un feliz verano.El autor es profesor del departamento de Economía de la Universidad Pública de Navarra

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