la carta del día

Los Caídos y su demolición

Por Iosu Goñi Tirapu - Jueves, 22 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

“Hay que sembrar el terror... hay que dar la sensación de dominio, eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros”, general Emilio Mola a las autoridades navarras y alcaldes convocados el 23 de julio.

Eso fue lo que hicieron, matar a todos los republicanos que estaban por la reforma agraria y a los jornaleros que demandaban la redistribución de las tierras. No permitieron ese desafío específico a los inmensos privilegios de terratenientes, la Iglesia católica, el ejército...

Aquellos que en algún momento se habían insubordinado ante los amos de siempre de pensamiento, palabra u obra, entraron en las listas para ser ejecutados y no quedó ni uno con vida. Hubo una localidad ribera donde mataron al listado entero de quienes habían comprado lotería de Navidad en la casa del pueblo...

Esto es lo que en realidad representa el monumento, los caídos en el frente eran en su mayoría de varias quintas de mili obligatoria, y muchos de los voluntarios no lo eran tanto, estaban empujados por un entorno muy religioso.

Los santuarios franquistas, como todos los monumentos fascistas, son de un horror estético espantoso, y cuando sabes exactamente lo que representan, espantan aún más, y es que nunca nos han contado la verdad de aquel golpe de estado criminal, con un gigantesco plan de exterminio perfectamente diseñado.

Una pretendidaplataforma por el museo de la ciudad de Pamplona nos habla de conservarlo sea como sea, el museo es una pobre excusa, el otro día estuve en uno, era sábado y estaba yo solo en todo el museo. Nos dicen que no está afectado por la Ley de Memoria Histórica y no dicen la verdad, siendo como es un homenaje al glorioso movimiento nacional, le toca la Ley 52/2007 de Memoria Histórica en su artículo 15 y la Ley Foral de Símbolos de Navarra 24/2003 de 4 de abril. Uno de los firmantes de esa plataforma lamenta el asesinato de miles de navarros en cunetas y campos y nos recuerda el asesinato de cientos de monjas, frailes y otros destacados miembros de la sociedad navarra a manos de los afines al Gobierno de la República... ¡¡Mentira!!! En Navarra ni la ermita más remota tuvo el menor desperfecto y fueron asesinados 7 religiosos, 4 por ser impulsores del euskera y sospechosos de nacionalismo vasco, y los demás por apoyar a los jornaleros y la reforma agraria, de éstos el párroco de Cáseda, el peraltés Eladio Celaya, de 72 años, fue degollado el 14 de agosto;el sacerdote y abogado de Pitillas, Santiago Lucus Aramendía, fue fusilado en el Perdón el 3 de setiembre por los carlistas de su pueblo, y sí, los asesinos eran carlistas y falangistas, ¡ya vale de mentir, de reproducir mentiras!

Nací a 200 metros de ese monumento, hace 60 años que lo estoy viendo, y los últimos 45 sabiendo el horror que es y representa, cuando lo resignifiquen en otra cosa y siga siendo el mismo, ¿cómo tengo que verlo?, ¿cómo tengo que hacer para cambiar mi memoria?

Nos han hablado de terrorismo diariamente durante años, y nunca ni media palabra de esto, cuando uno se entera al morir Franco que su abuelo había sido fusilado, quiere decir que hasta en la intimidad de un hogar el miedo era insuperable y eso, señores, eso es terrorismo y su finalidad conseguida. Es un monumento a un golpe de Estado fascista y, como todos los monumentos, su función es recordárnoslo siempre mientras siga en pie.

Parece que el Ayuntamiento va a hacer un concurso de ideas sobre el destino del edificio, vaya desde estas líneas la mía: informar por primera vez a la ciudadanía cómo fue aquel golpe de Estado fascista contra un Gobierno legítimo, democráticamente elegido, el republicano, y cómo asesinaron a miles de personas;decir claramente que lo que representa el monumento es una advertencia al descontento y a quien se atreva a manifestarlo;hacer después una consulta popular, tan poco frecuentes, seguramente también por primera vez, y en el apartado de derribo incluir una suscripción popular para apoyar los gastos de demolición y desescombro. Háganlo y veríamos cómo los fascistas, amos y criados solo han sido y serán siempre una minoría

Fue en Pamplona donde se preparó y dio comienzo aquel golpe criminal del 36, que sea también nuestra ciudad la tumba del fascismo, que se le dé publicidad a los escombros antes de retirarlos, y qué mejor en su lugar que árboles, un parque, naturaleza...

No tirarlo significa claramente solo dos razones, nostalgia requeté y, lo que es mucho peor, ¡¡cobardía!! Mientras ese edificio que preside la ciudad, ese armatoste siga en pie, nos estará llamando cobardes.