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Kike Sola vuelve a Lezama

El delantero invisible

EXROJILLO | Kike Sola vuelve a Lezama después de tres cesiones frustrantes y se pone a las órdenes de Ziganda, que le conoce de su etapa en Osasuna

Viernes, 23 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

Kike Sola (d), tras marcar gol en el partido de Osasuna-Athletic del año 2014.

Kike Sola (d), tras marcar gol en el partido de Osasuna-Athletic del año 2014. (Javier Bergasa)

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  • Kike Sola (d), tras marcar gol en el partido de Osasuna-Athletic del año 2014.

BILBAO. Entre la treintena de jugadores que se prevé asistan el 3 de julio en Lezama a la sesión de entrenamiento inaugural de la temporada 2017-18 hay unos cuantos cuyo futuro en el equipo se antoja incierto. Sobra personal y determinadas trayectorias no invitan a conceder excesivas probabilidades de continuidad, pero habrá que verlo. La presencia de un nuevo técnico puede acarrear novedades en la situación de hombres que hasta la fecha han contado poco. De todos, quizá el caso más extraño y diferenciado del resto sea el de Kike Sola, que afronta su último año de contrato y vuelve después de consumir tres cesiones que no le han servido para reivindicarse. Experiencias negativas que se suman a los complicados dos años y medio que pasó en el Athletic sin convencer a Ernesto Valverde.

A favor del delantero de 31 años estaría el hecho de que es un viejo conocido de José Ángel Ziganda, a cuyas órdenes cubrió dos etapas en Osasuna, una en el filial. En principio, esto coloca a Sola en el mismo plano que los compañeros que en las últimas campañas han militado en el Bilbao Athletic. Por lo demás, a falta de conocer cuál es el criterio del responsable, qué necesidades ve para la línea de ataque, cuesta citar aspectos que contribuyan a que Sola consiga lo que por diversas razones se le ha negado desde que el club le captase en el verano de 2013. Fue fichado para cinco temporadas, Osasuna percibió cuatro millones de euros y en su contrato se fijó una cláusula de 30 millones de euros. Números en sintonía con los logrados por el jugador el año anterior en El Sadar, que le valieron para que el Athletic le eligiese como recambio de Aritz Aduriz.

La ausencia en la cantera de arietes específicos con recorrido en Primera avalaba la iniciativa del club. Sola llegó para dar respiro al titular y de paso facilitar una transición ordenada en una demarcación tan especial. Unas previsiones que no se plasmaron en buena medida por el rendimiento de Aduriz, quien empeñado en romper registros no dejaba ni las migas a sus potenciales relevos. La fortuna tampoco se alió con Sola, que encadenó hasta tres pasos por la enfermería en la campaña de su estreno. Algo más hubo, nunca se sabrá a ciencia cierta el qué, pero al cabo de un curso casi en blanco, Valverde le señalaba la puerta de salida, decisión que además no tuvo reparos en anunciar en plena pretemporada.

Sola optó por quedarse y vivió en el más absoluto ostracismo su segundo año. La prueba, los 129 minutos de competición que acumuló. Y cuando todo apuntaba a que no habría un tercer año, Valverde modificó su opinión, algo que el delantero no se limitó a celebrar. Corría el recargado verano de 2015 y el navarro participaba como uno más: figuraba con asiduidad en las listas e intervenía en partidos sueltos. Desplazó a Viguera, Guillermo ya no le hacía sombra porque fue cedido, parecía que reconducía su carrera. Hizo cuatro goles en once apariciones, balance que no evitó que en enero marchase cedido al Middlesbrough de Aitor Karanka.

Valverde debió pensar que con el emergente Williams, el ascendido Sabin Merino y el recién llegado Raúl García, amigo de Sola desde la etapa juvenil, no necesitaba a un jugador que apuntó maneras en sus esporádicas oportunidades con la dificultad que entraña actuar de Pascuas a Ramos, incluso en la etapa inicial con el lastre de las lesiones. Lo cierto es que nunca obtuvo el premio de la confianza del entrenador.

DESAPARECIDO Lo peor de la historia protagonizada por Kike Sola como miembro del Athletic es su fracaso cada vez que ha hecho las maletas. Si en Inglaterra ni asomó, a lo largo del pasado curso en el Getafe y el Numancia ejerció de suplente. El balance de año y medio lejos de Bilbao afea definitivamente unas credenciales globalmente mediocres.

Si con la camiseta rojiblanca no logró traspasar la frontera de los mil minutos, fueron 985 repartidos en 26 encuentros oficiales, vistiendo los colores de clubes de Segunda la estadística cayó en picado. Las explicaciones desde la distancia son un misterio, aunque colocan a Sola en una tesitura muy incómoda. Se mire como se mire, que no ha sido capaz de responder a las expectativas que despertaba, aquellas que le permitieron dar el salto a la elite, y no lo ha hecho en un período muy dilatado, con entrenadores y circunstancias diversas. Con semejante bagaje Sola se agarra a un clavo ardiendo, afronta su última oportunidad, en el supuesto de que Ziganda considere que debe otorgarle algún margen.

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