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Música

Que veinte años no es nada

Por Javier Escorzo - Viernes, 23 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

CONCIERTO DE VIRENQUE &SCR &LA RANA TORO

Fecha: 16/06/2017. Lugar: Zentral. Incidencias: El concierto servía como celebración del vigésimo aniversario de La Rana Toro. Antes que la banda pamplonica actuaron los también navarros Virenque y los madrileños SCR.

Algunos la daban por muerta, pero La Rana Toro sigue viva y coleando. El grupo, que cumple veinte años de andadura, ha seguido siempre una trayectoria intermitente, pero ininterrumpida. Cuando sentía necesidad de hacerlo, abandonaba la placidez de su charca y croaba sus canciones: coplas envenenadas de rock y vida, manuales de supervivencias para el estanque y la ciudad. El sábado pasado organizaron una fiesta para celebrar sus (primeras) dos décadas de vida y compartieron cartel con Virenque y SCR. El primer grupo de la velada fue el trío Virenque, que volvía a casa tras recorrer varias ciudades presentando su último álbum, Interbellum. En Zentral descargaron su rock intenso y por momentos oscuro, lleno de secos demarrajes en forma de acelerones sonoros. Arrancaron con la instrumental ‘Interbellum’, a la que siguió Los años perdidos, toda una declaración de amor a la música. Después, más temas de su último trabajo (Efecto crisálida, La ciudad de las nubes, Barco varado) y una mirada al pasado, cuando cantaban en inglés (1043 days away, All about bringing up a swine), con guiño a los Ramones incluido. En Amarantadesplegaron toda su melancolía telúrica, para concluir pocos temas después con la hipnótica Diáspora.Recogieron el testigo los madrileños de SCR. Un grupo de contrastes, como quedó claro al inicio, con la jota tradicional que usaron como intro, y que acabó ahogada bajo sus abrasadoras guitarras. Acaban de grabar su tercer álbum a las órdenes de Juan de Dios Martín (Amaral, Xoel López…) y Andrew Scheps (Black Sabath, Metallica…). Su título, Sotacaballorey, desvela el enigmático acrónimo del nombre de la banda. Y también resume lo que hacen: un rock bronco y clásico, con un pie en la tradición del blues y otro en la más rabiosa actualidad. Actuaron sin set list, decidiendo sobre la marcha los temas a interpretar. Destacaron algunos como Hipnosis, Colisión o Caballo. Su música puede recordar a la de Ángel Stanich, aunque en manos de este trío suena más asilvestrada. Incluso las baladas acústicas derivaban en auténticas tormentas eléctricas. También buscaron otros efectos en la voz, con un segundo micro situado junto a la batería, que el cantante utilizaba cuando la canción lo requería. Su actuación sorprendió muy positivamente por aguerrida y contundente, y con el ambiente bien caldeado, llegó el momento de nuestro anfibio favorito: La Rana Toro, que exhibió sobre las tablas toda la sabiduría adquirida a lo largo de estos veinte años, combinada con la ilusión de unos principiantes. Eso se notó, por ejemplo, en Carruajes de bohemios, una canción compleja, con distintas atmósferas, que fue ejecutada con enorme brío, al igual que Dónde voy, de su segundo disco. Se hicieron fuertes en Ya no, la canción que abría su último álbum (Minúsculo infinito), que en cuestión de segundos pasa de la sensualidad al salvajismo sonoro. Es en esos cambios de ritmo tan acusados donde el quinteto se desenvuelve con mayor destreza y despliega todo su potencial. Otro ejemplo podría ser Nunca es verano para ti, en la que se dejan de sutilezas y pisan a fondo el acelerador. Son, decididamente, una gran banda de rock, aunque con una capacidad innata para los estribillos memorables, como el de Ciencia ficción, que supuso uno de los momentos destacados de la noche. Pero el climax llegó con la que quizás sea su mejor canción: Sätaniêre, excelente descripción de lo que significaba ser niño en los ochenta. No tengo ni idea de zoología y no sé cuánto viven las ranas, pero diría que alcanzan su plenitud a los veinte años. Y espero que su esperanza de vida sea muy larga.

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