Mar de fondo

Yupi herria

Por Xabi Larrañaga - Sábado, 24 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

El año pasado se abrió en Berlín el primer albergue para refugiados homosexuales. Antes la autoridad aisló a decenas en pisos seguros y pensiones de las afueras. En los seis meses previos había tenido noticia de muchos gais y lesbianas vejados, escupidos, insultados, golpeados, apuñalados e incluso violados por sus compañeros de penuria. Así que decidió recolocarlos.

Algunos de ellos afirman que la vida era un infierno en su país homófobo y que casi lo es más en los centros de acogida, reinos minúsculos donde la inactividad lleva al cotilleo y el tedio a la búsqueda de macabra diversión. Bastantes no se atreven a confesar en Holanda y Suecia lo que tampoco confesaban en Siria e Iraq, pues temen sufrir el rechazo del prójimo de litera tal como temían el familiar y social en su propia casa. También preocupan el brutal machismo y extendido antisemitismo entre los musulmanes solicitantes de asilo.

¿Recordar esto significa que no haya que recibirlos? No, claro que no. Hacerlo es un deber ético y legal. Yo estoy a favor no porque mole, sino a pesar de que no mole tanto. Y es que asombra la ingenua ligereza con la que tratamos el problemón a distancia. Y cabrea el rigor gratuito con el que juzgamos a otros europeos que, amén de padecerlo en su portal, al parecer deben mostrarse encantadísimos.

Hace poco se dedicó un gran titular al hecho de que 22 refugiados llegaban a Navarra, y que ya son en total 157. Enhorabuena. Ahora imagine que fueran 10.000, como pasó en proporción en Alemania en 2015. El año que viene se abrirá en Donostia el primer hotel para viajeros homosexuales. Feliz verano, occidente de occidente, y feliz Orgullo.

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